Opinión

«Nos vemos a la salida».

Ante quienes quieran oírlos, y también ante los que no, tanto en el universo virtual como en el mundo de gises y de sudores, con la mirada puesta en las elecciones del próximo domingo, los maestros lanzaron reiteradamente una advertencia a Nuño, y por consecuencia a Meade, a la manera de los alumnos que aguardan…

Ante quienes quieran oírlos, y también ante los que no, tanto en el universo virtual como en el mundo de gises y de sudores, con la mirada puesta en las elecciones del próximo domingo, los maestros lanzaron reiteradamente una advertencia a Nuño, y por consecuencia a Meade, a la manera de los alumnos que aguardan el final de las clases para ajustar cuentas: «Nos vemos a la salida», aunque en este caso la expresión es «nos vemos en las urnas el 1 de julio».

Y no es que anden precisamente como bravucones de barrio o pendencieros de colonia, es sólo que ven al alcance de una boleta electoral la oportunidad de reivindicarse a golpes de votos frente a los que consideran innumerables agravios que sufrieron de parte del hoy coordinador de la campaña priista y frustrado candidato presidencial, en sus tiempos como titular de la SEP. Y aun desde antes, toda vez que se le adjudica la autoría de la Reforma, cuya propuesta elaboró en su carácter de coordinador del tema educativo en el equipo de transición de Enrique Peña Nieto.

Aunque hubo algunos grupos, sobre todo en el centro del país, que se decantaron por los candidatos del Frente encabezados por Ricardo Anaya, los no alineados acogieron en una amplia mayoría como su candidato a Andrés Manuel López Obrador, quien una y otra vez prometió a lo largo de su campaña que eliminará «la mal-llamada Reforma Educativa», medida que sus adversarios traducen como un regreso a antiguas y viciadas prácticas y un abandono de los intereses de los educandos.

Los maestros partidarios de AMLO triplican en número a los que supuestamente comprometieron su voto en favor de Meade Kuribreña a través de Nueva Alianza vía la voz y representación del todavía dirigente formal del SNTE, Juan Díaz, así que serán un factor de peso en el recuento de los sufragios.

Los docentes lopezobradoristas se agruparon básicamente en las Redes Sociales Progresistas lideradas por Fernando González Sánchez, yerno de Elba Esther Gordillo y quien fuera subsecretario de Educación Básica en los tiempos de Felipe Calderón. Tiene el apoyo del nieto de la lideresa, René Fujiwara.

En reciente entrevista con Sabina Berman (https://bit.ly/2KnMz92), el propio González Sánchez resumió las razones por la que los maestros se sienten agraviados con la Reforma Educativa y quieren su derogación:  «Han sido sometidos a un régimen laboral de excepción; ya no existe su plaza base, y además el diseño técnico de la evaluación no ha sido el más afortunado».

Consideró que prácticamente la totalidad de los maestros no se opone a la evaluación, “pero sí son muy celosos de guardar su estabilidad laboral, como cualquier trabajador”. Hay un problema de “empaque político”, y es un tema pendiente el fijar estándares para la evaluación, que no se puede hacer a partir de un examen, dijo el exfuncionario.

Estimó que vienen otros tiempos para la educación gane quien gane el próximo domingo, pues la RE «como está planteada no le ayuda a nadie; tiene qué cambiar porque no se puede organizar la educación a partir de un convenio o un pacto donde los maestros no fueron parte».

Las declaraciones de González Sánchez no hacen sino reiterar la razón de la inconformidad de los maestros, que se acentuó al conocer las montañas de dinero que Nuño destinó a publicitar la Reforma Educativa, aunque los maestros y otros actores políticos consideran que más bien fue para promoverse a sí mismo en su infructuosa búsqueda de la candidatura presidencial priista.

En cuanto a la actual representación sindical, Fernando González afirmó que se quedó «corta y coja» en momentos en que los maestros requerían liderazgo y una actitud articulada para defenderlos, y en cambio operó a partir de un documento inmodificable, como fue el Pacto por México.

Así que las Redes Sociales Progresistas, con una membresía de un millón de ciudadanos y «compuestas también por empresarios, pescadores y agricultores», aportarían a López Obrador más de 5 millones de votos, una cifra similar a la que se prevé obtenga Meade según las últimas mediciones.

Del millón de integrantes de las RSP, 800 mil pertenecen al gremio magisterial y esperan con ansia que suene la campana para cobrárselas a Nuño y de paso Meade. Son maestros que, como el hijo de Pedro Páramo, parecen escuchar y obedecer aquella demanda: «El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro».

Pero no se crea que el PRI ya se rindió; al menos no públicamente. El propio extitular de la SEP, con la petulancia que lo caracteriza, declaró este lunes 25 a Ciro Gómez Leyva que las encuestas nada significan, que el voto es lo que cuenta y que habrá sorpresas el próximo domingo. En su muro de FB, en donde compartió esa entrevista, advirtió: “Es probable que la elección tenga un resultado muy distinto a lo que reflejan las encuestas y también es probable que a López Obrador no le guste el resultado”. La apuesta del PRI, o mejor dicho su esperanza, está cifrada en los indecisos.

Puede ser un bluf pero también un aviso de que algo gordo se estaría cocinando. Por lo pronto ha habido reuniones entre altos personajes de diversos partidos; ayer mismo compartieron mesa en elegante restaurant capitalino Manlio Fabio Beltrones, Roberto Gil Zuarth y el avieso Fernández de Cevallos, según nota del portal Regeneración. (A ello agréguele la detención en la Ciudad de México de varias personas que transportaban más de 22 millones de pesos, en cheques y efectivo, y que según dijeron tenían como destino el CEN del PRI).

En tanto, el muy conocido por los maestros Claudio X. González sentenció  en su cuenta de twitter el mero Día de San Juan: «La presente administración está a punto de perder el poder, por vía de una estrepitosa derrota electoral, por una razón fundamental: DILAPIDARON, por la vía de la corrupción, la inseguridad, la impunidad, la ineptitud y la soberbia, la poca LEGITIMIDAD que aún tenía el Estado».

Me parece que el principal factor fue la soberbia; de ahí se desprendió todo lo demás.  La soberbia es de muchas maneras el mayor pecado. Recuérdese que fue precisamente lo que hizo caer a Luzbel cuando al gruñido de “non serviam” se rebeló contra el Creador e intentó mandar al diablo las instituciones celestiales.

Al parecer AMLO aprendió, aunque no del todo aún, la lección de la experiencia propia y ha disminuido intensidad y frecuencia a los desplantes, lo cual ha sido un elemento clave de su avance. Un avance al que sin duda han contribuido significativamente los maestros, en quienes los diferentes partidos reconocen liderazgo, disciplina y habilidad para la operación política.

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