Dice Claudia Navarro – investigadora y especialista en gestión, políticas educativas y trayectorias escolares – que el rol de la o el director en México históricamente se ha visto atrapado en una paradoja; por un lado, por las reformas educativas y los discursos oficiales que exigen que las y los directivos se conviertan en un líder pedagógico enfocado en el acompañamiento docente y la mejora de los aprendizajes y, por el otro, por la estructura real de las escuelas y los sistemas educativos estatales, que las y los obligan a absorber una abrumadora carga de tareas burocráticas, de gestión de recursos y de mediación político-sindical, de ahí que actúen permanentemente en una frontera compleja, donde equilibrar las experiencias normativas del sistema con la carencias materiales y contextuales de sus planteles escolares es una realidad; y no se equivoca.
Tal vez, ser directivo en nuestro país, es una de las tareas más complejas y difíciles que se puedan conocer, precisamente por lo que se señalaba en el párrafo anterior, pero también, por las vicisitudes que implica el simple hecho de serlo en estos días donde el concepto de “autoridad” se ha desdibujado; diría yo, es una de las labores más ingratas que se podrían ejercer en las escuelas.
Generalmente, la palabra “director o directora”, no siempre ha gozado ni goza de una imagen que signifique respeto, admiración o reconocimiento; pienso que tal cargo, se ha desgastado o devaluado a la par de quienes ejercen la docencia, a pesar de que la misma Secretaría de Educación Pública (SEP) lo considere una pieza importante porque “…es un actor clave del liderazgo institucional y pedagógico, responsable de coordinar, orientar y articular los esfuerzos del colectivo docente hacia la mejora continua de los aprendizajes; de ahí que su función sea prioritaria para transformar a la escuela en una organización inteligente y colaborativa, donde la gestión administrativa y la gestión pedagógica converjan para garantizar el derecho a una educación inclusiva y de excelencia”.
Sí, en palabras escritas en un documento emitido por la SEP se lee muy bonito, pero, esta misma Secretaría, ¿sabrá de los grandes desafíos que enfrenta diariamente el personal directivo por los enormes vacíos que esta dependencia no ha atendido a través del tiempo?
Caray, no puedo creer que esta institución gubernamental desconozca algunos problemas que tiene que atender o resolver un director o directora en estos días; solo por citar algunos ejemplos: a) Una hiperburocratización y saturación administrativa, b) Infraestructura escolar precaria y falta de recursos, c) Sobrecarga de funciones en escuelas multigrado, d) Presión excesiva para la adecuada implementación de la NEM, e) Problemas socioemocionales, de salud mental y violencia al interior del plantel, f) Compleja relación y mediación con los colectivos docentes, g) Sobrecarga de tensiones en la relación con padres de familia u otros actores de la comunidad, h) Falta de autonomía real y centralismo normativo, i) Inseguridad y contextos de violencia social, j) Insuficiencia o ausencia de un sistema real de inducción y formación directiva, entre otros. Créame, la lista podría ser demasiado larga, pero los mencionados, permiten clarificar el punto.
Es cierto, en estos días, alguien podría decir que ser directivo es (o fue) una decisión personal porque el sistema así lo permite, y es cierto, pero ¿no acaso quien toma esa decisión lo hace pensando, sí, tal vez en el recurso económico, pero también, en lo que puede aportar al mejoramiento de los procesos de gestión y de enseñanza y aprendizaje en sus escuelas?
Sí, es cierto, como todo en la vida, habrá algunas de estas figuras cuyo desempeño dejará mucho que desear y se entiende, pero, ¿no acaso todas y todos son parte de una comunidad educativa que aporta su granito de arena para lograr sus propósitos?
Hace unos días comentaba con una directora de una escuela primaria, sobre las dificultades que actualmente enfrenta al estar en ese cargo (por más de 20 años); ella, se ha caracterizado por seguirse profesionalizándose y relacionándose para desarrollar ciertos proyectos en las escuelas en las que ha laborado; me comentaba de las grandes dificultades que hoy le representa mediar con el colectivo docente, particularmente con los de recién ingreso, tanto por temas relacionados con su formación inicial, como comportamentales y/o actitudinales que hacen más compleja su labor.
Seguro estoy que, si en ese momento hubiera tenido la oportunidad de dialogar con algunas o algunos de esos docentes, tal vez habría escuchado un punto de vista similar al de la profesora, es decir, es probable que ellas o ellos me hubieran planteado sus desacuerdos por la forma en que se conducía dicha directora.
Esto que comento es, un sencillísimo ejemplo que evidencia las tensiones que viven las y los directivos a diario. Asunto nada sencillo pues, mediar con su colectivo docente y con las ineficiencias de una secretaría que no se ocupa de ellas y ellos.
Y, para variar, tristemente, ahora se ha convertido en una labor que tiene que velar por su propia vida, ya no profesional, sino en sentido estricto: su vida, porque, como se sabe, en esta semana que está por llegar a su fin, en el estado de Coahuila, específicamente, en la Escuela Secundaria General Número 13 situada en el Ejido la Unión, la profesora y subdirectora Nedi Edith Narváez González fue asesinada por dos ex alumnos y hermanos gemelos de 18 años de edad. Hay versiones que indican que la maestra tuvo que intervenir para que no pasaran a mayores las agresiones que estaban realizando estos sujetos en la escuela y el resultado fue perder su vida.
La Secretaría de Educación Pública federal, sobre este acontecimiento, emitió un escueto comunicado donde lamentaba los hechos ocurridos en ese lugar y con la profesora. Sí, eso vale la o el docente para esta dependencia, un escueto comunicado de dos párrafos. ¿Y el SNTE? ¡Bien gracias! Velando por perpetuarse en el poder ¡Sinvergüenzas!
¿Qué es lo que nos está pasando? – me pregunté al conocer de esta triste noticia –. Desafortunadamente la respuesta no aparece por ningún lado.
A las y los directores, a propósito del Día del Director Escolar del pasado 28 de septiembre, todo mi reconocimiento y admiración. Sí, a esas buenas y buenos directores que, a pesar de todas las vicisitudes, literalmente dan la vida por mejorar un poquito su escuela y el sistema educativo.
Descanse en paz la maestra Nedi.
