Indolente pareja presidencial.


A los mexicanos nos ha quedado absolutamente claro que en la Presidencia de la República no existe lugar para los lutos  ni los sentimentalismos.

Y es que al  ejecutivo de la Nación  le valió un pito el escalofriante anuncio del asesinato masivo y posterior calcinación de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y se fue de gira muy  campante  a China y Australia,  y de paso  estrenarse el polémico y  carísimo avión presidencial.

A don Enrique no le importó dejar a su pueblo adolorido por la tragedia de Iguala.    Se fue a atender negocios con los Chinos en medio de protestas que tensan la liga de la estabilidad de su Gobierno.

Y ya en comodidad del asiático País, y ante las protestas y desmanes de quienes exigen justicia por los 43 normalistas, el Señor Presidente clamó envalentonado que la justicia se tiene que exigir, pero  sin recurrir a la violencia.

Tal valemadrismo del Presidente le ha significado creciente rechazo y mayor presión para su Gobierno.

Adereza en clima político el insultante glamour de su esposa que en serio no se mide en medrar el erario público.

Indigna tanta pobreza y desigualdad social en el País  frente al derroche de la primera dama para lucir esplendida durante las galas a las que debe asistir del brazo de su apuesto esposo.

Indigna aún más que su famoso y caro, carísimo maquillista,  brinque de contento porque se fue a China con la exclusiva misión de cuidar la belleza de la primera dama.

Cierto es que la Señora de Peña debe guardar las formas y la elegancia, pero para el momento por el que atraviesa el País,  resulta absolutamente inmoral que con toda la hipocresía característica de clase política no tenga el más mínimo  pudor para el derroche presupuestal.

Súmele además el escandaloso reportaje del portal Aristegui Noticias, en el que revela la impresionante casa propiedad de la Señora Angélica Rivera.

De acuerdo con  la Presidencia de la República  en respuesta al reportaje,  la primera dama gracias a su trayectoria artística, es una persona solvente como para adquirir dicha casa cuyo costo  asciende a unos 86 millones de pesos, y destacó que la esposa del presidente aún la está pagando.

Quisiera creer  que tales pagos no los hará con recursos del erario público,  pero el cinismo imperante en la pareja presidencial al parecer no tiene límites.

Así las cosas lector-lectora, mientras que Enrique y Angélica se gozan del poder, el encono social contra ellos se hace cada vez más evidente.

Sea tal vez porque la pareja presidencial no se comporta como tal, sino como una especie de monarquía.

Claro está que a lo largo de la historia del País, las parejas presidenciales no han sido referentes de austeridad y recato, sin embargo, esto no quiere decir que debamos soportar tanta desfachatez sexenio tras sexenio.

Aquí el  problema de fondo es que  Enrique y Angélica mandan clarísimo mensaje de indolencia ante la tragedia de Iguala, evento que lamentable a  la Nación  le duele, y le duele mucho.


José Antonio Martínez Gutiérrez
Profesor de Educación Primaria.

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