Los tiempos muertos de Mario Delgado

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Decir, como lo hizo Mario Delgado, que las escuelas públicas pierden el tiempo al final del ciclo escolar, es una ofensa monumental en contra del magisterio mexicano.


Hace una semana, unos días antes del 15 de mayo, Mario Delgado, secretario de Educación Pública, ofendió a las maestras y los maestros de México. Señaló que durante las últimas 4-5 semanas del calendario escolar “no se trabaja” en las escuelas, sino que hay pura simulación puesto que las calificaciones ya están asentadas en actas administrativas.

En el contexto del anuncio, por cierto, desafortunado, sobre un eventual recorte al calendario escolar en la educación básica y media superior del país (11-12 de mayo), el secretario Delgado señaló, además, que las escuelas “no son guarderías”, con lo cual dio a entender que los subsistemas de educación básica y media superior no están diseñados para cuidar niñas, niños, adolescentes ni jóvenes.

Olvida el señor secretario del ramo educativo, que las escuelascumplen una importante función social, entre otras razones, porque en ellas se desarrollan habilidades de socialización, colaboración e integración, habilidades que casi ninguna otra institución pública o del Estado ofrece a las infancias y las juventudes.

Tampoco debe perder de vista el responsable del sistema educativo nacional que la escuela en funcionamiento o la escuela abierta tiene un enorme potencial para el despliegue de los aprendizajes formales informales de sus estudiantes, a diferencia de si la escuela permanece cerrada.

Por lo tanto, los tiempos del calendario de partidos del Mundial de futbol, organizado por la FIFA, no debe ser el factor clave para tomar decisiones en torno al calendario escolar. Esa relación negativa estaba totalmente “fuera de lugar”.

Como si fuera una suerte de comedia de enredos, el secretario de la SEP también pronunció otros dos o tres disparates en la coyuntura de acuerdos y desacuerdos sobre al calendario escolar que está por concluir (ciclo 2025-2026). Una de esas pifias tiene que ver con la acusación que hizo hacia las empresas privadas que presionan a las madres y los padres de familia al no apoyarlos cuando requieren de atender asuntos relacionados con la escuela de sus hijas o hijos (espero no haber malinterpretado las palabras del secretario). ¿Eso provoca que miles de familias vivan estresadas cada vez que no hay actividades escolares?

Por otro lado, en otra de sus piezas oratorias para el olvido, el secretario Delgado dijo que, el cumplimiento del calendario escolar original, es decir, el que establece que se trabaje un mínimo de 185 días al año, o un máximo de 200 días, traería problemas. En esta parte de la débil argumentación, el titular de la SEPse fue a los extremos al afirmar que esos calendarios “se diseñaron durante los gobiernos que pusieron en práctica políticas públicas neoliberales o tecnocráticas”; calendarios que, dijo el secretario del gobierno federal, atentaron en contra de los derechos de las y los trabajadores de la educación.

Se equivocó el señor secretario Delgado, porque, primero, si se trata de hablar de las empresas que no apoyan a las y los trabajadores y que lucran con la afición de uno de los deportes más populares de México, esa empresa se llama Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), organismo internacional privado que presiona a los gobiernos para que hagan ajustes, por ejemplo, a la movilidad de las ciudades donde se ubican los estadios sede de la Copa del Mundo.

Luego de las protestas de una parte de la sociedad civil (docentes, directivos escolares y familias), en contra del acuerdo para recortar el calendario escolar, las autoridades educativas federales y estatales reconocieron que sería un grave error tomar esa absurda decisión, y con ello se vino abajo el mito de que la planificación de dicho calendario (entre 185 y 200 días efectivos de clases) representaba una amenaza de los derechos laboralesde las y los trabajadores de la educación.

Lanzarse en contra de las “empresas” en abstracto, como lo hizo el secretario Delgado hace una semana, fue lo más aproximado a dar una patada en la rodilla de un jugador adversario, puesto que una de las empresas que lucra con el futbol como negocio es nada más y nada menos que la FIFA. ¿Puede un trabajador asalariado asistir siquiera a un estadio, en México, para disfrutar de un partido de futbol de la FIFA con los elevados precios de los boletos?

La FIFA, por cierto, ha estado por muchos años enredada en escándalos de corrupción, problemas de transparencia y rendición de cuentas por sus operaciones opacas, lo cual ha dado como resultado un menguado prestigio social del organismo multinacional.

Decir, como lo hizo Mario Delgado, que las escuelas públicas pierden el tiempo al final del ciclo escolar, “porque son tiempos muertos”, es una ofensa monumental en contra del magisterio mexicano; es una difamación que guarda parecido con aquellas que se dieron durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), cuando se afirmaba que las maestras y los maestros de la escuela pública eran “flojos”, “feos”, “malvestidos”, “ignorantes” y “grillos”. Ese era el lenguajeque las élites gobernantes usaron contra las y los docentes; era y es un lenguaje y una lógica similares desde donde habla también, en parte, el actual titular de la SEP. ¿En qué momento se le sacará la tarjeta roja al responsable del sector educativo nacional?

Como autoridad que encabeza al sector educativo, Mario Delgado deberá de disculparse públicamente con las maestras y los maestros que trabajan en todos los municipios, pueblos y comunidades del país; con las directoras y directores escolares; con las madres y padres de familia; así como con las y los estudiantes de educación básica y media superior por afirmar, explícita e implícitamente, “que ellas y ellos no hacen nada durante “los tiempos muertos” del ciclo escolar.

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