Una maraña de responsabilidades funestas.

No parece ser cierto que haya un verdadero interés del gobierno de la república por mejorar la calidad educativa de ningún nivel escolar.

Vemos mucha contradicción entre la teoría y la práctica. El sistema educativo está muy contaminado desde la raíz por tanta ambición de políticos multicolores y el consentimiento convenenciero de una gran población ignoranteque desde hace muchos años depende de las dadivas y limosnas gubernamentales.

Solo es una propaganda perniciosa a sabiendas de una hipocresía natural y hasta necesaria para la subsistencia diaria, en este país de la eterna simulación.

El gobierno de los compromisos cumplidos, no tomará en serio jamás los problemas y necesidades educativas pues el buen juez por su casa comienza; y solo se trata de alimentar esperanzas ilusas en un tema transversal que es materia de inversión económica surrealista. Un pueblo bien educado no viviría bajo las apariencias y el autoengaño.

La SEP es una madriguera que cobija mucha ineptitud y vanagloria de personas que desconocen el medio educativo que “administran”, un lugar donde no se ve reflejada la realidad escolar, donde no parece existir la preocupación por mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje mismo por el que solo responsabilizan al docente frente a grupo (por cierto, el único que verdaderamente desquita el salario).

El Sindicato (de cualquier color y siglas), es un grupo de resistencia débil, impotente, temeroso e hipócrita que hoy más que nunca solo se aferra a su posición y privilegios (muchos de los cuales le han sido arrebatados por otros ladrones iguales o peores); no defienden a nadie, se alinean y lamen la mano que agita el látigo cual relación sado-masoquista.

Los padres y madres de familia en su gran mayoría solo ven en la escuela del nivel básico, una enorme guardería pública que les cuida a sus hijos mientras ellos atienden sus necesidades personales, sociales, económicas y de esparcimiento; que si bien en muchos de esos casos la justificación amerita el sacrificio, ésta no compensa el descuido de una responsabilidad familiar indispensable para el correcto desarrollo de los alumnos en su entorno inmediato.

Mientras solo celebremos los esporádicos triunfos y no compartamos los reiterados fracasos, viviremos anclados a una mentalidad tercermundista.

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