Por la Defensa del Normalismo y la Educación Pública en México


En momentos difíciles como los que hoy vivimos, Servicios Públicos como Salud y Educación han otorgado argumentos en demasía del ¿por qué es importante fortalecerlos?, ya que la pandemia generada por el COVID-19 a inicios del año pasado ha evidenciado que la destrucción de estos y otros sistemas que administra el Estado Mexicano han contribuido a obstaculizar una mejor respuesta para la población.

Por ejemplo, tanto se había desentendido el Gobierno de cuestiones de Salubridad que los Hospitales, Clínicas y Centros de Salud dependientes del Estado se vieron rebasados para dar respuesta ante la escalada de contagios generados por el SARS-CoV-2. Las clínicas privadas se dieron el lujo de decidir a quién atender y a quien no, sin mencionar los altos costos por cada día de tratamiento, mientras que en los hospitales públicos los protocolos de atención eran deficientes y casi rupestres no sólo ante este padecimiento, sino muchos más a los que se le dejó de prestar atención como diabetes, hipertensión, problemas renales y cáncer; la falta de especialistas e infraestructura en el Sector Salud fue más que clara y evidente aunado a una respuesta inadecuada por parte de la población escéptica ante la situación Global, reacción un tanto justificada ante la incredulidad generada hacia la información vertida desde Gobierno por años de engaños y manejo tendencioso de la información. A pesar de todo, los médicos, enfermeras y el personal sanitario en general, sacaron la casta para dar lo mejor de sí en todo momento a pesar de sus propias pérdidas humanas.

Hablando en términos de educación, el número de alumnos atendidos en escuelas particulares había ido creciendo los últimos ciclos al igual que las Instituciones Privadas, desde la etapa temprana hasta formación en post-grados, cosa que se detuvo de forma abrupta ante el cierre de espacios educativos y la atención de manera presencial. Dadas las circunstancias económicas de las madres y padres de familia, una cantidad importante de estudiantes fueron inscritos en escuelas públicas para evitar la pérdida del año escolar y sobre todo, el cobro de las “colegiaturas” que se cubrían en centros formativos no públicos.

La Educación Pública y los trabajadores de este sistema, salieron al rescate de la población, buscando las estrategias para llegar a los rincones más recónditos del país y a los alumnos con carencias de todos los tipos, atestiguamos como los docentes tuvieron que innovar en sus clases utilizando plataformas en línea y toda clase de redes sociales para llegar a los hogares mientras que otros, regresaron a los sistemas más simples para compartir conocimientos, ir casa por casa con hojas de papel para trabajar con sus alumnos o pizarrones montados en sus vehículos; administrativos yendo de manera intermitente a los Centros de Trabajo para poder dar de alta información, otorgar constancias, certificados y llevarse la labor al hogar para cumplir con su función; personal de mantenimiento y apoyo haciendo guardias en las escuelas para darle el cuidado necesario a lo poco o mucho que allí se tiene y evitar posibles saqueos por parte de quienes aprovechan estos momentos de vacío presencial.

Por eso, y llegamos al punto nodal de ésta reflexión, que es tan importante cuidar y orientar a quienes hoy se están formando en las diferentes Escuelas Normales del país, apoyarles para un correcto y sano funcionamiento en un sentido de entendimiento mutuo entre Sociedad – Magisterio – Gobierno, reforzando los sistemas que reafirmen las bases de la Educación Pública donde los Normalistas tengan por único objeto coadyuvar en generar y compartir conocimientos que aporten para enfrentar la pandemia y muchas cosas más en todos los sentidos, enfocados obviamente en su área de acción específica.

Desde la utopía me atrevería a proponer un poco más para el Normalismo, hablamos de generar proyectos sustentables de alimentación sana, procesos de crianza de animales para el consumo humano, aportar mano de obra para el mejoramiento de imagen en sus comunidades y donde se encuentren las Escuelas Normales, concepción y creación de energías limpias, reforzamiento de identidad cultural nacional, implementación de actividades pedagógicas para niños y adultos, así como muchas otras propuestas que seguramente podrán hacer nuestros lectores.

En cuanto al Gobierno, su papel es simple, cumplir con los acuerdos suscritos en la Constitución y las leyes que de ella emanan en función de administrar y otorgar los recursos, herramientas e instrumentos así como crear la infraestructura necesaria para que los estudiantes puedan seguirse enfocando en sus obligaciones intelectuales y formativas.

Por último y no menos importante, el Magisterio, con personalidad para seguir cuidando las conquistas laborales que a lo largo de la historia se han conseguido junto con el grueso de los Normalistas y sociedad en general, compartir conocimientos con los docentes en formación y estar en constante diálogo con todas las partes para mejorar el cúmulo de experiencias y que éstas se vean reflejadas en los programas educativos.

Hoy más que nunca es importante curar las heridas causadas por años a tan noble y elegante dama, aquella que ayuda a mejorar a cualquiera que se acerca, quien abre horizontes y genera los avances de la humanidad, me refiero a la Educación Pública. De la misma manera debemos también cuidar de su hijo mayor, el Normalismo, forjador de perfiles caracterizados de valentía y entrega al prójimo.

¡Vivan las y los Estudiantes, Viva el Normalismo, Viva la Educación Pública!


Juan Antonio Guerrero Orrostieta
Licenciado en Educación Física. Militante de la Sección XVIII de la CNTE-Michoacán

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