Un experimento llamado: educación.

A lo largo de los últimos ciclos escolares (desde el 2009 aproximadamente para ser más precisos), se comenzó una etapa de reformas referentes a la Educación y sus distintos ámbitos de aplicación con el propósito de rediseñar los planes y programas de estudio, modernizar los libros de texto, priorizar los contenidos de aprendizaje, influir en el proceso de enseñanza generando una actitud autodidactica y un sinfín de acciones encaminadas a mejorar gradualmente las condiciones escolares en el sistema de educación básica de nuestro país; sin embargo el plan gubernamental a pesar de ser muy ambicioso en sus aspectos generales solo quedó como una buena intención que con el cambio de color en la Presidencia se fue diluyendo.

No se le dio continuidad a un proyecto que si bien es cierto carecía de propiedad respecto a la multiculturalidad del pueblo podía ser perfeccionado a fin de no desperdiciar los esfuerzos y recursos económicos ya invertidos para tales fines.

La situación actual respecto a los ajustes necesarios a la condición educativa de México atraviesan por desatinos y exabruptos; el discurso se encuentra diametralmente distante de la realidad que viven los centros escolares.

Se continua experimentando formas y plataformas que solo ponen entredicho que quienes dirigen los destinos de la educación de nivel básico en la actualidad realmente desconocen la urgencia de emplear tiempo y seriedad en la búsqueda de procesos de solución para males tan añejos que se resisten a desaparecer.

La falta de congruencia en la Secretaria de Educación ha hecho que en los estados se secuestre el mismo sistema que desde siempre ha sido solo un botín donde participan unas cuantas personas, muchas de las cuales totalmente ignorantes de su deber.

Es por eso que en la mayoría de las escuelas se percibe un ambiente enrarecido por el abandono, el descuido, la negligencia y el zigzagueo típico de quien no encuentra un camino acorde a la meta previamente establecida.

No existen garantías del aprendizaje, porque nuestro sistema educativo está mal ensamblado. Se ha convertido en un compendio de ideas tomadas de diferentes orígenes, se continúa experimentando con estrategias inapropiadas para la realidad de una niñez que no ha podido ver satisfechas sus necesidades más indispensables.

El magisterio necesita de oportunidades reales de preparación y profesionalización, una garantía de poder trabajar con los medios y recursos ajustados a las necesidades diferenciadas de los grupos escolares. En un tema tan delicado ya no debe seguirse experimentando.

Baldemar Montejo Martínez

Baldemar Montejo Martínez

Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.
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