Un punto de vista.


Por: José Luis Reyes Fernández.

He leído con interés el artículo de Juan Carlos Miranda y por supuesto muchos otros que me mueven a participar con esta mi opinión.

Haciendo un balance rápido si gustan, por aquello de que aún no vemos los alcances de la reforma educativa de AMLO, y desde mi muy particular punto de vista, lo único “malo” de la reforma de Peña Nieto era lo punitivo, es decir, la sanción por no acreditar un examen que avalara la capacidad profesional. Y entonces protestamos y hoy tenemos ya “un cambio”.

¿Cambio para que y/o para quién? La verdad es que regresamos a lo que en su momento se aplaudió. Se aplaudió la detención de la Maestra y se dijo: ya se acabó con la corrupción de las plazas magisteriales. Y hoy surge la pregunta: y no estamos regresando a eso con esta reforma?

Si observamos bien esta reforma de AMLO, podemos detectar que tiene mucho de la reforma de Peña Nieto. Habrá exámenes para ingresar, habrá exámenes para los que están en servicio, estos por supuesto, disfrazados de un examen de diagnóstico para detectar las carencias de formación del maestro. Seamos críticos serios y no convenencieros. Había cosas buenas en la reforma anterior tal y como las hay en esta. El problema está en que la educación es tomada en los gobiernos anteriores y en este también, como una fuente de votos que permiten acceder al poder.

Hoy, y esto es un punto a favor, las plazas serán entregadas a los egresados de las normales básicas, (y aun así protestamos). Qué bueno. Pero sería excelente quitar la concesión a los particulares de ofrecer educación. Existen infinidad de escuelas de nivel superior que ofrecen formaciones en la pedagogía y de ahí se nutre nuestro sistema educativo. Esto equivale a tener dando clase a distintos sujetos, con distintas formaciones y la mayoría mal preparados porque el insumo en su formación está mal.

Hoy también, se pelea por dar a los Asesores Técnicos Pedagógicos (ATP) la oportunidad de que pasen de ser ATP a supervisores en forma directa. Esto contravendría lo que ya está en la iniciativa de ley secundaria y además muchos no saben que quienes han estado, “desempeñando”, en la función de ATP, son maestros que rara vez han estado en grupo; normalmente se la han pasado como se dice coloquialmente “grillando” y así han llegado a ser ATP.  ¿Razones? son amigos del secretario general, o del supervisor, etc., pero carecen de formación docente algunos y otros de una formación suficiente como para asesorar a docentes que tienen demasiada experiencia frente a grupo. Es decir, no están capacitados para orientar sobre un problema de enseñanza-aprendizaje en el aula.

Estamos pidiendo que a los ATP se les conceda lo que piden y además que se les capacite en su proceso de profesionalización. Creo que ya deben ser profesionales, es decir, contar con los elementos de formación suficientes para ejercer. Esto es, a fin de cuentas, otro gran problema de México derivado de las enormes facilidades para otorgar licencias para formar docentes: en México se cree que en el ejercicio de la profesión docente se te debe de capacitar. La capacitación te la debe de dar la institución que te forma. Lo que debe ser es que en el desarrollo del trabajo docente se de actualización al profesor sobre tópicos en particular. No es lo mismo capacitar que actualizar. Error ancestral de nuestro sistema educativo

De esto hay aún mucho que comentar, y hoy solo dejo algunas preguntas para la reflexión y para futuros comentarios.

1.- ¿A qué se debe que AMLO solo se ha reunido con la CNTE para negociar lo de las leyes secundarias?

2.- ¿Por qué no leemos con cuidado las dos últimas reformas para su comparación?

3.- ¿Por qué aplaudimos que tantas facultades de educación entreguen a la sociedad tantos “maestros”, tan disímbolos en su formación y que forman equivocadamente a nuestros hijos y luego criticamos reformas que trataban de cambiar esto?

4.- ¿Qué pasara con los maestros que presentaron exámenes de promoción en distintas funciones y niveles; que en todas aprobaron y nunca les fue otorgada una clave de ascenso? ¿valdrá más la petición política de una manifestación que el derecho ganado en requisitos cumplidos? (creo que en México sí).

Aclaraciones:

a.- Entendiendo el concepto de política como se entiende en México, me declaro apolítico. No pertenezco a ningún partido político.

b.- Ojala y los maestros pongan el ejemplo y ya no demos juego a expresiones como: “el programa para la carrera de los maestros y las maestras”. Es un error. Con decir para los maestros es suficiente. Ahí está la gramática, la sintaxis, etc. que lo pueden explicar.


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