El SNTE y la condición de Esaú.

El próximo secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, pronunció una frase correctamente impolítica cuando se refirió al SNTE como uno más de los sindicatos que participarían en los foros de consulta que impulsa el nuevo gobierno federal.

Es impolítica porque nunca antes, en los años que llevamos observando el fenómeno educativo desde lo político, habíamos tomado nota de que un funcionario (entiendo que Moctezuma aún no lo es, pero para el efecto es como si lo fuera), de que un funcionario metiese al SNTE en la misma canasta que al resto de los sindicatos magisteriales mexicanos. Por eso nos parece que la frase es impolítica pero al mismo tiempo correctamente impolítica, porque ser lo justo.

Anunció Moctezuma que “las organizaciones sindicales formarán parte de los foros de consulta para la propuesta en materia ejecutiva que planteará el próximo gobierno federal, incluyendo el SNTE, la CNTE y alrededor de 80 sindicatos más qué hay en el país. La dirigencia nacional del SNTE destruyó Nueva Alianza y vendió la primogenitura del sindicato a cambio de un gordo plato de lentejas. Se colocó en la situación de Esaú.     

En ningún momento de los cinco años de la reforma educativa que ya desaparecerá nadie en la dirigencia nacional del SNTE ni en sus seccionales se atrevió a exigir la desvinculación de la evaluación docente respecto de la permanencia en el empleo. Jamás. Sólo después del triunfo de Morena, el primero de agosto, el líder nacional del SNTE dijo que “reiteraba” esa exigencia. Ya hemos dicho en notas previas que esa reiteración no existe porque nunca existió la exigencia.

Poco antes del primero de agosto (de nuevo después de las elecciones presidenciales) mediáticamente el SNTE se dispuso a mencionar el tema de los docentes cesados en el comunicado 24/2018 del 19 de julio dónde se publicó que “debido, principalmente, a interpretaciones erróneas de la Ley del Servicio Profesional Docente los dirigentes acordaron intensificar acciones con autoridades federales y estatales, para dar respuesta satisfactoria a las exigencias planteadas, entre las que se encuentran la solución a ceses injustificados”. Nunca antes eso se había puesto por escrito.

Nadie tampoco del desaparecido partido Nueva Alianza se atrevió a levantar políticamente la voz por los despedidos.  Digo ‘políticamente’ porque el Panal fue un partido político, y si el SNTE se despoja de lo político queda en nada, y eso es precisamente lo que hicieron de él los dirigentes actuales, le quitaron lo político y convirtieron un sindicato otrora vigoroso en un lamentable despojo ambulante.      

La reforma educativa se trabajó sobre dos legislaturas federales, las dos del presidente Peña. La primera de las dos (2012-2015) tuvo para el Panal diez diputados, todos plurinominales, cinco vinculados al SNTE: Lucila Garfias Gutiérrez; José Angelino Caamal Mena, Sanjuana Cerda Franco, Sonia Rincón Chanona y Dora Talamantes Lemas. En la segunda (2015-2018) el Panal tuvo trece diputados: Luis Alfredo Valles Mendoza, Mirna Saldívar, Carmen Victoria Campa Amaral, María Eugenia Ocampo Bedolla, Carlos Gutiérrez García, Karina Sánchez Ruiz, Jesús Rafael Méndez Salas, Luis Manuel Hernández León, Francisco Javier Pinto Torres, Angélica Reyes Ávila, Ángel García Yáñez, Melissa Torres Sandoval, Elvia Graciela Palomares. Nadie se atrevió a alzar la voz.

Hoy alzan la voz los diputados federales de Morena (e.g., Irán Santiago Manuel) para que se suspenda la evaluación docente de noviembre y para que mediante un Punto de Acuerdo se exhorte a la SEP y a los gobiernos estatales para que lleven a cabo la reinstalación de maestros cesados a partir de la implementación de la reforma educativa. Si lo diputados del Panal lo hubiesen hecho es probable que ese partido hubiese conservado el registro. En el sitio turquesa ubicado en gpna/iniciativas, de la Legislatura LXIII correspondiente a los años 2015-2018 no encontramos ninguna relacionada a iniciativas tendientes a modificar la ley docente.

En algo más se ha abstenido el SNTE de actuar. Ahora participa en los foros convocados por el nuevo gobierno junto a otros “ochenta sindicatos” y a lado de la CNTE a la que tanto se ha insultado, pero no hace lo suyo, lo propio, al negarse a convocar al Congreso Nacional de Educación que es precisamente el espacio estatutario (artículos 52 al 69) destinado a hacer lo que ahora hace Moctezuma y que los dirigentes nacionales del SNTE también dejaron de hacer. El mando nacional actual perdió la voluntad de servir. En estos términos se lo escribí a los maestros Juan Díaz y Alfonso Cepeda antes de las elecciones del primero de julio. Los correos electrónicos y las llamadas telefónicas nunca merecieron respuesta. También los dominó la soberbia.

Moctezuma, al mencionar al SNTE como uno más de “ochenta sindicatos”, y al desconocer tres cuartos de siglo de primacía desde 1943, coloca a este sindicato en la condición de Esaú: perdió su primogenitura por un plato de gordas lenteja$ del erario público. Quizá les convenga más a sus representantes nacionales y seccionales esta descalificación que otra en la que, por no defender políticamente a los docentes cesados, deban ser colocados en la más vergonzosa posición de Caín.

 

 
 

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