Volveré y seremos millones.

El mes pasado el Senado de la República logró la aprobación de una nueva reforma  constitucional en materia educativa. Esta nueva reforma da pie a la reivindicación de la lucha realizada durante varios años por cientos de maestras y maestros.

Es deber de todas y todos tenerlos en nuestra memoria. Recordar que fue una lucha digna y justa contra un modelo que se decía estructural pero que se construyó solo con el consenso de grupos cupulares.

A lo largo de esta lucha sin tregua contra la mal llamada “reforma educativa”, impuesta por los neoliberales del Pacto por México, se desarrolló un contexto de violencia, represión y muerte que me tocó vivir como maestro de educación básica indígena.

Puedo rememorar uno en particular.

Era el 13 de junio de 2013, cerca de las nueve de la mañana, cuando comenzaban a llegar los primeros maestros de la región de Uruapan y de la meseta p’urhépecha, dispuestos a iniciar una jornada de lucha magisterial. Existía un repudio generalizado contra la mal llamada “reforma educativa” impulsada por el PRI, el PAN y el PRD.

Estas acciones eran convocadas para sumar a la unidad a los maestros de la región de Uruapan, ante la falta de diálogo y espacios para participar en la construcción de esa reforma. Su intención era comenzar una manifestación pacífica en las casetas de la autopista Siglo XXI, en San Ángel Zurumucapio, a minutos de Uruapan, y así dar visibilidad a la lucha, sin afectar la libre circulación de los automovilistas.

En ningún momento las familias de las y los compañeros maestros se imaginaron que sería su última despedida. Muchos ya no volverían a casa. Perderían la vida luchando por tener estabilidad laboral y la dignificación del magisterio. Un día antes habrían de despedirse de sus alumnos. Pues, contrario a lo que llega a decirse o pensarse, los maestros tienen mucha consideración y aprecio en las comunidades donde realizan su labor docente.

Así, pocos minutos después de las once de la mañana, la jornada acontecía con aparente normalidad y calma. El cielo estaba medio nublado, pero la humedad comenzaba a sofocar de calor el ambiente. No podían en ese momento tener presente lo que iba a ocurrir.

Ese mismo día una pipa de doble remolque, cargada de chapopote humeante, salió a las cinco de la mañana desde Querétaro. Su destino: el Puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

Según fuentes oficiales en el tramo Pátzcuaro-Uruapan, al iniciar una prolongada pendiente, la pipa cargada de chapopote se quedó sin frenos. El conductor hizo caso omiso a dos rampas de emergencia. El vehículo siguió su mortal recorrido y se impactó contra las casetas de cobro donde los maestros realizaban su manifestación.

Su impacto destrozó una caseta de cobro y arrolló a cuatro profesores. Sin control alguno continuó su mortal marcha, fue en ese momento, cuando los 2 cilindros de la pipa se desprendieron, y a su paso arrastraron vehículos particulares y personas. En su último impacto dejó 3 víctimas fatales más, y decenas de heridos. En el asfalto se hallaron maestros debatiéndose entre la vida y la muerte, cubiertos por el chapapote caliente.

Los cuerpos de auxilio y emergencia no se dieron abasto para atender a los lesionados. El dolor inundó el rostro de los presentes que lograron sortear la tragedia. Con todo el dolor del mundo sobre el pecho recogieron los restos de los fallecidos y los colocaron en bolsas de plástico. Varios maestros quedaron irreconocibles. El lugar se convirtió en un escenario tétrico de color negro por el chapopote derramado y su olor impregnado en el ambiente. Varios maestros quedaron cubiertos totalmente del espeso líquido, quemándose, pues el chapopote vertido en sus cuerpos venía en altas temperaturas. Días después, se comprobaría que el chofer del vehículo daba positivo en los exámenes toxicológicos de una sustancia de tipo anfetamínico.

La Procuraduría General de Justicia del Estado informó que las víctimas fatales fueron: Arcenio Merced Tolentino, Salvador Zalpa Chávez, Alejandro Olivo Cervantes y Héctor Ortega Gutiérrez, de Paracho; Juan Alejandro Rodríguez Castro, Julio César Pérez Cerda, de Mújica y Flor Guadalupe Castillo de la Cruz, de Uruapan. Estos maestros ya no regresaron a su hogar, con sus familias. Siete salones de clase quedaron solos.

Sencillamente podría decirse que fue un accidente. Sin embargo, la presencia de los docentes, en la concentración no hubiera sido necesaria si sus voces hubieran sido escuchadas en otros espacios. Al día siguiente, el 14 de junio de 2013, los compañeros fueron sepultados con honores en sus lugares de origen.

La tragedia sobre la lucha magisterial no cedió ahí, continuó en torno a todos aquellos  que osaron negar la imposición de un modelo ajeno al bienestar común.

El 26 de septiembre del 2014, fueron atacados a balazos estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, y hasta la actualidad hay 43 estudiantes desaparecidos.

El 28 de septiembre del 2013, en Chiapas, fue encontrado muerto el maestro Rodolfo López Toledo, activista de la CNTE. Su cuerpo fue hallado en el municipio de San Fernando, a unos 15 kilómetros al poniente de la capital del estado. Trabajaba en la primaria “Presidente Juárez”, perteneciente a la zona escolar número 11.

El 13 de octubre del 2013, amaneció el segundo asesinado en Tuxtla Gutiérrez. Tirso Cruz Yuca de 46 años. Miembro activo de la CNTE. Profesor que estaba en paro de labores en el plantón del Parque Central, y fue hallado muerto a media cuadra de la casa de su hermano, quien acudió a identificar su cuerpo. La causa de su muerte no se determinó con certeza;  su diagnóstico paso de heridas por arma blanca a un aparente fallecimiento por estrangulamiento. Después se dijo que sufrió una caída que le provocó un golpe en el cuello.

El 25 de febrero de 2015, en un enfrentamiento entre la policía federal y los maestros, cayó muerto en Acapulco el maestro jubilado Claudio Castillo Peña.

El 1 de mayo del 2015, en un accidente en el autobús donde se transportaban maestros de la Sección de Oaxaca después de participar en la marcha del Día del Trabajo, murieron las maestras Guadalupe González Pérez y Ana María Cruz Cruz.

El 7 de junio del 2015, en Tlapa de Comonfort, Guerrero, se dio un enfrentamiento con las fuerzas del estado. El resultado fue la muerte de un joven egresado de la Universidad Pedagógica, Antonio Vivar Díaz.

En San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, el 8 de diciembre del 2015, el maestro David Gemayel Ruiz Estudillo perdió la vida al ser arrollado por un autobús, en un enfrentamiento contra la policía federal. Después de que el gremio magisterial se manifestara en contra del examen de la reforma educativa.

El 24 de septiembre del 2015, el ex dirigente de la CNTE en Oaxaca, Alejandro Leal Díaz, fue asesinado por un comando armado. Le acompañaban Ubaldo Eleuterio Cortés Garzón, así como Jesús Hernández Cordero e Israel Jorge Bonola Uraga, a bordo de una camioneta color blanco. Los asesinos salieron al paso y realizaron múltiples disparos con armas de diferentes calibres. Se contabilizaron más de 40 cartuchos percutidos.

El 28 y 29 de octubre del 2015, fueron detenidos injustamente cuatro maestros de la sección 22 de la CNTE en Oaxaca: Roberto Abel Giménez García, Othón Nazariega Segura, Efraín Picazo Pérez y Juan Carlos Orozco Matus, aún hoy se encuentran detenidos en el penal de máxima seguridad “El Altiplano”.

El 24 de marzo del 2016, fue asesinado con armas de fuego el maestro chiapaneco de educación indígena: Juan Carlos Jiménez Velazco. Dirigente y activista de la Confederación Independiente de Organizaciones.

Echar abajo la reforma educativa neoliberal tuvo un gran costo. Implicó sangre, esfuerzo, lágrimas y sobre todo la unidad del pueblo de México.  Acabar con esa mal llamada “reforma educativa” fue una bandera de lucha que asumió nuestro movimiento de izquierda y nuestro actual Presidente de la República, y considero firmemente que hemos cumplido con los maestros de México.

La lucha del magisterio nacional ya no es contra un gobierno neoliberal y entreguista, sino contra la propia realidad llena de desigualdades, falta de oportunidades y discriminación. Esa realidad es la que nos reclama todo el esfuerzo, el amor y la inteligencia de los maestros desde las aulas.

Requerimos frenar las inercias de la injusticia social, para lograrlo es necesaria la participación de los maestros en la consolidación de la transformación de la patria. En esa titánica labor, que realizan los maestros de México, por nuestros niños encontrarán aliados -para ser escuchados y atendidos- en espacios como el Senado de la República.

Las y los legisladores que venimos de la izquierda y de las filas del magisterio, hemos dado un paso en la reivindicación de la lucha y la memoria de nuestros compañeros caídos desde aquel trágico 13 de junio.

Es prudente advertir que no hay victorias definitivas y ninguna ley está escrita en piedra. Por ahora hemos cumplido con nuestro papel histórico. Sin embargo, a todos nos corresponde permanecer vigilantes para que los derechos de todos los trabajadores de México sean respetados y dignificados. Prohibido olvidar, sería imperdonable no recordar a los caídos en la lucha contra la reforma neoliberal, su memoria debe permanecer por medio de la participación en la transformación del país.

¡13 DE JUNIO NO SE OLVIDA!

 

 
 

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