Vivir en la incertidumbre

"Vivir en la incertidumbre conlleva que la adversidad y la complejidad no terminen dinamitando nuestras “ganas por vivir”, nuestras ganas de “disfrutar la vida”..."

POR: Fidel Ibarra López

“Aunque conservemos y descubramos nuevos archipiélagos de certidumbre, debemos saber que navegamos en un océano de incertidumbre”.

Edgar Morin.

La incertidumbre es la marca de estos tiempos. No es un fenómeno nuevo, en realidad llevamos varias décadas viviendo en ese estadio[1]. La diferencia es que ahora la incertidumbre ha tocado la puerta de cada uno de nosotros. Nos confronta diariamente de forma lacerante y nos recuerda en cada momento la fragilidad del escenario en que nos ubicamos. Todo es líquido, diría Bauman. Las concepciones subjetivas de seguridad que se articulaban en la cabeza de los individuos se han derrumbado con la irrupción de la pandemia. En palabras de Boaventura de Sousa (2020), “El brote viral pulveriza el sentido común y evapora la seguridad de un día para otro” (p. 6). No hay un archipiélago de seguridad. Todo se ha evaporado. Y la vida, en el plano de la vida cotidiana, se ha encapsulado en esa expresión del habla popular “un día a la vez”. En efecto, la vida se ha ceñido a eso. El mañana como tal, es simplemente un adverbio que sirve para ubicar de forma adecuada el “tiempo” en una oración. Pero para la vida cotidiana, ha perdido todo sentido. Todo es aquí y ahora. El imperativo del día a día.

Ante esa condición, la pregunta obligada es: ¿hay alternativas ante este escenario? Hasta el momento, el debate no se ha orientado hacia ese plano. A lo sumo, las voces que se han adentrado en el análisis de la actual coyuntura histórica se han enfocado en la «adaptación» frente a la «nueva normalidad». Y los representantes del poder político, más que apostarle a la «adaptación», pugnan por el “regreso a la normalidad” que teníamos antes de la pandemia. De ahí el mensaje recurrente de “regresar a las actividades presenciales”. Dicho sea de paso, ese mensaje contiene entre líneas, una negación de las nuevas condiciones de la realidad social. Se niega, o en palabras de Morin (2015), se “anestesia la realidad”, como si con eso se eliminara la realidad lacerante que tenemos ante nosotros.

¿Quiénes están ordenando y configurando las alternativas? Los poderes -y cito nuevamente a Morin (2015)- tecnoeconómicos. No obstante, esos poderes no sólo van a reconfigurar la vida cotidiana, sino sobre todo el orden global a través de los avances que se están presentando de forma vertiginosa en aquellas áreas científicas vinculadas con la Cuarta Revolución Industrial. Mientras nosotros “padecemos la incertidumbre”, esos poderes tecnoeconómicos están aprovechando la coyuntura histórica para reconfigurar el mundo. Y esa reconfiguración acelerará la incertidumbre en la “población de abajo”, porque los “saberes” y “habilidades” que nos sostienen para ganarnos la vida, podrán quedar obsoletos. Y si eso ocurre, millones de trabajadores quedarían desplazados en el mercado de trabajo. No es una hipérbole si se afirma que en el futuro inmediato -tal como lo hemos escrito en este espacio-, las divisiones sociales entre los seres humanos serán por el factor del conocimiento y ya no por la condición socioeconómica.

Regresemos al plano de la vida cotidiana, ese plano donde vivimos gran parte de nuestra existencia. Para adaptarnos a esta “nueva realidad”, necesitamos aprender a vivir en la incertidumbre. Y aquí tropezamos con un obstáculo de gran tamaño. En ningún lugar se enseña -como diría Morín- a vivir en la incertidumbre. En la escuela no se enseña eso. Nadie nos dice cómo se vive en la incertidumbre. A lo sumo, lo que se nos dice es “cómo la confrontamos”, y la respuesta a esa interrogante tienen que ver con la “fuerza de voluntad”; es decir, con la fortaleza mental para enfrentar la adversidad. No obstante, si se asume esa condición como respuesta, en realidad no se vive, sino que se resiste frente a la complejidad. Y eso no es vivir, sino sobrevivir.

Vivir en la incertidumbre conlleva que la adversidad y la complejidad no terminen dinamitando nuestras “ganas por vivir”, nuestras ganas de “disfrutar la vida”. Por ello, la respuesta sobrepasa el marco de la “resistencia”. Y la respuesta a cómo vivir en la incertidumbre la ha articulado Morin en más de alguno de sus escritos. Y para fines de concreción, la sintetizo de la siguiente manera: la clave está en la condición propia del vivir, entendiendo por esto último, “estar en bienestar”. Y esto último -bienestar-, no tiene que ver por entero con la parte material, sino con esas cosas minúsculas que forman parte de la vida cotidiana; esto es, con estar “cerca de una persona amada, en una comensalidad amistosa, después de una buena acción o en medio de un bello paisaje” (Morin, 2015).

A esta cita de Morin se le pueden agregar una variedad de cosas que nos hacen “sentir bien”, y que constituyen, en palabras del filósofo francés, la parte poética de la vida. La complejidad que día a día enfrentamos constituye la prosa de la vida… esa prosa donde solucionamos problemas, nos preocupamos por otros más, donde construimos proyectos y ponemos en juego nuestra fuerza laboral. Esa realidad existe y es muy compleja; pero si queremos salir adelante de toda esta situación, va a ser fundamental que la prosa no nos elimine la parte poética de la nuestra vida. Si eso ocurre… nuestra existencia no se situaría en el vivir, sino en el sobrevivir. Y eso sí sería trágico.

La vida es un tejido entre prosa y poesía, afirma Morin… y lo primero no debe suplantar a lo segundo.

Para comentarios:

Correo: fidelibarralopez@gmail.com


Referencias bibliográficas:

De Sousa Satos, Boaventura; (2020), “La cruel pedagogía del virus”, Ed. Ediciones Akal, Madrid, España. Recuperado de: https://www.akal.com/media/imagenes/Cruel_pedagogia_virus.pdf

Morin, Edgar; (2015), “Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación”, Ed. Nueva Visión, 1ra edición, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Recuperado de: https://tecnoeducativas.files.wordpress.com/2017/03/morin-ensenar-a-vivir.pdf

[1] Algunos autores ubican la incertidumbre -como complejidad social- desde la década de los 80’s del siglo XX con la irrupción de la política neoliberal, como el caso de Boaventura de Sousa, David Harvey y otros.

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