Sindicalismo rancio


La lucha por defender los derechos de un trabajador es una encomienda que no se debe conceder a personas improvisadas que por no ser asertivas provocan una decepcionante desgracia; pues cuando no se conocen las verdaderas intenciones del defensor, el defendido queda más expuesto y vulnerable que antes de pretender alzar la voz.

El sindicalismo mexicano huele a partido político; en todo es proporcionalmente equiparable a la misma mafia que gobierna cada rincón del país. Es muy parecido, y hoy más que ayer. Cada día la metamorfosis sufrida viene a ser un excelente resultado que beneficia a muy pocos a costa del rezago de tantos miles más.

Me refiero a que un día se le ocurrió a alguien autodenominarse defensor de los derechos de la gente jodida y desgarrarse las vestiduras poniendo el pecho por causas nobles sembrando simpatía en cada acto; pero al ver que se consigue más siendo el abogado perverso que el trabajador indefenso optó por ser un rico propenso. Así se sumaron muchos, cientos, miles más que abanderan luchas ajenas en buscas de beneficios personales. Así se llenaron los bolsillos de dinero y posiciones políticas. Así nacieron los sindicatos que hoy mantienen niveles de vida opulentos, derrochando excesos y alimentando la codicia interminable.

El sindicato es una asociación de trabajadores que están organizados, comunicados y comulgan en principios y fines congruentes, mismos que han definidos en base a sus justas necesidades  comunes. Bueno, eso era el sindicato; hoy es otra cosa.

Hoy el sindicalismo mexicano sabe a política hipócrita, se parece a un partido político pero más falso y corriente (o sea que no hay elegancia y buen gusto en la demagogia utilizada), no defiende a sus agremiados, solo ve su propia subsistencia y la forma de volverse eterno. Lo peor de todo es que los recursos que maneja y con los cuales se mueve, come, bebe, y se viste pertenecen a personas que se “rompen la madre” a diario aguantando el yugo salarial.

Es injusto y lamentable que se deba pertenecer a sindicatos que no saben siquiera cuales son las necesidades básicas de sus representados. Que al igual que los politicastros de siempre solo reaparezcan en vísperas de un cambio trienal o sexenal.

¡Se subasta la falsedad sindical!


Baldemar Montejo Martínez
Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.

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