Cuestionar la Planeación Educativa.


Por: Mariana Patraca Almogabar*

La educación es un tema que todo país o nación debe atender como algo prioritario. Su relevancia reside en cómo esta moldea y atiende las características de la sociedad. Cualquier proyecto de nación contempla para sí misma planear el educar a aquellos ciudadanos que anhela tener para mantener en pie su sociedad y para transformarla en pro del bienestar general, acorde a sus principios, valores y normas ya sean culturales, morales, éticas y/o legales. México no es distinta de aquellas naciones que buscan por medio de la educación forjar un desarrollo en su sociedad que lleve a la mejora en la calidad de vida. Está claro que contamos con un proyecto de nación propia y a su vez con un proyecto educativo propio. Pensemos que todo proyecto lleva per se una planeación para su estructuración e implementación, no solo en el ámbito educativo, en cualquier proyecto gubernamental importante se planea, se conciben y proyectan ideas que fijan propósitos y condicionan tomas de decisiones y acciones desde antes de ponerse en marcha y aquí entra el concepto de planeación educativa, la cual nos ayuda a entender cuáles son los procesos que implican el desarrollo de un proyecto educativo y todos aquellos elementos multifactoriales que intervienen en estos procesos, cuándo y cómo se organizan y el por qué.

La planeación del proyecto educativo de todo un país no es tema de poca relevancia y sí un tema sumamente complejo, una tarea ardua que debe tomarse muy a pecho y sobre todo muy conscientemente, no podemos saber si algo es o no apto sin antes planear de forma certera, fundamentada y estructurada. No hacerlo nos lleva al fracaso, la disfuncionalidad y por tanto a la precariedad educativa. Problema con el que se batalla hasta hoy día y del cual pocas personas dan cuenta de ello.

En México el tema de la planeación educativa resulta algo escabroso y muy a menudo accidentado. Si retomamos los proyectos educativos de la última década encontraremos un camino no muy organizado ni mucho menos bien estructurado, resultando a veces confuso y lleno de descontentos. Otro tema que también nos da cierta idea sobre la planeación educativa es el hecho de los constantes conflictos a los que cada reestructuración educativa se enfrenta. Pero ¿a qué se debe tanto conflicto y tantas dificultades en el camino de los proyectos educativos todos estos años? ¿qué hace tan difícil llevar a cabo un proyecto educacional y por qué vemos que estos suelen fracasar y quedarse a medio camino? Tal vez deberíamos empezar por examinar qué tipo de planeación resulta de todas estas etapas de transformación y si esta realmente se ha llevado a cabo como debe ser o incluso si se sabe verdaderamente lo que se está haciendo.

A lo largo de los años México ha tenido muchos avances en lo que respecta a temas educativos, sin embargo también existen aún innumerables retos que han sido difíciles de superar y que en muchas ocasiones terminan siendo desastres educativos, además de una evidencia de las ineficiencias del gobierno para subsanar este tipo de problemáticas.

Al parecer uno de los principales problemas que tenemos es planear desde un enfoque totalmente metódico, político y unilateral lo que significa que los proyectos educativos muchas veces terminan siendo funcionales en un porcentaje muy bajo. Políticas rígidas, inflexibles demuestran una planeación demasiado tradicionalista y cerrada que, aunque pretende resolver problemáticas e impulsar el desarrollo, suele toparse con una realidad muy distinta. Muchos de esos problemas derivan de darle más peso a los números y resultados desde una perspectiva totalmente cuantitativa, olvidando por completo la importancia de los procesos, así como el enfoque humano social y ético que bien puede hacer de los proyectos educativos algo mucho más digerible y funcional.

Actualmente estamos ante la implementación de un proyecto más, acompañado como es costumbre de un cambio en las agendas políticas. Algunas de las acciones tomadas que pretenden encaminarse a mejorar todos los procesos de planeación educativa son el centrarse más en los involucrados en todos los procesos y etapas. Se han llevado a cabo campañas para implementar foros en los que los maestros y autoridades educativas locales puedan verter y dar a conocer sus opiniones respecto a los procesos que se llevan a cabo actualmente, también se ha pretendido, aunque no es novedad, dar un giro al enfoque tradicionalista de la educación para dar paso a formas nuevas de llevar a cabo los procesos de enseñanza aprendizaje. Igualmente se ha hablado ampliamente acerca de las consecuencias que generaría hacer todo este cambio y toda esta reestructuración, pero siguen habiendo algunos aspectos que si dejamos de fuera o seguimos dejando fuera podrían terminar mermando la funcionalidad y por lo tanto el éxito de este nuevo proyecto en curso.

Podríamos hablar de la organización de las instituciones afines y responsables del tema educativo en nuestro país como uno de los eternos problemas que siguen sin tener solución clara. Es importante reconocer que la Secretaría de Educación Pública, así como algunas otras instituciones afines siguen teniendo graves errores en su organización y también por supuesto en la implementación de procedimientos o procesos que se contemplan dentro de la Planeación y acuerdos educacionales. ¿Por qué sigue siendo la falta de organización y pericia de la Secretaría de Educación Pública un problema sin resolver? puede deberse principalmente a que todos los mecanismos de evaluación en las etapas de este tipo de proyectos recaen en un 80% sobre el desenvolvimiento del personal de las escuelas y en las autoridades educativas locales, sin embargo a pesar de que hay una constante evaluación de los procesos, las etapas y del personal a cargo de implementarlos, no se da lo mismo en la implementación de estos proyectos a nivel institucional gubernamental, lo cual es muy preocupante dado las constantes deficiencias que este mismo representa y que afectan directamente el desempeño de las personas involucradas. Algunos ejemplos cabales podrían ser la mala costumbre que tienen los gobiernos de implementar o reestructurar campañas educativas en tiempos relativamente cortos, así, se da la planeación, pero en muchos de los casos pareciera ser exprés, con prisas, lo que provoca muy poco análisis sobre la marcha además de confusión, dando pie a errores constantes, procesos tediosos y desarrollos accidentados, generando a su vez cierto fastidio y hartazgo principalmente en docentes y directivos.

Esto atiende un importante error sobre la planeación educativa el cual consiste en no evaluar como debe de ser cada una de sus etapas de forma completa y pertinente, es decir desde el diseño, análisis, implementación y evaluación de la planeación educativa debe tomarse en cuenta cada uno de los actores y las acciones que estos llevan a cabo para poder evaluar su desempeño y como éste impacta de forma general a los demás afectando el resultado final. La SEP evalúa el desempeño docente y el desempeño de los involucrados directamente sobre la implementación de las reformas en el aula y las escuelas, sin embargo, muchos errores de la SEP han llevado a que los maestros se muestren apáticos, obtusos e inconformes debido al desempeño muy por debajo de la norma de calidad del sistema educativo a nivel administrativo que incontables veces termina entorpeciendo la puesta en marcha de las reformas.

A pesar de que en apariencia la planeación de los proyectos educativos mexicanos pretende tomar y abarcar las dimensiones requeridas tanto económica, política, científica y cultural, sigue siendo también un problema el hecho de que evidentemente la dimensión política es la que más pesa en las decisiones que se toman respecto al tema educativo en nuestro país, no sólo ahora, sino desde años anteriores. Esto dicta una tendencia que genera desequilibrio constante respecto a las acciones tomadas, ya que la fluctuación entre los requerimientos y objetivos agendados políticamente chocan y se alejan de aquellos que tienen más que ver con las necesidades imperantes en el orden científico tecnológico y cultural que debieran ser las dimensiones con más peso y determinismo. La dimensión política debe tomarse en cuenta, pero no debe ser el eje principal sobre el que giren los argumentos y las bases que sustentan la transformación educativa. El que cada reforma se vea al servicio no de la sociedad ni de la necesidad de esta sino a la necesidad del grupo político en turno (cuyo objetivo se basa más en complacer demandas de forma superflua y conveniente) prácticamente augura un fracaso, si no total, en el mejor de los casos casi total. A fin de cuentas, se termina muy lejos del verdadero propósito de la educación y su búsqueda de una transformación positiva en la sociedad para poder subsanar aquellas problemáticas que a todos nos afectan.

Mucho tiene que ver que la Macro planeación presenta ciertas características y maneja conceptos de manera superficial ya que toma tintes más complacientes que disruptivos. Con disruptivos me refiero a tintes que en verdad desafíen y pretendan cambiar el sistema actual de las cosas. Muchas cosas pretenden ser cambiadas pero la verdad es que muchas otras siguen estando igual, tengamos claro entonces que sin un cambio profundo no hay tal cosa como una transformación. Eso incluye dejar de hacer de la Macro planeación un proceso casi sistemático que copia la tarea de sus antecesoras. Eso lo puede decir cualquier docente que esté cansado de ver objetivos y metas casi iguales en cada Reforma Educativa, pero con diferentes nombres, levemente diferentes, pero al final sin mucha propuesta. Pasa similar con la Micro planeación, donde se da vueltas y vueltas a términos muy similares, donde los pasos o procesos son los mismos, pero son llamados de forma distinta.

Pensemos por un momento, esto no representa verdadera transformación o cambio, muchas veces parece ser que de forma desesperada se pretende cambiar algo de manera muy superficial ignorando otros asuntos que pueden requerir de cambios más profundos. Mientras perdemos el tiempo reciclando tiempos y procesos, evadimos la realidad que más nos urge transformar y es aquella en la que se deben mejorar los procesos ya existentes, no cambiándoles el nombre o pretendiendo darles una nueva imagen, sino diseñando mejores formas de ponerlos en marcha y de evaluarlos para su mejora constante.

En parte el aferrarse a un tipo de planeación que replica los mismos procedimientos una y otra vez, sistematizando los procesos, nos aleja de la posibilidad de adecuar de forma óptima recursos de todo tipo. Un tipo de planeación tradicional pareciera funcionar siempre, pero en realidad puede llegar a quedarse corta cuando de situaciones excepcionales se trata. Muchos de los involucrados a niveles altos en este tipo de planeaciones suelen ser personas ajenas al campo educativo y toman de partida lo más conocido, experimentado y, por lo tanto, tradicional.

Podemos dar un poco de crédito a la administración actual que pareciera estar optando por el rumbo de la planeación situacional, tomando la complejidad de las problemáticas actuales para enfrentar diferentes realidades que convergen de diferentes contextos a lo largo del país. Involucrando a varios colaboradores y llevando a cabo ciertos procesos de análisis enfocados a replantearse acciones acordes a los resultados. Pero es algo que ya se ha intentado hacer, ¿qué diferencia habría ahora?

Para poder llevar a cabo un proyecto sustancioso se deben tomar en cuenta todos aquellos aspectos que influyen e impactan sobre él. Trazar metas, objetivos que encaminen nuestras acciones de manera coherente, ordenada y sobre todo contextualizada para lograr un resultado integral, puede ser imprescindible al momento de evaluar la vialidad del proyecto.

Como se mencionó antes, dentro de la actual propuesta educativa parecen estar todos los contextos requeridos, por un lado, se habla mucho de realizar adecuaciones curriculares que puedan permitir adaptar las estrategias de enseñanza aprendizaje para reorientarlas a la realidad inmediata del entorno del estudiantado, por otro se habla de una serie de acciones encaminadas a resolver problemáticas complejas. Si nos alejamos de lo administrativo y nos empezamos a acercar a los argumentos académicos podemos encontrar lo contrario a una balanza inclinada a lo político para hallarnos en terrenos que contemplan una visión holística de la educación, una donde los contextos diversos pretenden ser amalgamas que guíen un proceso no sólo facilitador sino real. Se retoma el contexto tanto histórico, económico, pero aquí sí suele darse más peso a lo educativo y social ya que los procesos de aprendizaje son el principal tema junto con el desarrollo de valores y actitudes.

La planeación es un proceso sumamente complejo, un tema que jamás debe tomarse a la ligera pero que siempre debe tomarse con todo el tiempo y los recursos necesarios. En el ámbito educativo se vuelve un requisito inobjetable para poder alcanzar a tener un panorama claro y sobre todo muy bien estructurado sobre lo que se piensa hacer, por qué lo queremos hacer, cómo lo pensamos hacer y con qué. Planear suele ser el inicio de todo gran cambio, sin ello no hay rumbo ni objetivos definidos, no hay procesos ni etapas medibles y por tanto mejorables.

A lo largo de nuestra historia como nación hemos tenido avances y aciertos, pero aún seguimos en el camino continuo de la mejora y aún cargamos problemáticas que precisamente nos han resultado tediosas por no poder en muchas otras veces contemplar una planeación desde todos los flancos y enfoques requeridos. El intento sigue y se aprecia, sin embargo, solemos tener un problema con romper de lleno los paradigmas no sólo educacionales sino organizacionales a nivel institución. Nunca se ha pensado en evaluar a las instancias y mecanismos gubernamentales al momento de desempeñarse para poner en marcha el enorme mecanismo de las reformas educativas, así como nunca se ha puesto sobre la mesa de forma seria el hecho de que la política y sus agendas ajenas a los preceptos educativos tengan un peso que lejos de ayudar entorpecen todos los procesos.

Aun debemos analizar y reflexionar sobre aquellas cosas que nos impiden planear para el éxito educativo, creo que la mejor manera de empezar es con la evaluación de la puesta en marcha de los procesos y etapas y con un enfoque que se aleje cada vez más de la política. Debemos, hoy más que nunca, cuestionar y evaluar el desempeño institucional y gubernamental en los procesos de trasformación educativa. Si queremos una vez más, ver resultados distintos, empecemos por hacer cosas distintas.

*Docente SEP-SEV


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