En días pasados escribía en mis redes sociales, que el Congreso Nacional de Investigación sobre Educación Normal (CONISEN) ha crecido vertiginosamente en tan solo 9 años. De unos 300 a 400 asistentes en su 1ª edición que tuvo lugar en 2017 en Mérida, Yucatán, en la más reciente celebrada en Acapulco, Guerrero, se contó con 3,000 participantes; según se dijo en dicho congreso, 2,600 estuvieron de manera presencial y 400 virtualmente. Cifra que habla del gran espacio académico en el que se ha convertido, sobre todo, porque ahí se congrega el normalismo mexicano, para dialogar sobre su producción en términos científicos y teóricos, pero también, para conversar con otras y otros a nivel nacional e internacional. Sin duda, dicho espacio se ha consolidado como un punto de encuentro de esta comunidad, lo cual es sencillamente: ¡extraordinario!
¿Qué ocurre cuando las luces de este congreso se apagan y las y los investigadores regresan a sus escuelas de origen? Fue un cuestionamiento que rondó mi mente regreso a casa después de haber asistido a este evento, porque, afortunadamente, pude ser testigo de la riqueza de las conferencias, ponencias, cursos, talleres, carteles, libros, videos, etcétera que fueron presentados o expuestos. Me quedé pensando por un momento durante este recorrido por carretera, en las condiciones bajo las cuales fueron producidas estas participaciones, porque, indudablemente, diez, quince, veinte o treinta minutos que dura una de ellas (de acuerdo a la modalidad elegida), solo muestra una pequeñísima parte del trabajo realizado, sea por interés propio del investigador o por el desarrollo o culminación de algún documento de titulación. Créanme, el proceso metodológico que esto implica es de gran valía; sin embargo, repito, muy pocas veces nos ponemos a pensar o valorar el trabajo que esto significa.
Es cierto, la investigación en las escuelas normales (EN) e instituciones formadoras de docentes (IFD) enfrenta grandes desafíos, porque, históricamente, a las y los profesores que ahí se encontraban adscritos, les fue asignada la tarea de preparar a maestras y maestros para el aula y, por tanto, indagar en sentido estricto no era del todo relevante hasta la década de los 80 cuando, en el caso de las normales, por decreto presidencial sus estudios fueron elevados a licenciatura, hecho que las colocó en el nivel superior de enseñanza; lógicamente, a partir de ello, asumieron la obligación de desarrollar tres funciones sustantivas: docencia, investigación y extensión y difusión de la cultura.
De esta forma, mientras las Universidades en México tenían una larga data en el terreno de la indagación (se dice que desde 1929), las EN tuvieron un impulso real a partir del 2000; de hecho, como práctica institucionalizada comenzó a registrase de manera formal y sistemática en el 2006, con la incorporación de este subsistema a los programas federales de fomento como el PROMEP/PRODEP y, por tanto, la exigencia de contar con investigadores y conformar Cuerpos Académicos que visibilizaran la producción del magisterio normalista fue apremiante. Se ha avanzado, sí, poco, pero se ha avanzado, lo cual no implica que no se vea como un reto importante.
Creo que otro de esos grandes desafíos pasaría por la revisión de la cultura institucional y normativa que pudiera respaldar a las y los docentes investigadores normalistas; esto lo comento porque se sabe que la estructura operativa de las EN prioriza la atención de grupos como ya he referido y, por ello, quienes por interés propio (o a veces por comisión) realizan investigación, enfrentan cargas lectivas de 20 a 40 horas semanales, pero también, la atención de diversas comisiones institucionales u otras relacionadas con actividades extracurriculares de la propia escuela, lo cual desplaza esta actividad investigativa a tiempos marginales o fuera de la jornada laboral. Hecho que complica un poco más el acto de indagar.
Desde luego que el tema presupuestal también es relevante en este rubro, es decir, en el de los retos o desafíos; es sabido que las EN, a diferencia de las Universidades que cuentan con presupuestos canalizados directamente a laboratorios e institutos de investigación, sus fondos operan bajo una lógica distinta, porque son asignados conforme el Ramo 11-Educación Pública, bajo programas presupuestarios específicos para el Fortalecimiento a la Excelencia Educativa, lo cual también limita en demasía la posibilidad de fondear proyectos de campo de mediana y larga duración; esto, conjuntamente con la estructura operativa que ya comentaba, representa una limitación importante.
Uno más pasaría por lo que podría denominar como inequidad institucional en el acceso al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, porque, desde mi perspectiva, los criterios de evaluación de este sistema, continúan favoreciendo productos como artículos de revistas indexadas (Scopus, Wos) y patentes, por sobre la Investigación-Acción, la innovación pedagógica y la producción situada en el aula escolar, lo cual desfavorece el perfil investigativo del normalista y limita el acceso a los estímulos económicos correspondientes. En fin. Podría enumerar otros tantos desafíos de singular relevancia, pero no quisiera dejar de mencionar otros aspectos que, pienso, resultan fundamentales para que, tal vez las y los normalistas, así como las autoridades educativas o gubernamentales, impulsen un poco más este terreno.
Por principio de cuentas, considero que las EN tiene la maravillosa oportunidad de generar conocimiento educativo a partir de contar con:
- Una inmersión situada y acceso privilegiado al aula/escuela de educación básica. Desde hace tiempo se ha venido resaltando este hecho, pero no se ha visibilizado como debiera. Hago énfasis en que la investigación normalista no se hace “sobre” la escuela sino “desde” la escuela de educación básica, y esa es una enorme fortaleza.
- Dominio de la Investigación-Acción e innovación pedagógica porque indiscutiblemente, el normalismo mexicano lleva en su ADN la investigación-acción, lo que le permite diseñar intervenciones didácticas específicas, probarlas en campo, evaluarlas y sistematizar el saber práctico resultante.
- Arraigo territorial y cobertura de la diversidad sociocultural, porque estas EN se encuentran ubicadas en zonas o regiones donde las universidades no llegan, lo cual las posiciona en un lugar privilegiado para hacer investigación y teorizar, por ejemplo, sobre la pedagogía multigrado.
- Articulación entre la teoría y la práctica curricular, pues, al formar a las y los futuros maestros del país, la indagación en las EN retroalimenta inmediatamente los contenidos formativos, por ejemplo.
Como se ha visto, hay varios poderosos motivos por los cuales se debe y se tiene que impulsar con mayor ímpetu a la investigación en las EN; no de ahorita, sino desde que comenzó el CONSIEN, señalé enfáticamente que había sido (y lo sigue siendo) un gran acierto por parte de la Dirección General de Educación Superior para el Magisterio (DGESUM, antes DGESPE) el proponer este espacio para que las y los investigadores normalistas expusieran sus avances o resultados de sus indagaciones, no obstante, pienso que aún existe esa deuda histórica con la comunidad normalista, porque guste o no, este normalismo ha sido un pilar importante en la formación de maestras y maestros por mucho tiempo y, desde luego que se lo merece, no en el discurso presidencial sino en los hechos, por el enorme trabajo que ha realizado hasta nuestros días.
Desde este espacio envío mis felicitaciones a quien desde la DGESUM organiza este congreso; desde luego, a los comités locales de esas 9 sedes en las que se ha desarrollado porque, recibir a cientos de participantes, implica un enorme despliegue de recursos y voluntades y, por esto mismo, pienso que cabría la posibilidad de hacer una valoración objetiva de cada uno de los eventos; desde luego, con el propósito de reflexionar sobre los aciertos, pero también, sobre las fallas que lógicamente se llegan a presentar al no dimensionar lo que significa contar con 3,000 almas como sucedió en este último congreso.
Enhorabuena para el normalismo mexicano y para el CONISEN; sin duda, se ha consolidado como un espacio de encuentros y de conocimientos.
