Regreso a clases presenciales sí, pero no así


Con cierto ánimo “triunfalista”, el Secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, en días pasados compartió un video a través de sus redes sociales con la intención de anunciar que el regreso a clases presenciales en las escuelas mexicanas se realizaría en el mes de enero del próximo año; esto, siempre y cuando las entidades federativas, de acuerdo al semáforo epidemiológico, estuvieran en verde y, para aquellas que se encontraran en amarillo, podrían iniciar sus actividades escolares de manera voluntaria mediante los Centro de Aprendizaje Comunitario (CAC).

Ello motivo un sinfín de reacciones en propios y extraños puesto que, como se sabe, en las últimas semanas hemos observado cómo los contagios y pérdidas de vidas humanas se han incrementado en nuestro país debido al coronavirus SARS-CoV-2 y, como parece obvio, la idea de reabrir las escuelas no parece ser una decisión tan sensata que digamos.

Y digo que no es sensata porque, hasta el momento en que cierro estas líneas, no hay datos o información debidamente actualizada, sobre las condiciones en que se encuentran cada una de las escuelas públicas de México, pero, lo más importante, sobre las condiciones de salud de los más de millón y medio de trabajadores de la educación que se encuentran activos en el Sistema Educativo Nacional (SEN). Esta información, desde luego que es, o tendría que ser, el primer referente para la toma de decisiones que, desde la cúpula secretarial, se tendrían que tomar en cuenta para valorar ese posible regreso a clases de manera presencial.  ¿Con base en qué criterios se tomó la decisión anunciada por el Secretario para volver a clases presenciales el próximo año?, ¿son confiables los indicadores o parámetros que propician el cambio de colores en el semáforo epidemiológico cada semana si, como se sabe, aunque las entidades se ubiquen en color verde, los fallecimientos por Covid-19 han ido en aumento en las últimas semanas? Al respecto bastaría con mirar lo que en Veracruz está sucediendo en estos días para cerciorarse que, mientras el semáforo indica una cosa (verde), los datos sobre fallecimientos, por día, indican otra (Zamudio, 2020). O bien, habría que analizar la reciente declaración del Subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, en cuanto a que el color del semáforo para la Ciudad de México es intrascendente (Animal Político, 2020).

¿Cuál es la urgencia de abrir los centros escolares? Entiendo que una prioridad debe ser, y es, la continuidad del proceso formativo para la generación de aprendizajes de los niños, niñas y adolescentes (NNA), y con ello evitar un posible rezago educativo, pero ¿no acaso el mismo Secretario de Educación, hace unos meses, calificó de exitoso el regreso a clases a distancia (Milenio, 2020), así como también, el programa “Aprende en Casa” (Profelandia.com)? Entonces, ¿qué es lo que orilla a este funcionario a contradecirse en sus propias palabras?, ¿vale la pena arriesgar la vida de los mexicanos en razón de una visión mal fundada?

Y es que mire usted, ciertamente, el gobierno federal ha realizado las gestiones necesarias para que, a partir del mes de diciembre, se ponga en marcha el plan de vacunación contra el Covid-19, sin embargo, las etapas, con sus respectivos periodos de tiempo, indican que entre mayo y junio de 2021, se estarían vacunando a personas de 40 a 49 años de edad y, el resto de la población, de junio de 2021 a marzo de 2022. Entonces, ¿se hace necesario conocer las edades de los profesores para tomar una decisión sobre el regreso a clases presenciales? Desde luego, así como también, insisto, el estado de salud de cada uno de ellos puesto que, como bien sabemos, es potestad del Estado salvaguardar la salud y vida de los mexicanos. En este sentido debo afirmar, que bien es cierto que la educación también es un derecho, ¿qué tipo de educación podría brindarse si los encargados de ese servicio educativo no reciben las condiciones de salud e higiene en sus respectivos espacios físicos de trabajo?, ¿acaso ya se olvidó este funcionario que, cuando los directivos y profesores acudieron a sus escuelas a entregar los libros de texto gratuito, la propia autoridad educativa federal y local, ni un solo bote de gel antibacterial les dieron?

Ahora bien, desde mi perspectiva, considero que solicitar la redacción de una carta responsiva a los padres de familia o tutores de los alumnos que asistirían “voluntariamente” a las escuelas a recibir una asesoría pedagógica en el próximo año (SEP, 2020), es una irresponsabilidad mayúscula; esto porque: a) el plan de vacunación contra el Covod-19 que ha sido anunciado por las autoridades de salud contempla que de diciembre de 2020 a enero de 2021, se estarían aplicando cierto número de vacunas al personal de salud de primera línea de control; de febrero a abril de 2021, se estaría aplicando otro número importante de vacunas al personal de salud restante y a personas de 60 años y más; de abril a mayo de 2021, a personas de 50 a 59 años; de mayo a junio de 2021, a personas de 40 a 49 años; y de junio de 2021 a marzo de 2022, al resto de la población; b) las instituciones no han recibido recursos económicos para habilitar o rehabilitar sus espacios físicos, con la intención de que puedan recibir a estudiantes en condiciones de pandemia aún y cuando, como lo ha dicho el Secretario, asistan pocos alumnos; c) los centros escolares no han recibido los materiales o insumos requeridos para asegurar que se cumplan las nueve medidas sanitarias propuestas por las autoridades de salud y educativas federales; d) al no contar con una política económica sólida en el país y, por obvias razones, dadas las consecuencias que ha traído la pandemia en los empleos, los padres de familia buscarían la forma de que sus hijos asistan a la escuela para que, con ello, encuentren una fuente de ingresos dado que, muy probablemente, éstos pudieron haberla perdido. En fin, esto, insisto, no pude ser otra cosa más que una irresponsabilidad mayúscula porque, como autoridades, tienen la obligación de anteponer el bienestar de los seres humanos. ¿Acaso dichas autoridades no han observado las decisiones que en el mundo se vienen tomando por el incremento de casos de Covid-19 entre su población?, ¿no estaría nada mal que el área de comunicación de la SEP le hiciera llegar, diariamente, un boletín informativo al Secretario de Educación para que, por ejemplo, tome en cuenta lo que sucede en Alemania en estos días? (Rtve Noticia, 2020).

En suma, mi estimado lector, considero que los maestros y maestras mexicanas, así como los miles de NNA anhelan regresar a su escuela y a sus aulas. De eso no tengo la menor duda. Sin embargo, recurriendo a una analogía que el mismo Manuel Gil Antón empleó hace unos años cuando el tema de la mal llamada reforma educativa estaba en su máximo esplendor, pienso que todos quisiéramos regresar a clases presenciales, pero no así.

Con negritas:

El año se termina y, como todo en la vida, éste invita a la reflexión y análisis de nuestro pensar y quehacer cotidiano. De mi parte, les deseo de todo corazón que haya salud, amor, armonía y felicidad en cada uno de sus hogares. En enero 2021 de nueva cuenta nos estaremos leyendo y saludando, pero antes, permítanme agradecerles por regalarme un minuto de su tiempo para leer los textos que semanalmente se publican en este y otros espacios, así como también, por sus comentarios, críticas o precisiones. Creo, si no me equivoco, todos queremos que a nuestro país le vaya bien en todos los sentidos. En consecuencia, podemos estar o no de acuerdo con lo que viene sucediendo en territorio nacional, pero, indiscutiblemente, esa divergencia nos remite a una convergencia que, con seguridad, tendrá a mediano plazo el impacto que, desde hace años, anhelamos los mexicanos. Muchas gracias a todos y cada uno de ustedes. Felices fiestas y, por favor, sigamos cuidándonos mucho.


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