La educación, una práctica de libertad: Henry Giroux llama a defender su papel en la democracia

Desde la perspectiva de Giroux, el legado de Freire permite comprender la educación como una práctica de libertad que no se limita a enseñar a leer y escribir…


Del 19 al 21 de agosto de 2026, el Estado de México se convirtió en punto de encuentro para el diálogo educativo con la realización del Segundo Congreso Internacional de Educación: “La Nueva Escuela Mexicana en Acción. Hacia una Comunidad Educativa Humanista y Pluriversal”.

Organizado por la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación del Estado de México, el encuentro congregó a 9 mil 600 participantes de manera presencial en cuatro sedes simultáneas: Ixtapan de la Sal, Jilotepec, Huixquilucan y Atlautla. A esta participación se sumaron 600 mil asistentes virtuales, entre autoridades educativas, investigadores, docentes y otros integrantes de las comunidades educativas.

El Congreso tuvo como propósito generar espacios de diálogo, reflexión e intercambio de experiencias en torno a algunos de los principales desafíos que enfrenta la educación contemporánea. Para ello, se desarrollaron 26 actividades académicas, entre ellas 20 mesas de trabajo y seis talleres, además de conferencias magistrales a cargo de especialistas de México, Estados Unidos, Serbia, Suiza, España y Perú.

Entre las figuras participantes destacaron Henry Giroux, Tanja Vujičić, Angella Holguín, Rafael Bisquerra Alzina, Tarcila Rivera Zea, Miguel Ángel Santos Guerra y Rakesh Krishnan, quienes aportaron distintas perspectivas vinculadas con la pedagogía crítica, la evaluación educativa, la educación emocional, los derechos de los pueblos indígenas, el arte, la formación docente, la democracia y los desafíos de la educación en el contexto global.

En la sede de Ixtapan de la Sal, instalada en el Centro Vacacional Ixtamil del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM), fue posible escuchar la conferencia de Henry Giroux, considerado uno de los principales referentes internacionales de la pedagogía crítica contemporánea.

La intervención de Giroux colocó a la educación en el centro de una discusión que trasciende las aulas: la defensa de la democracia y la construcción de sociedades más justas. Para el académico, la educación no puede entenderse como una actividad políticamente neutral ni reducirse a la aplicación de métodos o a la simple transmisión de información. Por el contrario, obliga a formular una pregunta fundamental: ¿qué tipo de sociedad queremos posibilitar a través de la educación?

Desde esta perspectiva, Giroux sostuvo que defender la educación no es suficiente. Es necesario reivindicarla como un bien público, democrático y como una práctica de la libertad, pues se encuentra estrechamente vinculada con las relaciones de poder, la justicia, la agencia y la acción colectiva.

En un contexto en el que, a su juicio, la democracia enfrenta importantes amenazas, el papel de docentes y estudiantes adquiere especial relevancia. El futuro de las sociedades democráticas, afirmó, dependerá no solamente de las declaraciones de los políticos, sino también de la imaginación, el compromiso cívico y la capacidad crítica de quienes integran las comunidades educativas.

“Es un gran privilegio estar con ustedes hoy día. No me puedo imaginar un público más importante que uno hecho de maestros”, expresó ante los asistentes.

Giroux planteó así que la lucha por la educación forma parte de una lucha global por la democracia, pues los desafíos que enfrenta la escuela no se limitan a un país o sistema educativo. Fenómenos como el colonialismo, el racismo, la dominación económica y las formas de control intelectual y pedagógico adquieren dimensiones transnacionales.

Uno de los momentos centrales de su intervención fue la recuperación del pensamiento de Paulo Freire, cuya obra, señaló, continúa ofreciendo claves para comprender el sentido político y moral de la educación.

Desde la perspectiva de Giroux, el legado de Freire permite comprender la educación como una práctica de libertad que no se limita a enseñar a leer y escribir, sino que posibilita “leer el mundo”, reconocer las fuerzas que configuran la vida de las personas y desarrollar capacidades para intervenir colectivamente en ellas. En este sentido, advirtió sobre los riesgos de concebir la educación como un instrumento de dominación. Los regímenes autoritarios, explicó, comprenden el poder de la educación y buscan limitar la autonomía de docentes y estudiantes, reducir su capacidad de juicio y debilitar las herramientas intelectuales necesarias para cuestionar las estructuras que condicionan sus vidas. Por ello, una sociedad democrática requiere formar personas capaces de desarrollar pensamiento crítico, juicio moral y capacidad de acción colectiva. La pedagogía crítica, sostuvo, no debe entenderse únicamente como un enfoque educativo, sino como una práctica de libertad orientada a formar sujetos capaces de reconocerse como agentes históricos y participar en la construcción de un mundo más justo.

Giroux también llamó a mirar la educación desde una perspectiva intergeneracional. El futuro, subrayó, no se refiere únicamente al presente, sino a las condiciones que las generaciones actuales están construyendo para las que vienen. Frente a las crisis contemporáneas, señaló, no basta con estadísticas o indicadores. Se requiere visión, responsabilidad e imaginación, así como una formación que permita distinguir entre verdad y mentira, justicia y dominación, libertad y autoritarismo.

Estas reflexiones dialogaron directamente con el propósito del Segundo Congreso Internacional de Educación del Estado de México: colocar en el centro del debate la construcción de comunidades educativas humanistas y pluriversales, en las que la diversidad, la inclusión, la innovación y la transformación social formen parte de la tarea educativa.

Las mesas temáticas del Congreso abordaron cuatro grandes ámbitos: educación humanista y pluriversal; prácticas docentes innovadoras desde la Nueva Escuela Mexicana; inclusión, interculturalidad y reducción de desigualdades; y comunidad, liderazgo pedagógico y transformación educativa.

En estos espacios, docentes de distintos niveles educativos y subsistemas tuvieron la oportunidad de participar como ponentes y compartir experiencias, propuestas y prácticas desarrolladas desde sus propios contextos.

Más allá de las cifras de participación, el encuentro dejó abierta una discusión de fondo: qué significa educar en una época marcada por profundas transformaciones sociales, tecnológicas, culturales y políticas. Desde la perspectiva planteada por Henry Giroux, responder a esta pregunta implica recuperar el carácter público de la educación, fortalecer la autonomía de quienes enseñan y aprenden y asumir que educar también significa formar ciudadanos capaces de comprender críticamente su realidad y participar en su transformación. En ese sentido, el Segundo Congreso Internacional de Educación no sólo representó un espacio para compartir experiencias y conocimientos, sino también una oportunidad para recordar que la educación constituye uno de los territorios fundamentales donde se disputa el presente y se imagina el futuro de la democracia.