La bota en la pizarra: la infiltración sionista en las escuelas de Chiapas

Avatar de Hilario Vélez Merino

El colonialismo moderno no arriba necesariamente mediante el despliegue de acorazados o contingentes de ocupación armada; se introduce con pasaporte de cooperante internacional, pinceles para pintar bardas y catecismos que mistifican el exterminio. Cuando el sionismo arrasa Gaza y Cisjordania mientras simultáneamente envía a sus reservistas militares a impartir “misiones de paz” en las escuelas…


1. El colonialismo ya no llega en barco

El colonialismo contemporáneo rara vez entra con acorazados. Llega con pasaporte de cooperante, brochas para pintar bardas y la promesa de ayudar donde el Estado no llegó. Ese es el punto de partida de este análisis: si la escuela pública no forma un pensamiento crítico sólido, cualquier poder externo, militar, religioso o económico, encuentra en el aula una puerta abierta.

Según reportó La Jornada (Hermann Bellinghausen, 27 de octubre de 2026), crece la presencia de jóvenes israelíes, entre ellos exintegrantes o reservistas de las Fuerzas de Defensa de Israel, que participan en “misiones de paz” en escuelas públicas indígenas de Chiapas. Esa información proviene del reportaje y de denuncias de docentes y colectivos; corresponde a las autoridades verificarla y actuar en consecuencia.

2. Gaza como laboratorio y América Latina como mercado

La destrucción de Gaza y la violencia de la ocupación en Cisjordania no son hechos aislados. Organismos y analistas críticos, como Jeff Halper, han descrito los territorios ocupados como un campo de prueba de tecnologías de vigilancia y armamento que luego se comercializan como “probadas en combate”. Esa lógica de seguridad basada en la deshumanización del otro también se exporta como política y como ideología.

Conviene precisar los términos. La crítica es contra un proyecto de Estado y sus políticas de ocupación, no contra un pueblo ni una religión. Confundir ambas cosas sería un error ético y un regalo a quienes quieren desviar el debate. La defensa de la soberanía y del derecho de los pueblos exige claridad: rechazamos la injerencia, el militarismo y el despojo, venga de donde venga, y rechazamos todo prejuicio contra personas por su origen o credo.

3. Religión, política y el espejo de Brasil

En América Latina, el avance de iglesias neopentecostales ha sido aprovechado políticamente por proyectos conservadores. Estudios como los de Manoela Carpenedo y Paul Freston describen cómo ciertos sectores evangélicos adoptaron el llamado sionismo cristiano, que une la fe con el respaldo incondicional al Estado de Israel. Datos del Pew Research Center muestran que los evangélicos pasaron de alrededor de 4% de la población regional en 1970 a más de 20% en la segunda década de este siglo. Brasil durante el gobierno de Bolsonaro ofrece el ejemplo más claro: la alianza entre bancada religiosa, política exterior alineada y militarización del discurso.

Chiapas, con la menor proporción de católicos del país (53%) y un 32% de cristianos no católicos, según las cifras citadas del INEGI, es un terreno donde estas redes religiosas pueden tener mayor alcance. No se trata de señalar la fe de nadie, sino de advertir cómo la pobreza y el abandono institucional crean espacios que otros ocupan.

4. Lo que denuncian los maestros

De acuerdo con los testimonios recogidos en el reportaje, docentes y madres y padres de familia señalan lo siguiente:

  • Los visitantes no son educadores y, en su mayoría, no hablan español ni lenguas originarias.
  • Se han reportado juegos y dinámicas inspiradas en actividades militares con niñas y niños.
  • Se desplaza a los docentes titulares y se interrumpe la planeación y los diagnósticos escolares.
  • Aparecen banderas, mapas y textos en hebreo en espacios escolares públicos, lo que contraviene el carácter laico y nacional de la educación establecido en el artículo 3º constitucional.

Estas son denuncias graves. Si se confirman, no son un asunto de buena voluntad, sino de soberanía, seguridad infantil y laicidad.

5. La responsabilidad de la NEM

La Nueva Escuela Mexicana puso en el centro el pensamiento crítico, la interculturalidad crítica, la comunidad y la descolonización de los saberes. Es un proyecto valioso. Pero hay una brecha entre el currículo escrito y la realidad de las escuelas de los márgenes. Cuando una escuela indígena no tiene presupuesto para pintura, mobiliario o plazas completas, la oferta de “cuatro paredes pintadas” parece un regalo, y el costo pedagógico y soberano se paga después.

El colonialismo también vive dentro de nosotros: en la reverencia ante lo extranjero, en la idea de que quien llega de un país con tecnología militar sabe más que el maestro tsotsil o tseltal que conoce a sus alumnos, su lengua y su territorio. Si el pensamiento crítico queda como consigna y no como práctica, la escuela deja de ser herramienta de liberación, como la soñaron Freire, Vasconcelos y los maestros de las normales rurales, y se convierte en un espacio de asimilación acrítica. Permitir que personas sin formación pedagógica ni mandato legal formen a nuestras infancias no es caridad: es colonialismo pedagógico por omisión.

6. La memoria: espada, cruz y pizarra

La historia lo enseña. La conquista combinó la espada y la cruz, y se apoyó en la educación para borrar cosmovisiones. En el siglo XX, el Instituto Lingüístico de Verano llegó al sureste con estudios y traducciones, y se le acusó de servir de avanzada de intereses externos. Hoy cambian los actores y los discursos, pero la matriz es la misma: entrar por la escuela, por la fe y por la necesidad. Quien no recuerda esa historia está condenado a que se la reescriban en el patio escolar.

“La mentalidad colonialista sigue incrustada en nuestras venas históricas. Ante la piel blanca y la procedencia extranjera, resurge el reflejo atávico de la reverencia y la subordinación. Se asume que el forastero que llega de un país con alta tecnología militar posee una “superioridad natural” que, valida su intromisión en el aula, mientras que el saber ancestral y la autonomía pedagógica de los maestros tsotsiles son desplazados al rincón del silencio.” Reflexión sobre la Subordinación Epistémica.

7. Lo que debe hacer el Estado

  • Prohibir mediante lineamientos de la SEP el ingreso a las escuelas de cualquier militar, exmilitar o reservista extranjero, y regular las “misiones” y voluntariados externos.
  • Pedir a Gobernación y a Relaciones Exteriores que revisen la situación migratoria y el financiamiento de las organizaciones señaladas, con apego a la ley y al debido proceso.
  • Revisar los convenios de seguridad e inteligencia estatales con empresas o funcionarios extranjeros, y garantizar transparencia.
  • Dotar a las escuelas rurales e indígenas de presupuesto directo para infraestructura, y formar al magisterio en el eje de pensamiento crítico de la NEM.

Cierre: el pupitre también es trinchera

Hay quienes llegan a nuestras escuelas con una brocha en la mano y una bandera en el bolsillo. Y hay quienes los dejan pasar porque nadie les dio pintura, ni plaza, ni presupuesto, ni una respuesta. No culpemos al maestro que tapa la grieta con lo que tiene: culpemos al abandono que lo obligó.

Pero que quede claro lo que no vamos a aceptar. No aceptamos que ningún ejército, ninguna potencia ni ningún poder económico o religioso se sienta dueño de nuestras aulas, de nuestras lenguas o de nuestros niños. No aceptamos la reverencia colonial ante la piel clara y el pasaporte extranjero. Y no aceptamos que la palabra “paz” sirva de disfraz a quien viene de ejercer la guerra.

Quienes defendemos la Nueva Escuela Mexicana no la defendemos como consigna, sino como compromiso: somos maestros con el deber de construir una epistemología del Sur, con voz propia, con memoria, con la sabiduría de los pueblos originarios y la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, incluido el palestino. Si queremos cerrar el paso a quienes se creen dueños del mundo, no basta con indignarnos: hay que enseñar a pensar. Un niño que aprende a preguntar quién habla, quién paga y quién se beneficia no necesita guardianes extranjeros. Esa es nuestra trinchera. Y desde el pupitre, con gis, con memoria y con dignidad, nadie la va a tomar.

” La Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Gobierno Federal encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se encuentran ante una prueba de fuego histórica. No actuar con firmeza frente a la intromisión de excombatientes extranjeros en las aulas indígenas equivale a convalidar la erosión de la soberanía nacional y dejar a nuestras infancias a merced de ideologías que legitiman el crimen de guerra en ultramar”. Emplazamiento Institucional.