Un país de mentiras.

Baldemar Montejo Martínez

De norte a sur en nuestro hermoso país pasan los días sin cambios que anuncien un futuro prometedor, sin novedades que alienten la esperanza de una pronta temporada de bienestar; todo sin cambios más que la permanencia de una angustia que alimenta la imborrable incertidumbre. Mas mentiras para un pueblo eternamente saqueado, una raza esclavizada a una vida de tercera en una tierra de primera; lamentando su pobreza y tolerando la desgracia que ha causado una pandilla de delincuentes al frente de un virreinato que se consideraba desaparecido.

Mentiras de que hay mejoras notables, falso que el rumbo nos acerca al crecimiento y a la vanguardia; porque es más palpable el letargo en el que languidece nuestra soberanía. Las decisiones de todos, las toman unos cuantos. Pobres, sumisos y obedientes; resignados hasta la excelsitud.

Más duele saber que nada cambiará, dolor parecido al despecho que carcome, lacera, lastima y corrompe esa esperanza hipócrita que la televisión nos ha hecho creer. Fingimiento que da angustia descubrir, porque un día fue aliento de renovación, una renovación que hoy nadie cree.

Mentiras de un país que llora el destino que le tocó; porque quien lo habita en la silla presidencial lo castiga en nombre de todos sin el consentimiento de su raza. Una raza que nació pura y se estropeó en la mezcla, por ser un mezcla (mestizaje) a quien robaron su origen. Porque un monarca necio e ignorante desconoce el valor de la grandeza de la gente que sostiene su patria, esa que hoy…le llena los bolsillos.

Cada día nos superamos aseguran. ¡Mentira! Mucha mentira, exagerada mentira que rebota en quienes pensamos, en quienes trabajamos; falsedad salpicada de hipocresía burlona ante millones de miserables que aún no se han decidido a hablar. Pero mientras sigamos creyendo que todo es por “mover a México”, seguiremos cada vez más hundidos en la miseria.

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