Recuento del segundo año de la pandemia y tercero de la IV T. Una perspectiva desde las resistencias

"Pues no, la reforma del Pacto por México y del pacto Moreno nunca cayó, lo dijimos en su momento y lo reiteramos..."

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La narrativa gubernamental

Ha iniciado el cuarto año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y de la IV Transformación Nacional (IV T); la conmemoración fue como antes de la pandemia: zócalo de la ciudad de México lleno, discursos auto-celebratorios, encuestas indisputables, expectativas al alza y celebraciones por doquier.

Los números del presidente no dejan mentir, ni siquiera a sus adversarios. Mitofsky-El Economista reportaron un índice de aprobación del 65%, al 30 de noviembre de 2021, reconocieron que es el mayor de los últimos tres presidentes en el mismo año de gobierno, pero significativamente recordaron que en ese momento Carlos Salinas de Gortari tenía uno mayor. El Financiero confirmó los datos, con un 66% favorable al presidente. La encuesta de El Universal y Buendía&Márquez arrojó un 68% el 26 de noviembre. Hasta Reforma dio cuenta de una aceptación del 58%, mientras que GEA-ISA (obviamente), solo encontró un 54%. Los demás se mueven en el rango de El Economista, aunque Demotecnia y Parametría ubican el porcentaje favorable aún más alto: 71 y 72 por ciento respectivamente (Oraculus).

A juzgar por los números, AMLO no va mal. Mucho del entusiasmo del 1 de noviembre está fundado en esos datos; aunque también por su consistente incremento después de los meses duros de la pandemia y de las elecciones intermedias.

El problema de este argumento es que sus cifras  no son muy distintas a las de presidentes anteriores. A los 71 meses de gobierno, Ernesto Zeedillo tenía el 67% de aprobación; Vicente Fox 62% y Felipe Calderón 59%. La excepción fue Enrique Peña Nieto, sólo 22 % (Oraculus).

Pero los datos son los datos; sobre todo cuando se considera que no son tiempos normales, sino de la peor pandemia en cien años, de un gobierno que se propone luchar contra la corrupción y los privilegios, en medio de una crisis económica y social inédita. Así que en estas condiciones tener una aprobación tan alta no es para nada desdeñable, aunque comparativamente no sea espectacular.

En educación, el auto-reconocimiento de los logros es patente; uno de los orgullos presidenciales:

Como es sabido, la pandemia también causó estragos en el ámbito educativo; aun cuando de inmediato y con eficacia iniciamos un amplio programa de educación a distancia, nada puede sustituir la educación presencial, no solo porque es una forma de aprendizaje más efectiva sino porque permite la convivencia social en la escuela.  La escuela es el segundo hogar para los estudiantes. Por eso nos propusimos iniciar el regreso a clases presenciales con el nuevo ciclo escolar, y hoy están asistiendo a las aulas 23.5 millones de estudiantes de nivel básico con el apoyo, y lo reconozco y lo agradezco, de 1.8 millones de maestras, maestros y trabajadores de la educación.

Con el programa La Escuela es Nuestra a finales de este año se habrán entregado apoyos directos a sociedades de madres y padres de familia para el mantenimiento de 60 mil planteles, el 30 por ciento de todas las escuelas de educación pública y seguiremos avanzando hasta llegar al 100 por ciento de los centros escolares del país.

Cancelamos la mal llamada reforma educativa que se quiso imponer sin el acuerdo ni el respaldo de maestras y maestros, que son los que transmiten el conocimiento en las aulas. Al enmendar este absurdo y al tratar con respeto a los educadores, escucharlos y resolver sus justas demandas, hemos evitado conflictos y hemos contado con los maestros y con los padres de familia para ampliar la cobertura y mejorar la calidad de la enseñanza (Discurso AMLO tercer año de gobierno ).

Junto a la evolución de los megaproyectos, los montos extraordinarios de las remesas y los pronósticos electorales del próximo año, el entusiasmo presidencial lo llevó a enunciar algo impensable en él hace algunos años: la recomendación a los jóvenes para no zigzaguear y ser de izquierda. Ya encarrerado, Andrés Manuel refrendó su confianza en la continuidad de la IV T:

Lo más importante es que ya sentamos las bases para la transformación del país, entre todosEn tres años ha cambiado como nunca la mentalidad del pueblo, que eso es lo más importante de todo: la revolución de las conciencias, el cambio de mentalidad, eso es lo más cercano a lo esencial, a lo mero principal y eso es lo más cercano a lo irreversible. Pueden darle marcha atrás a lo material, pero no van a poder cambiar la conciencia que en este tiempo ha tomado el pueblo de México (Discurso AMLO tercer año de gobierno).

Todo va bien en la perspectiva gubernamental. Todo parece ir bien, a pesar de los nubarrones en la inflación, el crecimiento del PIB, la inseguridad y las desapariciones forzadas, todo parece ir bien; todo va bien, hasta que se consideran otras perspectivas.

Las narrativas de las resistencias

Hay de resistencias a resistencias. Están, por supuesto, las de los sectores desplazados, las de los conservadores, los que quieren conservar sus privilegios y sus beneficios, los que enfrentan cualquier política con el dejo racista y clasista que caracteriza a algunos comentaristas, a demasiados opinólogos, a muchos panistas, priístas y perredistas, sin desdeñar las viejas voces de intelectuales a modo, a quienes no les han reciclado los apoyos gubernamentales y hoy se desgañitan con ataques sin sustento o con esas cabezas de playa conceptuales típicas de la ultraderecha; como el Foro Los desafíos de la libertad de prensa en Guadalajara.

Sus personeros son tan conocidos que para qué nombrarlos otra vez. Pues bien, esas resistencias no nos interesan, por ahora, como objeto de estudio. Tienen su público y sus vocingleras en la radio, en la televisión y en las redes, también en el congreso, ahí están la Téllez, el Quadri o la Zavala. Esos tienen su espacio y sus replicantes; a nosotrxs no nos merecen mas que desprecio, sin olvidar su presencia, que en tiempos revueltos y de desencanto, puede crecer. Ahí está la historia y la política comparada para mostrarlo. Nada más volteemos la mirada al Sur para ver a Brasil, Chile y Argentina; o al Norte, para encontrar al trumpismo; o a Europa, para encontrar a Vox, Le Pen, la Liga del Norte en Italia o los dictadorzuelos de los países centro-europeos y ex soviéticos.

Nos interesan otras resistencias, distintas y cercanas, política y afectivamente. Son las que se tejen a ras de suelo, las que se producen en la cotidianidad de las comunidades educativas, las que resultan de las afectaciones a la vida, al cuerpo, a la dignidad, al trabajo, a las relaciones, a la práctica docente, a las instituciones, a los, las y les estudiantes. Esas resistencias a los flujos de acción educativa de la IV T sí nos interesan, ¡y mucho!, pues manifiestan los límites, las contradicciones y los desmentidos en carne viva a la mal llamada cancelación de la reforma educativa neoliberal.

Hicimos un primer listado en nuestro último Corto (El sector educativos en tiempos de la IV T. Estampas de la precariedad). Ahora nos interesa destacar, aunque sea de manera enunciativa, casi telegráfica, un recuento más amplio de las resistencias desde abajo, centrados en el problema marcado por quienes resisten y en sus formas de lucha; es decir, por la tríada básica de la resistencia: problema-agente-acciones; luego intentaremos una explicación sintética de su posible alcance y significado.

  1. Revaloración magisterial, o las afectaciones a la dignidad.  

Apenas iniciado el año, el magisterio recibió una sorpresa:  el gobierno reconocería el compromiso docente durante la pandemia con un bono extraordinario de ¡720 pesos! El monto lo podría decir todo, frente a la multiplicidad de recursos provistos por las y los maestros durante las clases remotas, pero no quedó ahí; la secretaria de educación pública le dio una vuelta de tuerca, en lugar de reconocer al magisterio, le demandó reconocimiento al presidente. Sin pudor alguno, dijo que había que estar agradecidos por tener trabajo y salarios seguros.

Cierto, no hubo marchas, no hubo huelgas, paros ni bloqueos por estas cuestiones, pero el desacuerdo se expresó de otro modo, en una convicción personal, explícita y compartida, no organizada, del desencuentro con el poderTunden a Delfina Gómez por mensaje a los Consejos Técnicos Escolares.

A estas declaraciones y acciones puntuales, le siguieron dos eventos más: la confirmación de la SCJN sobre la legalidad de las UMA’s en la determinación del monto de las jubilaciones;[1] y los múltiples problemas derivados de las evaluaciones de promoción horizontal y vertical. Aquí las resistencias escalaron; las dirigencias sindicales, sobre todo de la CNTE, recogieron las demandas, las convirtieron en puntos de la agenda a negociar, mientras las redes sociales continuaron recogiendo inconformidades, desencuentros, denuncias, también análisis, cálculos, reflexiones, en una innovación cognitiva y emotiva de las resistencias que se enunció y aún se expresa en una pregunta: ¿dónde quedó la promesa de revaloración magisterial, si en términos económicos, jurídicos, institucionales, organizacionales y discursivos se expresa todo lo contrario, por parte de un gobierno al que el magisterio votó abrumadoramente? ¿Dónde quedó el compromiso de la IV T con el magisterio? Llamemos a eso el primer distanciamiento cognitivo-emotivo, o sentipensamental -como se prefiera-. Nosotrxs lo consideramos el primer acto de autonomía docente frente a la IV T.

  • Regreso a clases presenciales, o los desencuentros en la gestión pandémica

El 23 de agosto de 2021 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo 23/08/21 en el que se establecen los lineamientos para el regreso a clases presenciales el 30 de agosto. Algo que ya se había anunciado y acordado, ese día tuvo expresión oficial y por tanto, legal aunque no legítima, pues otra vez las redes sociales, pero también las organizaciones sindicales, grupos y colectivos docentes en todo el país expresaron su descontento.  Los desacuerdos tenían que ver con varios puntos: las condiciones efectivas de los centros escolares para cumplir las normas de bioseguridad; la responsabilidad de las comunidades educativas en la provisión de los recursos para acondicionar las escuelas; el momento en que se realizaba el regreso, en pleno auge de la tercera ola de contagios; la falta de consulta a los y las docentes y padres de familia.

La gestión educativa de la pandemia ha tenido muchos momentos difíciles, muchos desencuentros entre el magisterio y el gobierno, pero este derivó en algo más, en otro tabique de las resistencias que se expresó ya no solo de manera declarativa, individual o grupal, sino en la conformación de redes, de colectivos, locales, regionales y nacionales, que expusieron sus razones, sus críticas y, de manera destacada, sus propuestas, mismas que comenzaron a gestionar de otro modo las escuelas y las relaciones pedagógicas con los estudiantes, sus familias y la comunidad.[2]

  • Atención a las demandas sindicales, o el alejamiento presidencial

El 27 de agosto, AMLO se encontraba en Chiapas y se disponía efectuar su tradicional mañanera. No pudo llegar, las noticias estallaron al conocer la razón: Maestros retienen a AMLOMaestros de Chiapas impiden la llegada de López Obrador a la mañanera. 

No era la primera vez que la sección VII de la CNTE se expresaba en las calles contra las políticas educativas de la IV T, ya lo había hecho antes, en agosto de 2019. En ese momento nosotrxs lo celebramos así:

Afortunadamente, poco a poco, de manera reptante pero continua, el cuento de la cancelación no parece estar blindado, se está acabando. Discursos postcríticos -es decir, que vienen después del canon crítico, esa argumentación cómplice de la reforma-, contradiscursos locales -los que cuestionan la racionalidad en campos específicos, muy especialmente en la educación especial e inclusiva, en la educación física, la sexual, la reproductiva, la inicial, la superior-, prácticas organizativas -como los encuentros sindicales que rompen la ritualización y desafían las dirigencias-; y sobre todo, esa inquisición continua y cotidiana sobre la verborrea presidencial, manifiestan una reactivación de las resistencias. Todo ese magma en ebullición que también produjo el tiempo de la cancelación, está por desbordarse. 

De hecho, se ha desbordado ya en Chiapas a propósito de una cuestión que podría parecer menor, laboral o administrativa, pero que en realidad es sólo la punta del iceberg del descontento producido por la IV Transformación  Nacional. 

¡Y es apenas el inicio! Porque tras la molestia producida por la negativa de la bilateralidad, se asoma una crítica profunda: la reforma ni cayó, ni se canceló; por el contrario, se profundizó. Es un engaño contra el que hay que luchar, pero en otras condiciones; porque como ya se ha revelado, y en esto hay que insistir una y otra vez, la reforma neoliberal no es un programa, ni se encuentra presente solo en cuestiones laborales. Es un modo de pensar la educación, un modo de concebir sus problemas y sus dificultades, un modo de atenderla que pasa por la reconfiguración, subjetiva, conceptual, administrativa y financiera; es decir, por una recomposición radical del territorio educativo. (Chiapas, o el regreso de las resistencias).

La cuestión es que en agosto de 2021 los y las profesoras chiapanecas de la sección VII hicieron lo impensable: trataron a AMLO como a un gobernante que no ha cumplido promesas, que no los ve ni los oye, que actúa exactamente igual que los anteriores, por eso le hicieron lo mismo, exactamente lo mismo que antes; es decir, el mensaje chiapaneco a la IV T es que ¡si el magisterio es tratado igual que antes, responderá igual que antes! Así de simple, así de radical.

Y la deriva es aún más interesante: si los problemas magisteriales permanecen, entonces la reforma educativa no se canceló, sino que continúa -o como nosotros hemos dicho, se mantiene, legitima y profundiza-. La cancelación de la reforma educativa es un engaño, ha sido un engaño. Así se dijo, así se reconoció y actuó en consecuencia. Ese, nos parece, es el significado profundo de la desacralización de la figura presidencial de la IV T, realizada por la magisteria revotosa chiapaneca en agosto. Por eso seguimos pensando que el asunto no es solamente lanzar cartas de apoyo y exigencia para la continuidad de las negociaciones -algo obvio-, sino reconocer en su justa dimensión lo que hicieron los y las compañeras chiapanecas; y seguir actuando de manera consecuente.

Quien mejor lo entendió fue AMLO. Por eso, en una extraña confirmación, denunció a la sección VII como conservadora, neoliberal, símil del FRENAA y demás barbaridades; es decir, actuó como actuaban los otros presidentes, igualito, solo cambió los epítetos, pero no el sentido. Eso solo confirma la posición de la sección VII: la reforma continúa, los gobernantes se distancian de las resistencias; en otras palabras: son iguales, se comportan igual o se parecen tanto que llegan a confundirse; por eso se les trata del mismo modo a los de antes y al de ahora; a pesar de que diga una y otra vez que es distinto. Curiosa distinción: se comporta igual tiene las mismas políticas, pero dice que es diferente. ¡La neolengua de la IV T!

Pues bien, ese desborde anunciado hace dos años parece haber llegado ya; como siempre, desde muchos lados, por distintas razones, con diferentes prioridades y formas enunciativas; aunque con un denominador común: el distanciamiento presidencial de la CNTE, expresado en la continua postergación de las negociaciones, la acumulación de demandas rezagadas, el incumplimiento de los acuerdos, las dificultades con la USICAMM. Por eso ahora ya no es nada más la sección VII, sino sectores más amplios de la CNTE que incluyen a Michoacán, Guerrero y hasta a la Ciudad de México, además de contingentes locales muy diversos.

La novedad es que al final del año, la CNTE parece estar alineándose cognitiva y políticamente con la sección VII y los contingentes radicales de Oaxaca y otros estados, las manifestaciones de noviembre-diciembre, en el zócalo de la Cd. Mx. y en Michoacán así lo indican. Pero no son nada más esas formas convencionales de la protesta y del inicio de la estrategia histórica de la CNTE (Movilización-Negociación-Movilización), sino las consignas y las demandas:

  • Reinicio de las negociaciones;
    • Cumplimiento de los compromisos;
    •  (Re)aparece la demanda de cancelación de la reforma educativa neoliberal;
    • En Morelia exigen cancelar la ley de la USICAMM;
    • En la sección IX recuerdan que la calidad no desapareció del texto constitucional.

En otras palabras, en un momento en que las negociaciones se han detenido durante meses; cuando no se escucha a los dirigentes sindicales de la CNTE y AMLO parece refugiarse en la dirección del SNTE; cuando las evaluaciones de promoción continúan siendo impugnadas por tantas dificultades; mientras siguen  continúan los problemas de pagos y prestaciones en Michoacán y muchos otros lugares y sectores; la CNTE parece retomar el camino chiapaneco, llevándolo más lejos: exigiendo la cancelación de la reforma educativa de la 4T.

En buena lógica, histórica y política, el problema es que la reforma educativa que ahora se pretende cancelar, diciendo que es la continuidad de la anterior, es la misma que la CNTE apoyó, no sólo tácitamente, sino política y expresivamente. Y no solo la reforma constitucional, sino sus leyes secundarias. Precisamente por esto, es necesario hoy más que nunca, el distanciamiento de sus acuerdos previos, el reconocimiento de las dificultades y, sobre todo, trabajar en la propuesta alternativa. Porque no es suficiente argumento decir aquello de la bilateralidad y el reconocimiento a los derechos de los trabajadores educativos; se trata de plantear una concepción política-pedagógica que se va a traducir constitucionalmente.

El problema es que no hay experiencia en este sentido; al menos durante las discusiones de la reforma de 2013 y de 2019 ninguna vez se presentó algo así, fuera de cuestiones puntuales y de las referencias a experiencias locales alternativas como el PTEO, pero ninguna de reforma constitucional, como sí lo hicieron los integrantes de la Red de Derechos en Educación y sus cómplices en el Congreso. ¡Y ésa fue la reforma que se aprobó!, con el acuerdo de MORENA y el reconocimiento de la Comisión Nacional Única de Negociación de la CNTE en Palacio Nacional, aquel 27 de mayo de 2019 cuando a voz en cuello sus integrantes gritaron junto a AMLO: “Ya cayó, ya cayó, la reforma ya cayó”.

Pues no, la reforma del Pacto por México y del pacto Moreno nunca cayó, lo dijimos en su momento y lo reiteramos; pero muchos dirigentes, muchos maestros y maestras si callaron todo esto que ahora se dice; falta decir por qué y en qué se falló y cómo actuar en consecuencia.

Nosotrxs somos académicxs, el error es parte consustancial del trabajo del pensamiento, por eso no nos asusta decir y reconocer cuándo y en qué nos equivocamos; se crece aprendiendo de los errores. Sacar lecciones es lo más importante y lo más interesante del trabajo analítico y político. Por eso insistimos siempre en la libertad del pensamiento y de palabra; frente a los que dirigen campañas de linchamiento moral y político, siempre insistiremos en la libertad de investigación y de expresión, en las circunstancias que sean y ante quien sea.

No se trata de recordar ¡se los dijimos!, sino de reconocer lo hecho para actuar hoy, frente a los problemas de ahora, que ciertamente recogen las acciones del pasado, pero que no están atrapadas en ellas.

Hoy, este es el asunto: qué y cómo revertir la reforma educativa neoliberal en su versión morena. Porque si la radicalidad de ahora solo sirve para entrar a negociaciones igual que antes, entonces solo se estarán repitiendo las acciones que produjeron lo que ahora lamentamos.


[1] https://insurgenciamagisterial.com/las-pensiones-el-robo-la-precariedad-la-vejez-y-ahora-quien-podra-defendernos/

[2] https://insurgenciamagisterial.com/clases-presenciales-entre-el-triunfalismo-irresponsable-y-las-mentiras-oficiales/


Publicado en Insurgencia Magisterial

TEMÁTICAS: OPINIÓN