La semana de la evaluación, presagio de una ignominia magisterial. (Segunda parte)


Después de esperar mayor eficacia y una mejor propuesta de evaluación que se alejara del protagonismo que ENLACE representaba; en este ciclo escolar solo nos ha quedado mucha confusión, un sinfín de preguntas sobre la valoración real del aprovechamiento escolar y la incertidumbre mayúscula sobre los “ajustes” que la SEP está poniendo en marcha.

Una de las inconformidades sobre la prueba que antes se les aplicaba a los alumnos de tercero a sexto grado de educación primaria, (entre otros) iba más allá de la duración de ésta; tenía que ver directamente con el instrumento de aplicación incongruente con los principios educativos que desde hace ya algunos ciclos entraron en vigencia.

Pues aunque se sigue alentando a los docentes a ser innovadores y vanguardistas, a dejar prácticas antipedagógicas y obsoletas en su quehacer diario,  seguimos observando que no se evalúa correctamente el desempeño de los profesores.

Solo se toma una muestra aislada que irresponsablemente representa apenas un porcentaje mínimo de aprendizaje, no garantiza el valor verdadero o al menos aproximado de un proceso educativo que cada día “descubrimos” como más complejo y multifactorial.

La semana de la evaluación abona más al descrédito y repudio que la mayoría de las maestras y maestros de nuestro país sienten y que tiene su fundamento en el trabajo cotidiano en las aulas de clases, en situaciones problemáticas reales, en enfrentar decididamente retos y carencias de los cuales solo el docente frente a grupo da cuenta; pues cínicamente la autoridad educativa (y consecuentemente también la sociedad que incluye a la familia)  se lava las manos.

La escuela no es guardería, pues ni siquiera cuenta con los requisitos indispensables para tal propósito y por ello no pasaríamos los controles de seguridad y calidad solicitados. Reprobaríamos una vez más por no cubrir las expectativas de ser una institución de primera en un país de tercera.

Por lo pronto, sigamos esperando las “sorpresas” que nos aguardan en este camino extraño que nos ha impuesto un sistema político vendedor de ilusiones y muy, muy marrullero.


Baldemar Montejo Martínez
Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.

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