Tales de Mileto. El precursor del pensamiento científico

"En Mileto no hay palacio real ni una casta sacerdotal fuertes. Nuestros ciudadanos son hombres libres, y se fomenta la libertad artística, cultural y política."

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¡Hola! ¡Buen día!

Mi nombre es Tales de la ciudad griega de Mileto, fundada a principios del primer milenio a. C. Soy de una región llamada Jonia, o Asia Menor, ubicada en la costa mediterránea, en el territorio que después, ustedes llamaran Turquía. Soy descendiente de una distinguida familia milesia. Mi madre llevaba el nombre griego de Cleobulina y mi padre Examyes. Nosotros los milesinos llegamos a ser los griegos más ricos de la región. Mileto fue fundada en 1050 a. C. por Neleo, el hijo menor del Rey de Atenas. 

La economía de Mileto depende del comercio portuario, es constante el flujo de entrada y salida de navíos cargados de diversos productos. Estamos conectados comercial y culturalmente con el mundo mediterráneo, y los países de Medio Oriente.  De territorios, que después serán conocidos como Ucrania, nos llega la madera para la construcción, el trigo, el pescado salado, las pieles, la sal, lino, y especias. De Egipto y del Medio Oriente nos traen la sal, el papiro, el marfil y diversos perfumes.  Nuestro pueblo cuenta con una de las armadas marítimas más poderosas. Mileto exporta armas, muebles, telas, higos, vinos, pescado, aceite. Nuestras telas son muy famosas y bien pagadas en el mundo conocido. 

En Mileto no hay palacio real ni una casta sacerdotal fuertes. Nuestros ciudadanos son hombres libres, y se fomenta la libertad artística, cultural y política. Mileto es cuna del humanismo de nuestro tiempo. Con el crecimiento económico, crece también una nueva visión del mundo. 

Estamos en el año 560 antes del nacimiento de Cristo, así como ustedes estudian por conocer el pasado, el presente y planifican su futuro, nosotros también estudiamos, pensamos y reflexionamos acerca del mundo que nos rodea. Todos los días analizamos los cambios que experimenta la naturaleza de manera visible, y los cambios son muchos.

El desconocimiento de la naturaleza, por muchos siglos nos ha llevado a inventar dioses para explicar lo que no entendemos. Hemos inventado dioses del amor, de los truenos, de la guerra, del fuego, de los volcanes, del mar, del sol, de la lluvia de los volcanes. Y para mantener la satisfacción y el contento de los dioses, los hombres hemos realizado sacrificios, ceremonias, ofrendas y largas procesiones. Hay quienes creen que por mantener contentos a los dioses hemos obtenido tiempos de paz, grandes cosechas, buenas pescas, la ausencia de desastres naturales y enfermedades. En cambio, cuando los dioses están enojados hemos recibido su castigo mediante hambrunas, sequías, guerras, terremotos, inundaciones y pandemias. 

Yo pienso, aunque no haya dejado nada por escrito, que sostener la idea de los dioses, es por cuestiones políticas y religiosas, para mantener el sistema social intacto, y que nada cambie. Hay dirigentes políticos y sacerdotes a quienes les es muy redituable mantener a los pueblos a merced de estas creencias. Si liberan a los pueblos de estas creencias, ¿de qué otra manera podrían someterlos pacíficamente? Las mejores cadenas, siempre serán las que no se ven, pero desde donde pueda jalarlas el amo, para no perder el dominio sobre las masas. 

Pertenezco al grupo de los Siete Sabios de la Grecia clásica, después de muchas observaciones he tratado de explicar los fenómenos naturales a partir de leyes que rigen a la naturaleza, y no a partir de mitos, divinidades ni explicaciones religiosas. Fui el primero en introducir a Grecia el estudio de la naturaleza (Phýsis), por ello fuimos conocidos como los físicos o fisiológicos. Por primera vez, planteamos a la historia una mirada que interrogaba todo. Buscamos siempre encontrar la causa material de todas las cosas. Sin buscar concesión alguna, sino por el deseo de conocer todo lo que nos rodeaba, sin tener ningún referente divino ni teológico para comprender al mundo. 

Por primera vez, en la historia de la humanidad estábamos planteando un gran paso para el conocimiento y la racionalidad, dejar a un lado los mitos, lo mágico, lo religioso para dar paso a la argumentación consistente, la consecuencia lógica, y el análisis agudo de la realidad. Por primera vez, emprendimos la marcha a un camino sin retorno, y que la humanidad no abandonaría más, del mito a una nueva racionalidad y discurso. Emprendimos el difícil y solitario camino hacia la luz de la comprensión racional. No había más hombre-dios-naturaleza, los dioses ya eran ajenos a nuestra nueva concepción del mundo y la vida. 

En esta nueva concepción del mundo, estaba el hombre y la naturaleza conectados por la racionalidad. En un afán intenso de profundizar en lo existente y en la existencia, buscar la composición y el sentido del mundo, arrancar los secretos a la naturaleza, y entenderla en  su posibilidad de ser cognoscible. 

Observando el mundo que nos rodea, hemos llegado a la conclusión de que todo debe tener un origen material. El todo no puede proceder de la nada, reconocemos la existencia de un elemento fundamental en la naturaleza. Un elemento de donde surgen todos los seres vivos, de donde proviene todo lo que produce lo tangible, y donde va a parar toda la destrucción, persistiendo esta sustancia a pesar de todo cambio. Por eso, sostenemos que nada nace y nada muere verdaderamente, la sustancia fundamental, que hemos llamado arché se mantiene inalterada siempre. Y reconocemos en el agua como la arché, el origen de todas las cosas. Reconocemos el origen de todo en la materia misma, y no de la voluntad divina. 

El agua es el origen de toda la naturaleza, el origen de las cosas húmedas, como las semillas que habrán de producir extensos campos de alimentos para los pueblos, y que, a su vez, también habrán de producir más semillas para los años venideros. El agua no perece a pesar del frío, ni del calor, sólo se transforma. Cuando es expuesta a calor cambia su forma a un estado gaseoso, cuando se congela cambia su forma a hielo, y a temperatura del ambiente, mantiene su forma líquida, pero no se destruye. Tendrán que pasar muchos siglos para que la idea de la arché, sea retomada en un periodo histórico que ustedes llamaran tiempos modernos.  Y aplicarán la idea de la arché, para su ciencia moderna, donde se afirma que en la naturaleza nada se crea ni se destruye, sólo se transforma.  Ustedes tendrán herramientas tecnológicas y científicas más avanzadas para sostener sus ideas, yo sólo cuento con la observación, la reflexión, y el arché de mi tiempo: el agua.

La cúpula celeste ha sido quizás el terreno más fértil, donde los hombres han buscado respuestas a muchas interrogantes que en su momento no entendían, después de observar el cielo han concluido algunas ideas y han tomado decisiones que han cambiado el curso de la historia. También ha sido el terreno más fértil donde el hombre ha echado andar su imaginación, para generar hermosas obras de arte, inspiración para su música, letras para sus bellas poesías. Y yo acompañado de la luz de las estrellas, caminando largo tiempo por campos y veredas, observando siempre la inmensidad del cielo, he concluido en mis reflexiones, que nada se sostiene en el vacío, ya dijimos que ningún dios tiene incidencia en la naturaleza, por tanto; la tierra flota sobre el agua, como un pedazo de madera puede flotar sobre ella. Por eso, la razón de los terremotos, porque la tierra flota sobre el agua, y es sacudida como una nave azotada por la fuerza de las olas. Por lo tanto, vivimos dentro de una inmensa nave. 

Gracias a muchas horas de estudio y observación, logramos arrancarle uno de los más grandes secretos a la naturaleza, dejando de lado interpretaciones teológicas. El 28 de mayo 585 antes de Cristo, calculamos con exactitud un fenómeno astronómico que pudo ser observado en toda Asia Menor: un eclipse solar. Haciendo muchas observaciones y más cálculos, llegamos a la conclusión que la mejor referencia celeste para la navegación, era la Osa Menor, pues señalaba mejor el polo celeste que la Osa Mayor. 

En uno de nuestros viajes a Egipto, conocí el sorprendente mundo de la geometría, fuimos capaces de demostrar varios de sus teoremas, utilizamos la geometría para calcular la altura de las pirámides, medir la distancia entre los barcos en el mar. Llevamos después estos conocimientos de la geometría a Grecia.

Partí de este mundo en el año 546 A. C. Mi aportación a la filosofía no esta basada solamente en excluir a los dioses de toda explicación de la naturaleza, sino por introducir un nuevo razonamiento a la humanidad: “Nada surge de la nada”, esto cambio por completo la percepción del origen de las cosas como la naturaleza en su conjunto. El agua como el principio de todas las cosas, postulando el principio de la conservación: “nada perece del todo en la nada”. Hay un ciclo constante y permanente de transformaciones a partir del agua, el arché.

TEMÁTICAS: OPINIÓN