Pedagogía Ludita: una reflexión crítica del celular en la escuela mexicana

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Una pedagogía crítica del celular puede transformar un dispositivo de distracción o vigilancia en una ocasión para aprender a cuidar la atención…


El falso dilema de la prohibición

El teléfono móvil ya forma parte de la experiencia cotidiana de niñas, niños y adolescentes. Por ello, el problema escolar no se resuelve preguntando únicamente si debe entrar o salir del aula. La cuestión decisiva es qué relaciones de aprendizaje, atención, convivencia y poder se producen cuando el dispositivo se usa sin una mediación pedagógica clara.

La evidencia disponible invita a evitar posiciones absolutas. El uso frecuente de dispositivos sin una finalidad educativa definida puede asociarse con distracción y menor desempeño; al mismo tiempo, recursos digitales, simulaciones, actividades interactivas e inteligencia artificial pueden ampliar la comprensión y la creatividad cuando responden a objetivos didácticos explícitos. El criterio, por tanto, no es la presencia física del celular, sino la intencionalidad, la pertinencia y el acompañamiento con que se incorpora.

En este sentido, la restricción de los móviles puede ser necesaria en momentos de concentración, evaluación, diálogo o trabajo colaborativo. Sin embargo, prohibir sin educar corre el riesgo de desplazar el uso problemático fuera de la escuela y de dejar intacta la dependencia de plataformas diseñadas para capturar tiempo, datos y atención.

La aportación ludita

La pedagogía ludita, desarrollada en el campo educativo latinoamericano por Mauro Jarquín Ramírez, no plantea un retorno nostálgico a un mundo sin tecnología. Su aporte consiste en cuestionar la idea de que toda innovación digital equivale, por definición, a progreso educativo. Desde esta perspectiva, la tecnología no es neutral: incorpora intereses económicos, decisiones de diseño y formas de control que deben ser discutidas por las comunidades escolares.

Aplicada al celular, esta mirada modifica las preguntas. Además de decidir cuándo puede utilizarse un dispositivo, conviene preguntar quién diseña las plataformas, qué datos se recolectan, qué algoritmos seleccionan los contenidos y qué modelos de negocio se benefician de la permanencia conectada. Así, la alfabetización digital deja de ser una capacitación instrumental y se vuelve una formación ética, política y crítica.

La pedagogía ludita también recupera el valor de los procesos lentos, deliberativos y comunitarios frente a la aceleración del capitalismo digital. Leer con profundidad, conversar cara a cara, producir conocimiento colectivo y sostener la atención no son prácticas atrasadas: son condiciones para una educación humanista y democrática.

Dependencia digital y bienestar

El debate no debe medirse solo en horas de pantalla. Una parte relevante del problema se relaciona con lo que se deja de hacer cuando el tiempo libre queda absorbido por el entorno digital: juego, actividad física, convivencia familiar, participación cultural y descanso. Después de la pandemia, estas tensiones se hicieron más visibles en muchas comunidades escolares.

La dependencia digital puede manifestarse como ansiedad ante la desconexión, dificultad para autorregular el uso y necesidad de revisar constantemente el dispositivo. También existen riesgos para la atención, el sueño, la autoestima y la autoimagen, especialmente cuando las plataformas ofrecen contenidos breves, personalizados y orientados a mantener la interacción. No obstante, atribuir todos los malestares a la tecnología simplifica un fenómeno en el que intervienen desigualdades, vínculos familiares, condiciones escolares y vulnerabilidades previas.

Por ello, las medidas escolares han de combinar límites claros con alternativas reales de convivencia, creación y participación. La regulación es más eficaz cuando ayuda a construir hábitos y criterios propios, no cuando se limita a vigilar o sancionar.

Una regulación pedagógica

La escuela mexicana puede construir una política de uso responsable del celular en Consejos Técnicos de Zona (CTZ), Consejos Técnicos Escolares (CTE) y Padres de Familia por Escuela. A partir de cuatro orientaciones. Primera: establecer acuerdos claros y revisables sobre los momentos, espacios y propósitos de uso; por ejemplo, resguardar los dispositivos durante explicaciones, evaluaciones o asambleas, y habilitarlos solo en actividades justificadas por la planeación didáctica.

Segunda: incorporar alfabetización digital crítica. El alumnado necesita aprender a reconocer sesgos, verificar información, comprender el funcionamiento básico de los algoritmos, proteger sus datos y distinguir entre uso educativo, entretenimiento y prácticas de manipulación comercial.

Tercera: ajustar las decisiones a las etapas de desarrollo, a las condiciones de accesibilidad y a las necesidades educativas específicas. No todos los estudiantes usan el móvil del mismo modo ni cuentan con las mismas posibilidades de conectividad; una política justa evita tanto la imposición tecnológica como la exclusión de quienes requieren apoyos digitales.

Cuarta: corresponsabilizar a familias, docentes y estudiantes. Los acuerdos pierden fuerza si las personas adultas exigen desconexión mientras modelan disponibilidad permanente. Dialogar sobre contenidos, horarios, privacidad y convivencia permite que el cuidado digital se convierta en una práctica compartida.

Soberanía tecnológica educativa

Regular el celular sin discutir la infraestructura digital que lo acompaña sería atender solo una parte del problema. Las plataformas educativas, los servicios de nube y las aplicaciones de comunicación organizan datos, tiempos y formas de aprender. Cuando estas decisiones quedan exclusivamente en manos de corporaciones, la autonomía de docentes, escuelas y comunidades se debilita, como pasa ahora.

La soberanía tecnológica educativa no implica renunciar a toda herramienta comercial de un día para otro. Implica exigir transparencia, minimizar la extracción de datos, privilegiar recursos abiertos cuando sea posible y fortalecer la capacidad docente para decidir críticamente qué tecnologías sirven a los propósitos formativos. En consonancia con el horizonte humanista y comunitario de la Nueva Escuela Mexicana, la tecnología debe estar al servicio del derecho a aprender y no convertir a estudiantes y docentes en meros consumidores de plataformas.

El desafío, finalmente, no es elegir entre una escuela desconectada y una escuela subordinada a las pantallas. Es construir una escuela capaz de usar la tecnología con sentido, límites y justicia social. Una pedagogía crítica del celular puede transformar un dispositivo de distracción o vigilancia en una ocasión para aprender a cuidar la atención, defender lo común y participar conscientemente en la cultura digital.

Fundamentación complementaria (IBERO)

La Dra. Cimenna Chao Rebolledo, Directora General de Planeación Estratégica e Innovación de la Universidad Iberoamericana, sostiene que el límite al uso del celular en las escuelas no debe fijarse desde una lógica técnica, sino pedagógica, pues la pregunta central es si la tecnología amplía la capacidad de comprensión y el pensamiento crítico del estudiantado.

La especialista advierte que la dependencia digital es un fenómeno más complejo que el tiempo de uso, vinculado a la nomofobia —la ansiedad por no tener acceso al teléfono— y al desplazamiento de actividades sociales, recreativas y familiares, un proceso que se aceleró tras la pandemia.

Chao Rebolledo propone una regulación inteligente basada en cuatro ejes: límites claros de tiempo y calidad de consumo digital, alfabetización digital crítica, introducción gradual de la tecnología según etapas de desarrollo, y excepciones por salud o necesidades educativas específicas, subrayando que prohibir sin educar puede generar efectos de rebote.

Bibliografía

Jarquín Ramírez, M. (2023). Pedagogía ludita: crítica de la tecnología y defensa de lo común en educación. En trabajos y conferencias sobre tecnología, educación y capitalismo digital.
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO]. (2023). Global education monitoring report 2023: Technology in education: A tool on whose terms? UNESCO.
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos [OCDE]. (2023). PISA 2022 results: Learning during—and from—disruption. OECD Publishing.
Secretaría de Educación Pública [SEP]. (2022). Plan de estudio para la educación preescolar, primaria y secundaria 2022. Gobierno de México.
Universidad Iberoamericana. (2026). ¿Funciona prohibir celulares en escuelas y redes sociales? Académica IBERO explica. https://prensa.ibero.mx/es-MX/nota/el-reto-no-es-prohibir-sino-educar-en-escuelas-uso-de-celulares-entre-jovenes-especialista-ibero.