Examen o compadrazgo: la trampa de una pregunta sin tercera opción

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La consulta del 30 de octubre, la pregunta sin tercera opción y la deuda que no cabe en ninguna casilla


La pregunta que ya trae la respuesta

La primera pregunta de la Consulta Nacional pide al maestro elegir entre «un instrumento de valoración de los conocimientos y aptitudes» para plaza, promoción vertical y horizontal, o «regresar al pasado» mediante «el viejo esquema de reparto discrecional de plazas» de las Comisiones Mixtas, con 50% para la autoridad y 50% para el sindicato. Opción a o b. No hay una tercera.

Eso no es una consulta: es un menú con una sola puerta de salida. Una opción llega vestida de técnica y mérito; la otra, con el letrero de «pasado» y «discrecional». ¿Qué maestro va a pedir la discrecionalidad? La respuesta viene escrita en la pregunta. Y la SEP ya ensayó este guion: en el Cuestionario Diagnóstico de agosto la misma disyuntiva arrojó 79.6% contra 20.4%, cifra que se presentó como respaldo del magisterio. Cuando las únicas opciones son las del anfitrión, el comensal no delibera: ratifica.

Lo que la disyuntiva esconde

Una falsa disyuntiva no solo limita lo que se puede responder; decide lo que se puede pensar. Al presentar el examen como único antídoto contra la corrupción, la pregunta borra del debate lo esencial: el número de plazas, el dinero que las respalda, la publicidad de las vacantes, la participación vinculante de los docentes y las consecuencias para quien incumpla la norma. Se discute cómo se valorará al maestro, nunca cuánto se le pagará ni cuántos de los valorados tendrán una plaza al final.

Tampoco es honesto convertir al sindicato en el espantapájaros de la película. El SNTE tiene una historia negra de corporativismo, de pactos con gobiernos neoliberales y de silencio frente a los agravios del magisterio; hoy, con su dirigente en el Senado, cambia de color según quién ocupa el poder. Esa crítica es legítima y es nuestra. Pero usarla para cerrar el debate es otra cosa: es decirle al maestro que, si no acepta el diseño de arriba, defiende los vicios de abajo.

¿Con qué presupuesto contamos?

Aquí está el punto que la consulta evita. El diputado Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política, declaró el 19 de octubre que no hay más que «ese fondo de 10.6 billones de pesos» para 2027, que cualquier cantidad adicional tendrá que quitarse de otro rubro y que el presupuesto no alcanzará para atender las exigencias de sectores como salud, campo y universidades públicas. Otras notas recogen que más del 80% del gasto está comprometido en salarios, programas sociales, servicios y otros compromisos. Monreal no dio una cifra específica para la USICAMM ni habló del sistema de promoción docente; pero su diagnóstico dibuja el terreno donde caerá cualquier nuevo sistema: un margen mínimo, tope estricto y disputa por cada peso.

Y ese terreno ya lo conocemos los maestros. El propio Acuerdo de promoción horizontal advierte que la autoridad no está obligada a asignar el incentivo a todos los maestros del listado nominal, porque la asignación “estará sujeta a la disponibilidad presupuestaria”, y que los resultados valen hasta que ésta se agote. Es decir: puedes aprobar, quedar en lista, cumplir cada requisito y no cobrar, porque el dinero no alcanzó.

¿Alcanzan las plazas para los concursantes?

No hay una cifra pública, clara y unificada que permita responder con exactitud cuántos maestros concursan frente a cuántas plazas e incentivos se asignan a nivel nacional. Esa ausencia ya es parte de la respuesta: un sistema que se llama transparente debería poder decirlo en una línea. Lo que sí hay son piezas sueltas que, juntas, hablan.

  • En el Cuestionario Diagnóstico de agosto, la SEP anunció una participación de más de 1.2 millones de docentes y respondieron 393,696. El magisterio es enorme; la bolsa de plazas, no.
  • En Chiapas, según los comunicados estatales recopilados por Alerta Chiapas, este ciclo se han asignado 242 plazas definitivas: 163 por admisión y 79 de mando por promoción. Es un solo estado, pero ilustra la escala frente a un magisterio de decenas de miles.
  • En 2021, en el proceso de supervisores en el que participé, la lista llegó a setecientos aspirantes y el presupuesto alcanzó para veinte. Cinco años después, no ha habido nueva convocatoria para ese grupo. Es testimonio personal, no estadística nacional; pero cualquier maestro sabe que no es una excepción.

Con 700 aspirantes y 20 lugares, el mérito se vuelve lotería: 97 de cada 100 buenos candidatos quedan fuera, aunque todos hayan sido excelentes. El mejor instrumento de valoración del mundo no crea una plaza que no existe.

¿Se atiende la revalorización magisterial?

Revalorizar es reconocer con salario, estabilidad, carrera y jubilación. Un sistema que reparte esperanza en lugar de plazas, que condiciona los incentivos a la “disponibilidad” y que deja la jubilación bajo la Ley del ISSSTE de 2007 no revaloriza: administra la escasez con mejor diseño gráfico. La consulta no pregunta por el salario, ni por la jubilación, ni por el presupuesto, ni por el calendario legal de la reforma. Pregunta por el examen. Esa selección de temas es, en sí, una respuesta.

Por eso las escuelas hablan. Un Consejo Técnico de la zona escolar 31, que reúne escuelas multigrado y su supervisión, asentó en el acta que la consulta resulta ofensiva, parece orientada a validar los criterios de quien la convoca y no transforma el problema de fondo: la racionalidad meritocrática y neoliberal que pone a las y los trabajadores a competir por derechos que el Estado debería garantizar. Cerró con una decisión que debería inquietar a la autoridad: se levantó el acta sin que el personal hiciera la consulta. Zonas de preescolar indígena y docentes multigrado de Chihuahua han dicho lo mismo: queremos salarios dignos y estabilidad, no otra USICAMM disfrazada.

Odres viejos, vino nuevo

Cambia el nombre, cambia el organigrama, cambia el logotipo. Si la opacidad en las vacantes, el listado de ordenamiento que no se respeta, la plataforma que se cae y la falta de presupuesto permanecen, el maestro encontrará la misma puerta cerrada con otro letrero. La corrupción no vive en una unidad administrativa: vive donde la norma es vaga, el dinero escaso y nadie responde. Y es difícil creer en la cruzada contra los vicios del pasado cuando quienes la encabezan respaldaron o convivieron con las reformas que más daño hicieron al magisterio. Que el responsable de la SEP haya aprobado en su momento la reforma educativa de Peña Nieto es un dato que el magisterio recuerda; lo que se pide es coherencia, no memoria selectiva.

Y el espacio mismo importa. El Consejo Técnico Escolar existe para que los colectivos analicen su escuela, su aprendizaje y su práctica. Convertirlo en una sesión para llenar un formulario cerrado con una pregunta de respuesta obvia no es escuchar al magisterio: es usar su tiempo pedagógico para fabricar legitimidad.

Lo que debe exigirse

  • Una pregunta honesta, con opciones equivalentes, una opción abierta y espacio para proponer.
  • Publicar cuántos docentes concursan, cuántas plazas hay, cuántas se asignan y cuántos incentivos se pagan, por estado y por proceso.
  • Presupuesto etiquetado y garantizado: quien aprueba, cobra. Si no, que la norma se llame por su nombre: promesa condicionada.
  • Vacantes públicas en tiempo real y rutas de sanción para quien las oculte.
  • Resultados de la consulta publicados con metodología, vinculantes y con dictamen público sobre qué se aceptó y qué no.
  • Participación real y democrática de los docentes en el diseño, y un sindicato que defienda al trabajador, no al patrón.

Cierre: la dignidad no se marca con una cruz

Dentro de unos días, la SEP publicará porcentajes. Dirán que la mayoría eligió la opción a. Y esa cifra, fabricada en una pregunta sin salida, viajará hasta una reforma que llegará al Congreso como si fuera la voz del magisterio. Que nadie se engañe: ese número no será nuestra voz; será nuestro silencio, contado.

Porque en el país donde 700 maestros compiten por 20 lugares, donde aprobar no es recibir y donde un incentivo vale hasta que el dinero se acaba, la verdadera pregunta nunca fue «¿examen o compadrazgo?». La verdadera pregunta es: ¿cuánto vale un maestro para este país y quién está dispuesto a pagarlo? Esa pregunta no está en el formulario porque su respuesta cuesta dinero.

Compañeras y compañeros: nos han enseñado que la dignidad se concursa, que la esperanza se tramita y que la paciencia es un mérito evaluable. Hoy toca decir lo contrario. El aula no se detuvo cuando faltó el gis, el salario o la plaza; sostuvo al país con lo que había. Un país que vive de la entrega de sus maestros y les responde con listas de espera, cuestionarios de respuesta obvia y presupuestos “que no alcanzan” no tiene derecho a sorprenderse de nuestro cansancio.

No somos una casilla. No somos un porcentaje. No somos la legitimación de lo que ya se decidió. La dignidad del magisterio no se somete a consulta: se paga, se garantiza y se respeta. Y si algún día nos preguntan de verdad, que sea con una hoja en blanco y la certeza de que lo que escribamos, por fin, obligue.