Manual para (no)ser (des)gobierno.

¿Para qué quiere un partido político llegar al poder? ¿Cuál es la condición que lleva a un ciudadano a votar por tal o cual candidato para Presidente y para Gobernador? ¿Por qué el ciudadano de a pie parece exigir a unos pero ser condescendiente con otros funcionarios que tienen la responsabilidad social de atender, servir y brindar resultados?

Estas preguntas deben ser respondidas tarde o temprano por los funcionarios que hoy son gobierno, para recordar que la mejor campaña política es el buen trato y el servicio a sus gobernados, particularmente a los Maestros.

Leo el artículo de la periodista Viridiana Ríos titulado “la necia realidad” que tiene al Presidente López Obrador y a su agenda con un 75% de popularidad que los gobernadores de otros Estados quisieran que les transmitieran por ósmosis, pero ellos no son el Ejecutivo y su agenda no solamente desatiende las necesidades mínimas de sus gobernados, sino que además, los ignora, los maltrata y los hace padecer.

El funcionario de la 4T. Una radiografía. 

Los gobernadores y funcionarios del partido en el poder parecen haber olvidado muy pronto que la gente votó por Andrés Manuel López Obrador como una opción frente a la corrupción, al dispendio, al nepotismo. En pocas palabras: Fue el hartazgo ciudadano el factor clave que los llevó al poder. Y justo es decir que ese factor ahora lo tienen en contra.

Y es que no es lo mismo criticar desde el mullido sillón de la oposición, a responder a la ciudadanía con resultados concretos en lugar de lanzar consignas, panfletos y sillas. Esto último, cualquiera lo puede hacer, pero atender con respeto y diligencia a los ciudadanos sin distinción de ideología, resolviendo sus problemas y escuchando sus cuitas, es una cosa totalmente diferente.

En Estados como Veracruz, los ciudadanos votaron por una opción que hoy tiene a la Entidad al borde del caos, pues no sólo llegaron a reproducir las viejas formas de gobierno sino que intentan gobernar difamando a los maestros, armando campañas en contra de la administración de las escuelas (la generalización es parte del error) y practicando la misma estrategia salinista (“ni los veo ni los oigo” ) que administran a raja tabla a todo aquel que se atreva a señalar lo anterior.

Hoy, los nuevos funcionarios no respetan ni a los suyos, no reconocen ni atienden a la misma gente que los llevó al poder. Y es que como decimos aquí en Veracruz: “cuando la perra es brava, hasta a los de la casa muerde”.

Con base en lo anterior, se pueden describir algunos de los rasgos que definen a la mayoría de los  funcionarios de la 4T en algunos Estados donde ganó el partido en el poder. 

1.- A cualquier crítica o señalamiento responden con burla, acusando al otro de “perverso”, de tener agenda política o criticar “por envidia”. 

2.- Sus esfuerzos se centran en las declaraciones escandalosas y propagandísticas, señalando a las administraciones de lo que todos ya sabemos…y es que justo por eso llegaron al poder. Ya nos tienen hartos de declaraciones que distraen de la pregunta verdaderamente importante: ¿cuándo se pondrán a trabajar para entregar los resultados que prometieron en sus días de campaña?

3.- Cuando perciben que el escándalo de turno se agota, inventan otro. Cualquier opción es preferible a ponerse a trabajar y entregar resultados. Esto último parece que no formaba parte del plan.

4.- Criticaron hasta la náusea (con justa razón) el nepotismo y el tráfico de influencias que caracterizaron a los gobiernos anteriores, sólo para llegar a hacer lo mismo, pues la preparación, la capacidad y la experiencia han sido supeditadas a la lealtad y al parentesco, tal cual habían criticado. 

5.- Se han convertido, en unos cuantos meses, en todo aquello que habían señalado, al punto de llevarlos a ganar elecciones enteras en el país y en los Estados. 

6.- Han convertido el liderazgo en promoción personal y campaña política permanente, en lugar de considerarlo como una oportunidad única para servir. 

7.- Hablan de “la arrogancia del burocratismo” al referirse a gobiernos anteriores, cuando tienen Secretarías con funcionarios en puestos clave que se dedican a todo, excepto a la tarea que les fue encomendada.

Y es que ya llegó el momento de dar resultados, de ponerse a las órdenes de sus gobernados, de servir y de trabajar. Se les olvidó muy pronto que seis años se van muy rápido y que la gente puede olvidar lo que dijiste pero no olvida jamás cómo los hiciste sentir.

¿Usted qué opina, estimado lector?

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