Las escuelas incompletas y la descarga administrativa.

José Antonio Martínez Gutiérrez

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) reveló en su informe 2014  que,  el 67% de los preescolares, 50.7% de las primarias y 46.5% de las secundarias;  son escuelas incompletas.

Los datos cuentan del grueso número de maestros que a parte de su función pedagógica, son literalmente obligados por la autoridad educativa a  administrar una escuela,  lo cual desde el entendimiento del organismo de la evaluación;  “resta  tiempo” a la enseñanza.

Éstos maestros  mejor  conocidos como directores comisionados, no perciben compensación alguna por el encargo administrativo.  Saben  de la tamaña burocracia que deben  torearse todo el ciclo escolar.

Deben inmerecidamente conjugar su responsabilidad pedagógica  con los innumerable informes que la autoridad educativa  exige para el «correcto»  funcionamiento de las escuelas.

Se cuidan además de no cometer algún error administrativo,   de lo contrario, serán sancionados como si fueran  directores efectivos, que dicho sea de paso, sí percibe paga por su labor.

Es decir, para la autoridad educativa no hay distingo entre director comisionado y efectivo cuando ejecuta las  acciones punibles, pero si cuando se trata de compensarles el trabajo realizado.

Y es que aún cuando pomposamente se anunció al inicio del  ciclo escolar 2013-2014  la puesta  en marcha del «nuevo enfoque de trabajo en educación básica», que plantea entre otras cosas la descarga administrativa,  lo cierto es que el asunto no pasó de un simple y llano discurso de escritorio.

En ese sentido hoy más que nunca «al César  lo del César».    Resulta impostergable delimitar la labor pedagógica de  los maestros.

Corresponde a la autoridad educativa hacer del maestro un agente  de tiempo completo, dedicado sin perturbaciones a la enseñanza.

Pero si aún con los datos duros que el INEE ha revelado en su informe la SEP ignora este desfiguro en el funcionamiento de las escuelas,  enviaría el claro mensaje de que  le importa un pimiento  sus maestros, así como  la traída y llevada calidad de la enseñanza.

Porque en este elemental acto de justicia con el magisterio, no solo ganan los docentes;  también la razón primaria de cualquier sistema educativo:  los alumnos.

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