El problema no son los proyectos

Avatar de Abelardo Carro Nava

No, el problema no son los proyectos, son algunos “creadores de contenido” que por tener algunos “followers” más, desinforman a la comunidad educativa o sociedad.


Después de que se dieron a conocer los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, PISA por sus siglas en inglés, varios “creadores de contenido educativo”, comenzaron a señalar que si México ocupaba ese lugar a nivel mundial se debía principalmente al trabajo por proyectos que desde el 2023 se propuso realizar como parte de eso que se ha conocido como Nueva Escuela Mexicana (NEM) y su respectivo plan de estudios; por ello “pedían o exigían” que se recuperara como ejes de enseñanza la lectura y las matemáticas. Días más tarde, la misma presidenta Sheinbaum reforzó estos argumentos cuando señaló en alguna de sus “giras de trabajo” que habría nuevos libros de texto para mejorar el aprendizaje de esas dos disciplinas.

Mal y de malas estamos en nuestro país cuando miramos que existen personas, digamos, con limitado conocimiento sobre lo que implica el trabajo por proyectos, pero que tienen un buen número de seguidores en las redes sociales que replican lo que estos dicen, así como también, a una presidenta cuyos asesores no asesoran mucho que digamos en este rubro. Me explico.

En nuestro país existen antecedentes y/o aproximaciones didácticas previas del trabajo por proyectos por parte de las y los maestros; sin embargo, se puede decir que se hizo oficial a partir de la implementación del Plan de estudios 2022 para la educación básica (preescolar, primaria y secundaria), debido a que ahí se estableció como eje rector de la planeación y el codiseño didáctico, y por ello puede entenderse el que se hayan definido cuatro metodologías sociocríticas para abordar los campos formativos: me refiero al Aprendizaje basado en proyectos comunitarios, Aprendizaje basado en indagación (con enfoque STEAM), Aprendizaje basado en problemas (ABP) y Aprendizaje Servicio (AS).

Entonces, antes del 2022, como ya decía, el trabajo por proyectos se asomaba en la normatividad establecida, pero su alcance era distinto; pongos dos ejemplos, digamos, recientes: a) en la RIEB (Reforma Integral de la Educación Básica) planes 2009 (primaria) y 2011 (preescolar, primaria y secundaria), se introdujo con fuerza el concepto de “competencias para la vida”, por tanto, en los programas de estudio de asignaturas como Español, Geografía o Ciencias Naturales, los proyectos didácticos (en el caso de español) o “proyectos integradores” aparecían de  manera explícita como una estrategia sugerida para cerrar bloques o articular contenidos, pero no constituían la estructura curricular completa, b) en el caso de preescolar (acuerdo 2004), el programa sentó un precedente fundamental al adoptar el enfoque por competencias y proponer abiertamente la modalidad de trabajo por proyectos y secuencias didácticas como la vía principal para organizar la intervención educativa en las aulas de las escuela, lo cual “rompía” con la enseñanza enciclopédica tradicional.

Sí, tal estrategia de trabajo para abordar los contenidos u organizar la enseñanza para la generación de aprendizajes no es nueva, hay más antecedentes de esto, solo que por falta de espacio (que de ganas) refiero estas dos.

Al ser una estrategia de trabajo, ¿es obligatorio emplearla o cada docente puede tomar la decisión que considere conveniente? En los planes anteriores (reforma de 2011) era una forma de planear el trabajo en el aula sugerida que, por obvias razones, se nutría con el conocimiento del profesorado; en el plan de estudios 2022, aunque quedó asentado oficialmente en el plan de estudios, se concede a las y los maestros el ejercicio real de lo se ha llamado autonomía profesional y de codiseño, es decir, que la o el docente tiene la posibilidad de trabajar por proyectos sin perder de vista que su expertis es lo que puede enriquecer el proceso de enseñanza y de aprendizaje, de ahí que la articulación entre disciplinas sea fundamental para este propósito.

Muchas y muchos podrían llegar a pensar que las y los docentes son los responsables de que tal esquema no funcione o funcione correctamente en las escuelas y con los chicos, y por ello los magros resultados que se han obtenido en PISA, pero esto no es del todo cierto. Lo que sí es cierto es que trabajar por proyectos demanda del profesor varias cuestiones, entre las más relevantes serían: 1) el ejercicio pleno de su autonomía profesional, 2) una postura pedagógica sociocrítica y problematizadora, 3) apertura al trabajo colegido e interdisciplinario, 4) una vinculación activa con la comunidad, y 5) una evaluación formativa constante; es decir, dicho trabajo demanda que la y el maestro asuma un perfil de mediador, investigador de su propia práctica y promotor del pensamiento crítico, capaz de transformar el aula, lo cual implica cambiar radicalmente su rol tradicional, porque, como se ha visto, le demanda una transformación profunda de su práctica u ejercicio docente.

No, el problema no está en los proyectos o en las y los docentes, el tema es más complejo de lo que parece, en principio, porque como muchas veces lo he señalado en varios artículos, tenemos un sistema educativo con una estructura anquilosada y formas de operar arcaicas que, aunque en el papel otorgan autonomía al profesorado, la verdad de las cosas es que la limiten o prohíben o… ¿no acaso se le exige al docente que entregue su planeación en un formato que la misma autoridad ha diseñado?, ¿no acaso en los CTE se les limita a abordar ciertos temas porque para la autoridad sí o sí se tienen que trabajar los que se sugieren en la guía operativa?, ¿no acaso el profesorado se ve limitado a realizar ciertas actividades en el salón de clases porque su directivo le exige que cumpla con lo que dice el programa o libro de texto?, etcétera…

No, el problema no está en los proyectos, sino en la pobre formación continua tan necesaria para las y los profesores. Digo, destinar 100 pesos anuales por cada docente de educación básica para este propósito es una verdadera… falta de respeto. Haga cuentas, el gasto representaría 29 centavos diarios o menos de 9 pesos al mes por docente que se destina para su profesionalización y actualización. ¿No es irrisorio?

No, el problema no son los proyectos, es la falta de una visión de estado para la educación que se imparte en el país; digo, si cambiamos plan de estudios cada sexenio conforme a lo que disponga el gobernante en turno, ¿cómo se espera que el proceso de enseñanza y aprendizaje se afiance y, por tanto, se obtengan y consoliden mejores aprendizajes?

No, el problema no son los proyectos, son la escasa, pobre o nula inversión que se realiza en bibliotecas públicas o espacios donde se promueva y favorezca la lectura y escritura. ¿Cuántas bibliotecas municipales o estatales están en completo abandono (en todos los sentidos) porque no hay recursos suficientes (de diversa índole) para que ofrezcan programas o diseñen espacios acordes a su función y propósito? Vaya, esto es por lo que toca a la lectura, ¿y para favorecer el aprendizaje de las matemáticas qué espacio, programa o política existe al respecto?

No, el problema no son los proyectos, sino el que este mismo gobierno no se defina por un modelo educativo porque padece del síndrome de la chimoltrufia “así como dice una cosa dice otra”; primero porque digo no habría libros de texto para lectura y escritura, luego que sí y después quién sabe.

No, el problema no son los proyectos, son algunos “creadores de contenido” que por tener algunos “followers” más, desinforman a la comunidad educativa o sociedad. En fin.

Ya veremos qué sucede con el tiempo, porque, como siempre digo, tiempo al tiempo.