Centenario del maestro Paulo Freire: legado educativo y praxis revolucionaria

Freire vive y vivirá por siempre, pues su legado es una impronta imborrable en todos los maestros críticos y luchadores que buscamos la emancipación y autonomía de nuestros estudiantes.

Por: Francisco Daniel Guzmán Obeso Tweet

El 19 de septiembre de 1921 nació una de las mentes más brillantes y lúcidas en la historia de la pedagogía. Maestro de maestros, hombre radical en el buen sentido de la palabra, utopista, lunático e idealista. Para algunos, peligroso y adoctrinador; para otros, luchador social y humanista. Lo cierto es que ha influido enormemente en la práctica de millones de docentes a lo largo de la historia reciente. Paulo Reglus Neves Freire es, sin duda, una figura polémica por su pensamiento y su ejercicio político, por ser pionero en aclarar que la educación, a la que él llamó liberadora, simple y sencillamente no podía ser neutral. Vivió para transformar al mundo por medio de la praxis: acción y reflexión unidas por el bien de los oprimidos. Así lo deja sentado en su magna obra Pedagogía del oprimido, que curiosamente también cumplió su 50 aniversario el año pasado. Esta obra, revolucionaria y disruptiva, le valió innumerables críticas tanto en su país natal como en otras regiones del globo en donde regímenes más conservadores imperaban.

En la actualidad, por ejemplo, y con el giro de timón hacia el conservadurismo, Jair Bolsonaro, el presidente brasileño, ha emprendido una campaña de desprestigio contra el maestro por ser, según él y su gobierno, “adoctrinador”, todo gracias a un proyecto de ley tildado: “Escuela Sin partido”, que lamentablemente tiene fuerza y presencia en las instituciones educativas del país carioca. Pero los estultos que ostentan el poder no entienden, ni entenderán, que Freire nunca buscó la partidización ni el activismo acéfalo de los actores educativos. Buscaba algo más importante: la politización de la dupla educador-educando, el diálogo liberador entre iguales y el empoderamiento de los oprimidos.

Y es que finalmente no existe la neutralidad en las relaciones humanas, como, y eso creo yo, no existe la objetividad absoluta, a no ser que hablemos de ciencias exactas. Las humanidades se nutren de la subjetividad, puesto que son las disciplinas de lo humano. Cuando uno emite su opinión, se está siendo irremediablemente subjetivo, en menor o mayor grado. De ahí que al convivir con otros individuos y al comunicarnos con ellos, estamos, por tanto, diciéndole al otro o a los otros, quiénes somos, de dónde venimos, qué creemos, y qué pensamos. El encuentro entre dos o más seres humanos es un choque de culturas, visiones, ideologías ¡Vaya! Hasta la gesticulación y los ademanes comunican algo a los demás. Formar un juicio acerca del mundo y de lo que nos rodea es ya un acto humano y político. Así lo pensó Freire, y así lo pienso yo. Estamos insertos en el mundo, no nos adaptamos a él, y no somos autómatas que pueden ser dirigidos por los demás, ni títeres, ni depósitos a los que se les debe de llenar, por lo que la libertad y la elección, en suma, la autonomía del ser, son todas búsquedas constantes en este camino del ser más. Nos es dada una voz y una palabra creadora desde que tenemos vida, aun sin haberlo decidido. La educación, entonces, como herramienta formadora de seres humanos y como un intercambio de saberes entre iguales, es política; hacemos política todo el tiempo y negarlo, es negar nuestra condición de seres inacabados y en constante búsqueda de ser más, diría oportunamente el docente brasileño. Pero, y aquí es donde está la trampa, ¿por qué algunos quieren ser más a costa de los otros?, y aludo específicamente a los opresores, a los pocos que controlan la economía mundial, imponiendo agendas educativas, culturales y sociales en todos los rincones del globo terráqueo.

Así pues, las preguntas francas que yo le haría al maestro si viviera serían ¿Se puede ser más sin que el otro, por consecuencia, sea menos? ¿Lograremos algun día igualar la balanza y repartir equitativamente el pastel? ¿Podremos hacerle justicia a los oprimidos del sistema? Durante mucho tiempo, una fracción mínima de individuos ha concentrado la riqueza del mundo, mientras otra parte, los desarrapados, han vivido en condiciones deplorables, y en palabras más coloquiales, con menos de 1.90 dólares al día, esto último sinónimo de pobreza extrema. Joseph Stiglitz, nobel de economía, lo deja claro en su libro más citado: El precio de la desigualdad.

Por ende, comparto la rabia sincera del maestro ante tal grado de barbarie e injustica social, y es por eso por lo que, a cien años del natalicio de Paulo Freire, su pensamiento sigue siendo tan vigente como nunca. Si giramos el telescopio analítico a nuestro país, las condiciones en las que viven millones de personas en México, y ya no digamos en el planeta entero, siguen siendo inhumanas. Ahora bien, estamos conscientes de que nuestro presidente en turno, AMLO, ha realizado esfuerzos no menores en materia de asistencia y subsidio económico, siendo los mayores de edad, grupos primordiales en este sentido por su condición de vulnerabilidad. Los jóvenes son, también, otro sector de la población que ha sido atendido por el gobierno mexicano, puesto que se les ha brindado apoyo con distintas becas, entre las que están Jóvenes Construyendo el Futuro, para los egresados en búsqueda de experiencia laboral, y Benito Juárez para Educación Media Superior. Estos son algunos aciertos, entre otros, que deben ser aplaudidos. Sin embargo, no es suficiente. Hace falta mucho por recorrer en el largo camino de la justicia social.

Veamos, por ejemplo, un escenario de acción más radical. En pocos días, estoy seguro, se podría resolver el problema de hambruna que azota a los parias, a los nadies, tanto en México como en otras latitudes mundiales, esto si los que se encuentran en la cima de la pirámide social así lo decidieran y abandonaran su ser necrofílico y avaro, pero aman sus lujos, adoran las posesiones por encima de todo, sus privilegios, su poder. Son materialistas empedernidos. Vemos, pues, que desde las alturas se derrocha en la milicia, se lucra con el dolor humano, se aprieta el cinturón de la clase media deudora, y se desangra y explota a los países subdesarrollados con todo tipo de artimañas politiqueras y capitalistas que, bajo la forma de “tratados» o “acuerdos”, mueven los hilos de ciertas bancadas para la conveniencia de las transnacionales. Este terror neoliberal, vampiro insaciable que se alimenta de la clase trabajadora sin voz y sin fuerza, fue denunciado en su momento por la pluma y la palabra del maestro Freire. Hasta la fecha seguimos padeciendo de los mismos males.

A 100 años de su natalicio:

Vive Freire porque el hambre aún carcome los estómagos de millones en el mundo.

Vive Freire porque la injusticia todavía impera en nuestros tiempos.

Vive Freire porque la utopía sigue estando lejana.

Vive Freire porque aún existen los desarrapados del mundo.

Vive Freire porque los salarios de los maestros siguen siendo miserables.

Freire vive y vivirá por siempre, pues su legado es una impronta imborrable en todos los maestros críticos y luchadores que buscamos la emancipación y autonomía de nuestros estudiantes.

REFERENCIAS

1. Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI

2. Freire, P. (2013) [2000]. Pedagogía de la indignación. Castas pedagógicas en un mundo revuelto. 1. ed. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.

3. Rojas Merchand, M. (2021). Desigualdad e Ideología neoliberal antidemocrática. Revista Kavilando, 12(1), 175-190. Recuperado a partir de https://www.kavilando.org/revista/index.php/kavilando/article/view/371

4. https://www.bancomundial.org/es/topic/poverty/overview

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