Nuestra escuela.


Ayer el presidente de la República y el titular de la SEP presentaron información sobre el programa “La Escuela Es Nuestra” (LEEN). Se trata de un programa de financiamiento en el cual se genera una cuenta para transferencias directas y el Consejo Escolar de Administración Participativa (CEAP) –conformado por madres, padres y/o tutores, docentes, directivos y un alumno por Comité a partir de cuarto de primaria– las aplican, monitorean y reportan destinándolas a mejoras materiales de la escuela.

El principio de apoyar directamente a la escuela es una pieza de política pública educativa que ha mostrado enormes logros en otros momentos y contextos. En Mexicanos Primero estamos convencidos del valor de empoderar a la propia comunidad escolar, y que el recurso puede emplearse mejor si llega directo y a tiempo. De hecho, diseñamos y acompañamos la implementación, a través de un acuerdo con la SEP y cuatro estados, del piloto más extenso que se haya ejecutado en el país –previo a LEEN. El “Fortalecimiento e Inversión Directa a las Escuelas” (FIDE), como se denominó el proyecto, se trató de una versión modificada del Programa Escuelas de Calidad. Fue una variante que lo modificó en su raíz, de manera que no fuese ya una bolsa concursable que acababa por aumentar la inequidad entre las escuelas, pues en el enfoque original ganaban los fondos las escuelas urbanas, completas y mejor organizadas, sino que –por el contrario– impulsamos la focalización en las escuelas más carenciadas de las zonas de más alta marginación.

A la vuelta de tres años, este piloto ofreció un conjunto de evidencia que puede ayudar a perfilar mejor el LEEN. ¿Qué aprendimos? A) Debe invertirse tiempo y apoyo para favorecer la participación. Se aprende a participar participando, pero sólo contar con unos manuales no produce el entendimiento y colaboración necesarias para manejar con tino y sensatez los recursos. Las metodologías de diagnóstico participativo, para fijar el orden de prioridades en las mejoras a la infraestructura no es algo que se improvisa. La probidad de la tesorera no garantiza sus capacidades de propiciar el consenso, ni le aporta pistas concretas del manejo y comunicación de las inversiones y los avances de los trabajos.

B) Dejar fuera, o sin voto a los propios estudiantes es un grave error; no sólo tienen mucho que aportar para fijar las necesidades sentidas y las prioridades reales –para que no se gaste en puertas innecesarias, instalaciones de relumbrón pero poco útiles o en techumbres caras antes que en sanitarios urgentes– sino que además la participación de niñas y niños los activa como coconstructores y coresponsables de su comunidad escolar, como es su derecho, y resulta en un aprendizaje vital mejor que el de muchas materias abstractas. LEEN debe incluir en la toma de decisiones la participación activa y permanente de niñas y niños, a riesgo de caer en violación a su derecho constitucional.

C) No se puede arriesgar la seguridad estructural, aumentar peligros en el ambiente físico de estudiantes y docentes, o emprender obras que puedan derruirse, desgastarse o volverse obsoletas de inmediato por falta de competencia técnica. Algunos arreglos se pueden definir con el saber casero o comunitario compartido en los comités y las asambleas de las propias escuelas, pero muchos otros aspectos no, y requieren del conocimiento experto de proyectistas, ingenieras o arquitectas. ¿Cómo una comunidad marginada va a contar con esa asesoría si no se define claramente en las reglas del programa? Es una muy grave responsabilidad del gobierno federal y estatal que la falta de supervisión técnica sobre la autoconstrucción lleve a aulas que puedan desplomarse en sus techos o muros, instalaciones de agua que puedan contaminarse por no conocer los suelos, implantes eléctricos que puedan fundirse o producir fuego, comenzar labores en las que niñas y niños puedan aspirar polvos o químicos que los intoxiquen, etc., etc. No contar con los equipos itinerantes de especialistas -hasta tenemos una NOM oficial para infraestructura educativa, con los requerimientos de materiales y procesos, con especificaciones constructivas y de protección civil- es hacer justicia a medias: es repartir dinero a comunidades olvidadas para que festejen el depósito a la cuenta, con el riesgo de que lamenten el resultado.

La escuela es nuestra, y eso es una verdad enorme. No es de una administración, ni de su presidente, ni de su partido, ni de su secretario. Es de la comunidad. Merece contar con el espacio digno para establecer las relaciones de aprendizaje en un marco seguro, sano, inspirador y cómodo. Pero hay que hacer la tarea; es media buena idea, que requiere la otra mitad para que responda a su promesa. Hay que exigir que no se quede en el reparto, sino que integre la participación y el apoyo.


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David Calderón
Es Presidente Ejecutivo y cofundador de Mexicanos Primero. Fue instructor comunitario en zonas indígenas de Oaxaca e Hidalgo, asistente educativo en campos de refugiados y prisiones, profesor de secundaria, bachillerato y universidad.

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