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Por: Dra. Yadira Suhey Díaz Espinosa*


Tengo un murmullo roto en mi mente, un susurro ausente en mi alma,

Hoy no hay palabra que me consuele, tu silencio que amaba,

Hoy como me duele,… hay silencio de muerte,

Sobre nuestras espaldas, un silencio robado,

un silencio que hiere,…

Eladia del Ángel

A partir del 17 de marzo del 2020 las aulas se quedaron sin voz, no hubo más murmullos, todo quedó en silencio, nadie hizo más preguntas, no había sonrisas, la escuela enmudeció.

La Pandemia por el COVID 19 ha generado prácticas distintas que han llevado a la educación en todo el mundo a entrar en un periodo de adaptación a la educación a distancia, en esta vorágine de propuestas y webinares de cómo poder mejorar la educación, evaluar y llevar a cabo las actividades administrativas, hemos pasado por alto lo más importante, escuchar a quienes salieron de las aulas sin entender la magnitud del momento, que después de unas semanas empezó a cobrar las primeras víctimas.

El no regresar a las aulas ha propiciado la creatividad en los docentes, la desesperación en otros, el llanto, la indignación, pero todos lo sabemos porque se han abierto cientos de espacios virtuales para que los docentes, investigadores y altos funcionarios hablen de lo que debería ser la educación a distancia, hay quienes en su arrogancia se atreven a pronosticar que pasará en la post-pandemia, cuando no hemos podido resolver el día a día en estos momentos.

Muchas son las razones por las cuales los niños, niñas y jóvenes no se encuentran en esos webinares, ellos se están ahogando en un mar de actividades que deben resolver, para llenarse al día siguiente con otros tantos; no están porque no tienen conectividad y los datos del celular no alcanzan, porque no hay dispositivos para todos, porque “El aprende en casa” no se ve bien; y principalmente no están porque simplemente a nadie le ha importado escucharlos.

Si bien la escuela no tenía quizás los logros esperados pero era un sitio para divertirse, aprender un poco y ser felices otro tanto, ahora la casa convertida en todo menos en espacio de aprendizaje, es la prisión donde algunos habitan, donde invierten tantas horas a las actividades que no queda tiempo para ser, no es de extrañarse la desesperación de los padres de familia que no ven en la educación a distancia el remedio para la pandemia y al aprendizaje de sus hijos e hijas.

¿Qué nos lleva a aprender?, no es el contenido en sí mismo, es esa experiencia que migra de unos a otros, es el lenguaje que envuelve el tema y lo hace comprensible para todos, es aquella sonrisa que entre los resultados de las sumas se asoma y nos llena cuando hemos acertado, pero ahora pocos responden, ahora la única respuesta que oímos al unísono es: Si se escucha profe, la educación es un acto político, de agenciamiento, que no funciona si no estamos juntos, o por lo menos nos escuchamos.

De ahí la inquietud de educadores que convocándose unos a otros están proponiendo un espacio para escucharlos a ellos, a los sin voz, a los sin megas, a los sin dispositivos, a ellos que son la razón de escribir estas letras; convocando desde distintos lugares hasta lo alto de la Sierra de Guerrero, en Oaxaca y Michoacán las voces de los Colibritos, las Librélulas que nos dan muestra que todo es posible y que tal como lo plantea Freire: Sin un mínimo de esperanza no podemos ni siquiera comenzar el cambio…siempre hay un porqué soñar.

Esto es lo que hemos aprendido de ellos al escucharlos, de entender qué les preocupa hoy, su familia y sus soledades, la partida de sus seres queridos, ellos están ahí y hoy queremos saber qué tienen que decir, por ello uniendo y colaborando como esa oportunidad de entretejernos se ha propuesto el “1er Encuentro Internacional de los niños, niñas y adolescentes voces en tiempos de pandemia”, un espacio para escucharlos y saber qué pasa en distintos lugares, en los espacios de la educación básica con estudiantes de preescolar, primaria y secundaria, que a partir del lenguaje tendrán la oportunidad de construir esa realidad tan ajena a los adultos.

Se contará con la participación de estudiantes de Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Austin Texas, Cuba, Ciudad de México, la experiencia en Senegal, buscando con ello contribuir a re-pensar esa educación en tiempos de pandemia, es momento de hacer una pausa y poner atención a sus voces, por ello les invitamos este 30 de noviembre y 1, 2, 3 y 4 de diciembre 2020, convocamos a todos aquellos que quieran escuchar y sumarse a esta iniciativa.

La cita es por el Facebook CINPECER Rius a las 11:00 a.m, afuera podemos encontrar culpables, pero lo que nos convoca hoy es la ESPERANZA, pero no esa vacía sino aquella donde aprendemos a ser hombres y mujeres siendo en el mundo, aquí buscamos nombrarnos todos y partir de ahí para hacer los planteamientos necesarios, vayamos creando esa incomodidad que derive en nuevas teorías, prácticas, en una escuela-otra.

*CINPECER

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