Campeche primero

El asunto es ahora monitorear con detalle, que los protocolos se socialicen, que se reconozca la importancia de la plena colaboración entre sectores...

Ya comenzó. El primer sistema estatal en reiniciar “clases” en México, con más de 200 jornadas sin presencia, después de un año y un mes de cierre, es Campeche. El arranque es cuidado y modesto: 132 escuelas en las zonas rurales, en municipios que llevan meses sin contagios, una población potencial a atender de un poco más de cinco mil estudiantes, quienes comparados con los 160 mil de todo el estado, o con los más de 25 millones potenciales de todo el país, son apenas una minúscula muestra. De hecho, no fueron los cinco mil; en cada plantel sólo acudieron cuatro, seis estudiantes por grado, dada la condición escalonada y voluntaria del regreso.

Así debe ser un programa piloto: controlado, en dimensiones que no desborden la capacidad de corrección, y con la atención que permita ajustar y confirmar lo que se hizo y se hace bien, a la vez que superar y limitar aquello que todavía no.

Pero se rompió la inercia. Se zanjó el miedo. Se comenzó, muy a destiempo y muy acotado, algo que debió prepararse y ejecutarse mucho antes y para muchos más.

Lo importante es que el ejemplo arrastra. La experiencia siempre golea al argumento en contra; como explican los filósofos de la ciencia, los hechos irremediablemente vencen a las teorías. Es eso precisamente lo que está detrás de la voluntariedad del regreso: cada familia debe reservarse el mejor juicio de si la escuela cumple con las condiciones para sentirse seguros para enviar a hijas e hijos a estas jornadas acotadas, y si los temas de trayecto y la propia condición de salud de los miembros de la familia son las esperables para sumarse a las actividades presenciales.

Campeche fue el primer estado con apertura, y con eso se coloca a la cabeza. No está, en sentido estricto, solitario este estado del sur como sistema que tenga algo más que ofrecer, en lugar de atenerse a las restricciones de Aprende en Casa, y a las instrucciones de la SEP federal.

Tenemos ya a Jalisco desde el año pasado con sus asesorías y sus grupos de seguimiento académico; a Coahuila con las acciones de Cerrando Fuerte y a Sonora, Sinaloa, Yucatán, Chiapas con actividades semi-oficiales, a San Luis Potosí capital e, inspiradora al máximo, a la Primaria Indígena Gustavo Díaz Ordaz que, contradiciendo el ominoso nombre, está plenamente en funciones en Oaxaca. Y eso sin contar con los montones de historias de maestras y maestros que no se amilanaron; todos aquello que –sin apoyo oficial y a veces arriesgando mala reacción de sus superiores por el desafío– mantuvieron algún tipo de presencialidad en parques, kioscos y remansos de río, en visitas domiciliarias y en actividades en la escuela casi clandestinas.

Campeche es uno de los alumnos aplicados en el conjunto de las 32 entidades; el anterior secretario, Ricardo Medina, y el actual, Ricardo Koh, han impulsado alternativas creativas, ordenado procesos, transparentado datos. Con razón, cuando vino sólo el empujón federal de “abran ya, como sea”, las autoridades campechanas se resistieron, conscientes de que era imprescindible revisar la infraestructura, diseñar el escalonamiento, comenzar en forma focalizada y priorizada. Fue muy sabio, porque se negaron a ser experimento sin apoyo ni garantías, mientras que a Chiapas seguían sin tocarle ni con el pétalo de una exigencia, por la malcriada sección sindical de la Coordinadora, que se siente intocable y se saben de fácil apoyo ideológico de parte del presidente.

El asunto es que las imágenes hablan bien: filtro a la entrada con toma de temperatura, cubrebocas adecuados, mascarillas de acrílico, distancia en la fila de ingreso, distancia en los salones, pocos alumnos. El asunto es ahora monitorear con detalle, que los protocolos se socialicen, que se reconozca la importancia de la plena colaboración entre sectores –salud, bienestar, educación–, entre niveles –municipal, estatal, federal–, y sobre todo el involucramiento de las familias. La enorme mayoría de estudiantes no va a volver antes de agosto a los planteles. Campeche, que ha sido primero, merece ser monitoreado y apoyado para que todos aprendamos cómo sí se puede tener #PresenciaYa.

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