La salida fácil frente a la inteligencia artificial en la escuela ha sido prohibir el celular. Se guarda en una caja a la entrada, se castiga si suena, se celebra el salón sin pantallas. Parece orden, parece cuidado, pero es una renuncia pedagógica. Prohibir no es alfabetizar. Esconder la máquina no enseña a entenderla. La discusión sobre celulares se ha planteado como si el problema fuera el aparato. No lo es. El problema es la relación que no hemos aprendido a gobernar. Un celular no es solo un teléfono, es la puerta por donde entra un sistema que aprende de nosotros, que nos clasifica, que nos propone qué mirar, qué comprar, qué creer.
Como advierte la UNESCO (2023), necesitamos enseñar a vivir con y sin tecnología, y a entender que la tecnología debe apoyar, pero nunca suplantar, la interacción humana en la enseñanza. Si solo cerramos la puerta, nunca aprendemos a preguntar quién está detrás y qué quiere. La alfabetización crítica de la inteligencia artificial empieza exactamente donde la prohibición termina. La prohibición dice: no uses. La alfabetización crítica pregunta: por qué querrías usar, para qué, en qué condiciones y cuándo decir no por decisión propia, no por reglamento. Toda inteligencia artificial que vive en el celular aprendió de datos que no son neutros y predice para beneficiar a alguien que no siempre somos nosotros.
Long y Magerko (2020) definen la alfabetización en IA como el conjunto de competencias para comprender, evaluar y usar críticamente estos sistemas. Si nunca dejamos que esa máquina entre al salón de forma pensada, nunca podemos enseñar a interrogar su origen ni su interés. El estudiante que nunca la enfrenta en clase, la enfrenta igual en su casa, en su cuarto, sin herramientas para preguntar. La escuela que prohíbe deja solo al estudiante frente al sistema más persuasivo que hemos creado. Prohibir el celular crea una ilusión de control. El salón se ve en silencio, sin distracciones. Pero afuera, el sistema sigue aprendiendo de cada gesto, de cada búsqueda, de cada pausa. El estudiante sale de la escuela sin haber practicado el acto más importante frente a la inteligencia artificial: el acto de gobernarla. Gobernar no es bloquear, es poder corregir, pausar y apagar por criterio propio. Eso no se aprende con una caja en la entrada, se aprende usando la máquina con reglas claras y con derecho a decir: esta predicción no me sirve. Hay un argumento moral que sostiene la prohibición: el celular distrae, aísla, rompe la convivencia. Es cierto que puede hacerlo. El Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo de la UNESCO (2023) reconoce que la mera proximidad a un dispositivo móvil tiene un impacto negativo en el aprendizaje en 14 países. Pero la respuesta educativa a algo que distrae no es esconderlo, es enseñar a atender. La atención no se forma por ausencia de estímulos, se forma por práctica de elección. Un estudiante que aprende a decidir cuándo mira y cuándo no mira, cuándo comparte y cuándo no comparte, cuándo acepta una recomendación y cuándo la rechaza, está formando criterio. Un estudiante al que solo le quitan el aparato, solo aprende a obedecer mientras lo miran. La alfabetización crítica propone lo opuesto a la prohibición: traer el celular al centro, abrirlo, preguntarle de dónde viene lo que dice, a quién le sirve que yo lo crea, qué se queda con mis datos. Enseñar que un texto generado no es verdad por ser fluido, que una imagen generada no es real por ser nítida, que una recomendación no es buena por ser personalizada. Como señalan Ricárdez Peralta (2025) y Villegas-Muro (2025), los estudiantes presentan un analfabetismo digital funcional: aceptan alucinaciones de la IA como verdades absolutas si no hay mediación docente crítica. Eso no se puede enseñar sin el objeto en la mano. Prohibir el celular es como prohibir la calle para enseñar educación vial. Puedo tener un salón ordenado, pero no formo a nadie que sepa cruzar. La escuela que de verdad quiere cuidar no prohíbe, acuerda. Acuerda qué se usa, para qué se usa, qué no se comparte, cuándo se apaga y quién puede apagar. Ese acuerdo, construido colectivamente, vale más que cualquier reglamento. Porque no viene de afuera, viene de una comunidad que decidió cómo quiere vivir con la tecnología, no sin ella. El celular va a volver. Siempre vuelve. En el recreo, en la casa, en la vida adulta. Si cuando vuelva solo encontramos estudiantes que aprendieron a esconderlo, fracasamos. Si encontramos personas que aprendieron a preguntarle, a corregirlo y a apagarlo por decisión propia, alfabetizamos. La pregunta no es celular sí o celular no. La pregunta es quién decide y con qué criterio. Si decide el miedo, prohibimos. Si decide el pensamiento crítico, enseñamos a gobernar.
Bibliografía.
Artopoulos, A., & Lliteras, A. (2024). La emergencia de la alfabetización crítica en IA: La reconstrucción social de la ciudadanía en democracias bajo acecho digital. Revista Diálogo Educacional.. https://doi.org/10.7213/1981-416X.24.083.
Long, D., & Magerko, B. (2020). What is AI literacy? Competencies and design considerations. Proceedings of the 2020 CHI Conference on Human Factors in Computing Systems. https://doi.org/10.1145/3313831.3376727
Ricárdez Peralta, D. E. (2025). Alfabetización crítica en inteligencia artificial: una intervención pedagógica en telesecundaria. Relato de una práctica docente mediadora frente al uso acrítico de tecnologías digitales. Instituto de Educación Superior del Magisterio, Tabasco.
UNESCO. (2023). Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2023: Tecnología en la educación: ¿una herramienta en los términos de quién? UNESCO. https://www.unesco.org/gem-report/es/technology
UNESCO. (2023, 7 de septiembre). Guía para la IA generativa en educación e investigación. UNESCO. https://www.unesco.org/es/articles/guia-de-la-unesco-sobre-ia-generativa-en-educacion
Villegas-Muro, A. (2025). Modelo de alfabetización en inteligencia artificial como complemento a la alfabetización informacional. Revista de Pensamiento y Cultura.
Doctor en Ciencias de la Educación por el ISCEEM. Director del Centro de Investigación e Innovación de la Educación en Toluca (CIIE-Consultoría). [email protected].
