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En distintos momentos hemos insistido en que el actual gobierno, autodenominado de la cuarta transformación, no ha hecho sino legitimar, dar continuidad y profundizar la reforma educativa neoliberal del Pacto por México, promulgada en 2013 bajo el gobierno de Peña Nieto, con la agravante de que esta profundización no ha encontrado resistencia alguna por parte de las dirigencias magisteriales democráticas, tampoco por parte de maestras y maestros, quienes cargan en sus espaldas con la responsabilidad de mantener la calidad educativa, es decir, el máximo logro de aprendizajes estandarizados, pero ahora en condiciones completamente diferentes de las que tenían en el sistema presencial, antes de la pandemia de la COVID-19.

Con la pandemia, la flexibilidad laboral, la adaptación al cambio permanente para desarrollar su práctica y la sobreexplotación a la que se encuentra expuesto el magisterio en su trabajo cotidiano, son expresiones de la forma en que la fluidez de la reforma educativa neoliberal se desliza sin obstáculo alguno en tiempos de la 4T.

No se visibilizan los problemas, las enfermedades laborales que sobre todo las maestras, están padeciendo día con día ante la gran cantidad y diversidad de tareas a realizar, que van desde la planeación y diseño de materiales audiovisuales, la realización de acciones didácticas variadas, hasta la evaluación de los aprendizajes esperados, mediante la recopilación de las famosas evidencias. El estrés que todo ello conlleva, hoy más que nunca ha alcanzado niveles elevados, desencadenando afectaciones físicas y emocionales como lo son depresión, ansiedad y angustia, entre otros padecimientos.

Y es que a lo largo de los meses transcurridos desde el inicio del ciclo escolar 2020-2021, mediante el Programa Aprende en Casa II presentado por la SEP como la única solución posible, maestras, maestros, tienen que seguir las clases por televisión para saber qué contenidos abordarán cada semana. También deben encontrar a sus alumnos en plataformas virtuales o redes sociales y estar, explicarles o ampliar lo expuesto en el programa televisivo y, en su caso, aclarar dudas. Sin embargo, sus actividades no terminan ahí, ya que al concluir su explicación en las plataformas virtuales están obligadas a dejar tareas para que los estudiantes las realicen bajo la supervisión de sus madres o tutores que puedan estar junto a ellos durante todo el día y tiempo de clases a distancia y virtuales.

Por todo esto, insistimos: en el escenario de clases a distancia, diseñado por las propias maestras, no solo se profundiza la reforma del Pacto por México de manera cotidiana, sino que, junto con ello, se deja fluir sin mayor restricción u obstáculo la subjetivación neoliberal, configurando una práctica docente encaminada a la formación de un nuevo sujeto, cuyas características responden al modelo económico y social actual. El actual proceso educativo a distancia, utilizando diversos medios virtuales, contribuye a desarrollar y afianzar las competencias demandadas por el mercado.

Estas competencias laborales están orientadas a lograr una adaptación rápida en contextos cambiantes; la resolución de problemas complejos; involucrarse en el trabajo colaborativo; desarrollar un pensamiento crítico y potenciar la innovación y creatividad dentro del trabajo planeado y estructurado por otros. A esto se refiere Moctezuma Barragán cuando habla de la educación 4.0; él mismo ha declaró recientemente que el actual modelo sienta las bases de la educación que demanda la cuarta revolución industrial.

Es claro que la pandemia les cayó como anillo al dedo, se presenta como una gran oportunidad para continuar la formación de estas competencias, ya orientadas desde la autonomía curricular, con los clubes del Modelo Educativo en la reforma educativa 2013. El sistema ha sabido aprovechar Aprende en Casa I, primero y en la actualidad el Aprende en Casa II, para darle una vuelta de tuerca a la formación en estas competencias, mismas que en el mediano y largo plazo, le redituarán beneficios a las empresas que demanden a los trabajadores contratados, llevarlas a cabo.

Un adiestramiento, entrenamiento y capacitación desde los primeros años de escolarización frente a la pantalla, es un gran manjar servido en charola de plata por el gobierno federal y el sistema educativo, a los organismos y corporaciones interesadas en la formación de un nuevo capital humano; los aprendizajes esperados son eso, están planteados en la reforma 2018. Para lograrlo, ha sido necesario imponer un sin número de actividades que permitan controlar, supervisar y garantizar que la práctica docente de las maestras gire alrededor de estas competencias laborales; son ellas las que estructuran y organizan la puesta en práctica de la Nueva Escuela Mexicana.

Ante este panorama, parece cancelada la posibilidad de una reflexión crítica sobre el tipo de formación que se está desarrollando en medio de la pandemia actual. Una reflexión que ponga en entredicho las competencias señaladas como necesarias para desarrollar los proyectos de la empresa, en donde la producción, el capital y el mercado son lo importante, no los proyectos del común de la población para beneficiar su medio ambiente natural, social y familiar; su salud, alimentación, economía, cuidados, seguridad, educación, en síntesis, su vida.


Publicado en Insurgencia Magisterial

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