#8M ¿Y las maestras?

Anel Guadalupe Montero Díaz

El día internacional de la mujer no es un día de celebración. Vale la aclaración para quien todavía no parece enterarse que las mujeres mexicanas no tenemos nada que celebrar mientras en este país “se protege el Palacio Nacional antes que a las mujeres de los feminicidas y los violadores. En México va a la cárcel una mujer que aborta antes que un candidato violador (…) Vivimos en un país en el que todos los días 11 mujeres y menores de edad son asesinadas. El 97% de los feminicidios queda impune. Cada 4 minutos una mujer es violada”[1]

Esta carta  del colectivo #SomosUnaVoz #8M termina con una frase que muchas mujeres hacemos nuestra: “Estamos hartas de las diferentes violencias en nuestra contra, desde las bromas machistas hasta los feminicidios”

¿Y las mujeres maestras?

Antes de la Reforma Educativa de 2013, en el Sistema Educativo Mexicano la diferencia entre ser maestro y maestra era abismal, porque el género definía la trayectoria profesional, los puestos a aspirar y los liderazgos educativos. Era una discriminación en toda forma bajo el velo de reglas y códigos no escritos que explican en cierto modo el panorama que difunde el periodista Erick Juárez Pineda en sus redes sociales con el título con el título “Algunos datos de brecha de género y desigualdad educativa en México”

  • El 69.6% del magisterio en Educación Básica está compuesto por mujeres (843,143 maestras)
  • Sólo el 30.4% de docentes en Educación Básica son hombres (366,820 maestros)
  • En general, las mujeres trabajadoras de la educación ganan un 37.4% menos que los hombres
  • El 60% de los directores escolares son hombres
  • Sólo el 10% de los puestos de toma de decisión educativa de gran calado están ocupados por mujeres

En respuesta al justo reclamo de las mujeres en la sociedad, la simulación ha sido la respuesta. Baste el ejemplo de las candidatas y sus suplentes en puestos de elección popular manejados como cuota de género para aparentar inclusión. Esto también es una forma de violencia de género.

Las mujeres maestras no necesitamos cuotas, prebendas ni concesiones extraordinarias. Lo que exigimos son leyes como las de la Reforma Educativa de 2013 que nos permitan competir intelectualmente en igualdad de circunstancias con quien sea, porque los rasgos de liderazgo y lo que se necesita para sacar adelante la educación de los niños de este país, no tiene género, pero sí está supeditado a una agenda que privilegia todo, menos lo anterior.

Por ejemplo, la evaluación de desempeño que el SNTE avaló en el sexenio pasado, debió de ser puesta en marcha en la organización sindical, en lugar de la estructura oficial de la Secretaría de Educación Pública y vincular los resultados del trabajo de cada “líder” con su permanencia en el puesto o en la función.

Si la anterior propuesta hubiese sido concretada, otro gallo nos cantaría hoy. Por ejemplo, en una cartera de Trabajo y Conflictos es deseable que el titular rinda cuentas claras y precisas de su función ¿cuántos asuntos recibió? ¿cómo los resolvió? ¿de cuántos temas la orden fue “tómenle la zona”? ¿cuántos apodos puso a las maestras, directoras, supervisoras y Directoras de Nivel? ¿a cuántas mujeres difamó, agravió y sentenció con cómplices que favoreció a través de permutas y movimientos a cambio de apuntalar infamias? ¿en cuántos casos la orden fue “quémenla en las redes”?

Lo anterior es una de las peores formas de violencia de género que existen, porque no matan físicamente a las mujeres maestras, pero sí promueven la muerte civil de las mismas en castigo (nada más, pero nada menos) a su trabajo y compromiso con las bases magisteriales a las que ellos han traicionado tiro por viaje.

Las maestras que construyen liderazgos al margen de la grilla sindical, constituyen una grave amenaza a los liderazgos caciquiles, una afrenta a quienes todavía usufructúan el nombre de quienes de verdad entregaron su vida por la lucha magisterial,  en lugar de operar eficientemente rindiendo cuentas para que las maestras y maestros de México hoy pudieran gozar de una pensión digna sin sobresaltos. Era lo menos que se les pedía. Hasta en eso nos traicionaron.

Y en su realidad alterna, esos mismos funcionarios hoy tienen “la legítima aspiración” de ser Secretarios Generales de Sección, no sin el apoyo de mujeres que piensan que han sido beneficiadas por este tipo de misoginia que en realidad atenta en contra de ellas mismas también, pero el síndrome de indefensión aprendida[2] es así, qué duda cabe.

En el contexto del día internacional de la mujer, leí el testimonio en twitter de una brillante economista que acudía a un programa de radio cuyo titular ejercía un tipo de violencia machista ignorada por el resto de invitados varones que hasta la fecha siguen acudiendo a este programa. En el campo educativo, el fenómeno es muy similar.

Igual que la experta, no soy una víctima ni me considero tal. Los “amigos” y colegas que han sido copartícipes de infamias en contra del género, son los mismos que utilizan la masonería, sus símbolos y circunstancias en forma de tráfico de influencias, complicidades y despiadada destrucción por difamación de quien no opera a fin a sus intereses. Lo único sagrado es su propia agenda.

A este tipo de violentos misóginos disfrazados de razonables corderos hay que enfrentarlos con las armas que dicen poseer: la verdad, la inteligencia y la templanza. A su tiempo.

A los que son muy valientes con las mujeres a las que consideran inferiores en toda forma pero son sumisos, serviles y obedientes con sus pares de las formas más infames que se pueda concebir, hay que combatirlos de frente, con toda la fuerza que la misma ley otorga a las mujeres víctimas de la difamación, la calumnia y la misoginia como formas de control y coerción. La firmeza y la dignidad siempre superarán al tibio acomodaticio que a todos da su coba al tiempo que pretende llevar agua a su molino. También al tiempo.

¿Tú qué sabes, mujer?

Sucede frecuentemente a las mujeres que tenemos la osadía de escribir, que siempre hay más de aludido, alguien que siente o piensa por algún motivo que el artículo o las líneas tienen dedicatoria. Entonces, se aplica una doble ración de infamia: a la desvalorización del texto se une la doble victimización por doble dosis de difamación de la mujer que se atreve a exponer públicamente estos actos de violencia en contra de las maestras.

Una posible explicación de lo anterior, es eso que llaman mansplaining, sinónimo de machoexplicación es definido como

«explicar sin tener en cuenta el hecho que la persona que está recibiendo la explicación sabe más sobre el tema que la persona que lo está explicando;(validando falacias de autoridad) este comportamiento suele darse de forma habitual por parte de un varón hacia una mujer» [3]

Seguimos entonces con la imposición del género masculino en la ecuación en todos los ámbitos, no sólo en el espacio educativo mexicano.

Y todavía hay quien piensa que ser maestra y atreverse a escribir es un acto inocente, cuando debería ser considerado un deporte de alto riesgo frente a la cantidad de hombres que aún creen que tienen algo que enseñarnos.

¿Y qué tal si nosotras les enseñamos que el maltrato no tiene género? ¿y qué tal si las mujeres maestras iniciamos la construcción de un mundo donde ser hombre o ser mujer no tenga la menor importancia para ser tratado con respeto, amor y fraternidad? En una de esas, este tipo de artículos no existirían y la violencia que les dio origen, tampoco.

¿Y usted qué opina?

[1] https://elpais.com/mexico/2021-03-08/senor-presidente-en-mexico-se-protege-el-palacio-nacional-antes-que-a-las-mujeres-de-los-feminicidas-y-violadores.html

[2] https://psicologiaymente.com/psicologia/indefension-aprendida

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Mansplaining

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