La técnica de la tortuga: algo más allá de la empatía

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Educar, para muchos padres de familia podría representar darle un teléfono o tableta a su hijo mientras estos realizan otro tipo de actividades…


Hace unos días, a través de las redes sociales se viralizó un video donde se observa a una pequeñita llorando, pero explicándole a su mamá que una compañera se había reído de ella porque, ante una crisis que había tenido en la escuela, realizó la “técnica de la tortuga”; acto seguido, dicha madre abraza a la menor y le expresa que ella tiene que seguir haciendo esas técnicas cuando llegue a presentar una crisis, pero también, que debe comentarle al profesor para que le permita salir del salón y pueda realizarla sin ningún problema. Casi al finalizar el video, que a estas alturas ya es un tanto desgarrador, la niña sigue llorando y comenta con su mami que no pudo terminar su trabajo escolar.

Al pie de dicho video, publicado a través de TikTok se lee lo siguiente (lo transcribo íntegramente): “Eduquemos a nuestros hijos a respetar y ser empáticos, porque no todos vemos el mundo de la misma manera. Un niño con autismo o el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) no es diferente para excluirlo, es especial para comprenderlo. Romy veces no habla igual, no juega igual o no expresa sus emociones como otros, pero siente, ama y necesita amistad. Las técnicas de la tortuga, son técnicas que su psicóloga le enseña para saber controlarse en la escuela, como muchos saben ella no soporta el ruido, y se frustra demasiado como mucha gente. Esto lo vivo día a día y créanme que es bien difícil… uno como mamá verla llorar porque se burlan de ella. No vengo a dar lástima con su video, lo subo para que vean lo que ocasiona un niño con una simple burla porque la educación comienza desde casa”.

Y sí, no se equivoca la madre de esta pequeña al afirmar que la educación comienza en casa, lo cual representa un enorme problema en estos días donde el mundo gira rápidamente y las diversas situaciones propician que, eso que llamamos “educación en casa”, se defina de acuerdo a las circunstancias que se viven cotidianamente. Educar, para muchos padres de familia podría representar darle un teléfono o tableta a su hijo mientras estos realizan otro tipo de actividades, pero también, el dejarlos solos o con un familiar mientras trabajan, se divierten o estudian. Obviamente que para otros podría representar el jugar con sus pequeños, conversar con ellos, leer con estos, en fin, estar, sino al cien por ciento, sí al pendiente de ellos.

Dicho lo anterior, ¿a qué le podríamos llamar educación en casa entonces? Planteo esta pregunta no como eje de la conservación en este texto, sino como parte de una reflexión que tendríamos que hacer para comprender que hay valores fundamentales que, independientemente de las circunstancias por las que podamos atravesar en un momento dado, sí o sí se tienen que enseñar en casa. La humildad o la opulencia no tendría que ser motivo para, por ejemplo, ser irrespetuoso.

Tal vez pocos sepan que, en México, 1 de cada 115 niños presenta algún tipo de Trastorno del Espectro Autista, lo que representa cerca de 400 mil niñas y niños en todo el país. Estos datos o números, si se analizan con detenimiento, no son un tema menor, en virtud de que en el territorio mexicano se reporta, por ejemplo, que cada año nacen poco más de seis mil niños con autismo, lo cual indica que podrían vivir cerca de 1.2 o 1.3 millones de personas con esta discapacidad, sin embargo, muchos casos son difíciles de diagnosticar porque es probable que se encuentren en zonas marginales o más vulnerables, hecho que dificulta o limita el acceso para que pudieran tener terapias con personal especializado.

Esta situación, aunado a que el 14% de las escuelas de educación básica cuenta con el apoyo de personal de la Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER), representa una cobertura limitada, ya que estos solo atienden a poco más del 30% de la matrícula escolar, cuestión que complica y agudiza la atención y apoyo por parte de estos especialistas en los planteles escolares. Peor aún, si se considera que el año pasado se destinaron poco más de 90 pesos por maestro para que pudiera ser capacitado en este y otros temas, la realidad nos bofetea en el rostro evidenciando un grave, pero gravísimo problema que nada más no se atiende como debiera, pero bueno, hay eventos como el mundial de fútbol que sí merecen todo el recurso posible, tanto del gobierno como de los empresarios.

Como es sabido, la técnica de la tortuga es una estrategia de autorregulación emocional y conductual propuesta originalmente por Schneider y Robin (1990) que suele recomendarse y emplearse en entornos escolares y familiares para ayudar a niñas y niños a canalizar la impulsividad, el enojo o la agresividad, es decir que, con dicha técnica, se podría establecer un mecanismo de freno ante situaciones de estrés o de conflicto ya que podría: 1. Controlar la impulsividad evitando reacciones físicas (como los golpes o empujones) o verbales; 2. Identificar señales fisiológicas para que el niño o niña pueda notar cuando su cuerpo se está tensando por el enojo; 3. Fomentar la relajación utilizando la respiración para bajar los niveles de cortisol y ansiedad; 4. Resolver conflictos porque, una vez que el niño se tranquilice, podría pensar en soluciones racionales en lugar de actuar por instinto.

Su ejecución no es compleja, pero sí requiere de que alguien no solo enseñe a realizarla ya que, como toda técnica, esta tiene un fundamento; consta de 4 pasos o fases que se enseñan a través de la historia de una tortuga que tenía problemas porque no controlaba su carácter hasta que aprendió a usar su caparazón: 1. Reconocer el sentimiento cuando la persona noté que está enojado o fuera de control; 2. Alto, indica detener la acción física; 3. Meterse en el caparazón, es decir, aquí el niño encoge los hombros, mete la barbilla al pecho y cierra los ojos (simulando entrar a un caparazón); es, en este refugio imaginario, tras realizar respiraciones profundas diciéndose frases de calma, que el pequeño se tranquiliza; 4. Una vez que se ha tranquilizado sale de su posición para buscar una solución pacífica al problema.

Después de leer esto, pienso en la posibilidad de reflexionarnos y reeducarnos en varios temas que hoy por hoy son indispensables, tanto el sistema educativo como en cada uno de los hogares. Si un niño puede reírse de otro porque tiene una condición que dificulta su desarrollo no es su culpa, la enorme y gran responsabilidad es de los padres porque, ya sea con su ejemplo o con su ausencia, se propician tales desencuentros.

Buena falta nos hace reeducarnos.