El SNTE y su juego del calamar

"Ante la falta de reforma estatutaria, se creó un Reglamento para elegir directivas seccionales, misma que exige que quien quiera ser líder seccional haya tenido un cargo seccional previo. Este único requisito propicia un juego prácticamente imposible ya no de ganar, ni siquiera de competir."

Wenceslao Vargas Márquez

Están en marcha las elecciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en el nivel seccional. Parece resuelto, al igual que en el gremio petrolero, que primero se harán las elecciones seccionales y luego la elección nacional.

La medida es incomprensible a partir de la revisión del discurso que promueve la democratización de los sindicatos mexicanos porque le da la ventaja a las respectivas dirigencias nacionales actuales, pues son quienes convocan y califican las elecciones. Incomprensible: contradice el discurso oficial.

En hechos simultáneos que parecen relacionados, desarrollados en una semana, el SNTE dijo el 22 de octubre, en el comunicado 37-2021, que “continuarán los cambios de dirigencias, incluido el relevo, en su momento, de los Órganos Nacionales de Gobierno Sindical”. El jueves 28 de octubre anunció el SNTE en el comunicado 39-2021 “una nueva calendarización” de las elecciones seccionales. Al día siguiente, viernes 29, el presidente anunció en Campeche el voto sindical electrónico para petroleros gracias a acuerdos procesados políticamente por la Segob y la STPS.

¿Las dos dependencias oficiales intervinieron en ambos casos, el del SNTE y en el de los petroleros? Los petroleros tienen fecha para enero de 2022. En septiembre de 2021 allegados al maestro Rafael Ochoa Guzmán preveía las elecciones nacionales también para inicios del mismo 2022, y por eso él sigue en campaña. ¿Se avecinan las elecciones magisteriales? ¿Por qué se impulsa el voto electrónico para las próximas elecciones petroleros y no para las elecciones de los maestros, mismas que ya se están ejecutando? ¿Por qué la diferencia?

El caso de las tres seccionales que se han hecho en el SNTE, dos en Baja California, y una en Tlaxcala, arroja algunas enseñanzas. Son las dos siguientes. Con más planillas, gana el oficialismo y hay menor participación. Con menos planillas hay triunfo opositor claro y más participación. Lo prueban los números. En la Sección 2 hubo 4 planillas, participó el 55%. En la Sección 37 hubo 3 planillas, participó el 60%. En la Sección 31 se registraron 2 planillas, participó el 68%, todo según los datos oficiales del SNTE.

La participación se torna complicada para quienes aspiren a dirigir su sección. Ante la falta de reforma estatutaria, se creó un Reglamento para elegir directivas seccionales, misma que exige que quien quiera ser líder seccional haya tenido un cargo seccional previo. Este único requisito propicia un juego prácticamente imposible ya no de ganar, ni siquiera de competir. Veamos las cifras en un modelo aritmético:

En un comité seccional de 50 titulares y 50 suplentes hay 100 líderes. En 20 años del siglo 21 hay 5 cuatrienios y, si nadie repite, 5 por 100, apenas 500 docentes habilitados para ser secretario general. 500 es el 1% en una sección de 50 mil maestros, y el 0.5% en una de 100 mil docentes. Leído al revés es lo siguiente: el 99% de los maestros en un caso, y el 99.5% en el otro, sólo puede mirar, resultan derrotados de antemano pues no puede participar. La autoridad no lo ve y las oposiciones magisteriales internas, pasmadas, no lo han podido desarticular. Ese es el juego del SNTE. Es su juego, es su variante del juego del calamar.

Twitter @WenceslaoXalapa

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