La CNTE y sus caudillos.


En el delgado margen que delimita el estado de derecho (y sus leyes) y la anarquía se enarbolan protestas que ya desgastadas por la exhibición mediática del monopolio televisivo, solo se reducen a la radicalización sin propósitos definidos.

La presencia de la CNTE en los medios de  comunicación e información predisponen a los ciudadanos a asumir una conducta intolerante con sesgos xenofóbicos.

Muchas de esas actitudes son justificadas porque a fin de cuentas los daños colaterales de quienes no participan en las demandas de la Coordinadora, no ven razón que avale comportamientos desmedidos y en extremo violentos.

Bien es cierto que el derecho a la manifestación y protestas como una garantía de libertad de expresión están garantizados en la Constitución,  también es lógico exigir madurez, orden y respeto para tales efectos.

Sin embargo, la percepción generalizada a nivel nacional es que, la CNTE no tiene un propósito claro, carecen de una verdadera propuesta alternativa de educación; que son demasiados los caudillos al frente, algunos de los cuales solo propagan rabietas entre sus seguidores; disfrazando así en la mayoría de los casos, la verdadera defensa de la comodidad y la opulencia de unos cuantos; todo esto por encima de tantos niños y niñas en la miseria educativa (que no logran lo mínimo del mínimo en contenidos escolares).

No es una alternativa un movimiento magisterial que recurre a la manifestación de la violencia como desquite ideológico.

Y  aunque las “reformas” son solo leyes que por costumbre se acatan pero no se cumplen,  y que son muy contrarias a las que verdaderamente necesita el país (de norte a sur), no se necesita el baño de sangre.

Es necesario un proyecto real y concreto que supere el protagonismo sindical.

Una lucha desde las aulas, forjando conciencias libres e informadas cabalmente. Es necesario un proceso reconstructivo que se aparte del egoísmo y la autocomplacencia política.

Finalmente debemos llegar a las urnas electorales para ratificar o derrocar las evidentes señales de una dictadura perfecta.


Baldemar Montejo Martínez
Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.

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