Evidencias ilegítimas


Las supervisiones escolares, cuando menos en educación primaria, generalmente han funcionado como instrumentos de presión, no de acompañamiento para lo cual están diseñadas.

Debe haber excepciones y tal vez muchas excepciones, pero no las suficientes.

Lo anterior se constata con la exigencia de evidencias del trabajo escolar que se realiza en casa, ante la suspensión de actividades educativas por la contingencia de Covid-19 ordenada por el gobierno federal.

A alguna mente detrás de un escritorio se le ocurrió que los profesores podíamos solicitar fotos y videos del trabajo de nuestros alumnos, las cuales deben ser enviadas al director, quien a su vez las enviará a los supervisores y así hasta no sé dónde.

Tal disposición ya se aplica en varias regiones del país.

No imagino a un director o supervisor gestionando 200 imágenes en su teléfono celular (la petición de evidencias se hizo vía whatsapp) o correo electrónico. 200 por mencionar un número, pero podrían ser 500 o más de mil, en el caso de zonas con mayor densidad poblacional.

La ligereza con la que se hizo la demanda de evidencias es hasta peligrosa. Para empezar, viola el artículo 77 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que expresa: “Se considerará violación a la intimidad de niñas, niños o adolescentes cualquier manejo directo de su imagen, nombre, datos personales o referencias que permitan su identificación”.

Ahora bien, el destino final de todas las imágenes es incierto. Como también es dudosa la discreción con la que se manejen a futuro tales archivos audiovisuales. No es cosa menor, solicitar fotos y videos de niños. Aunque sean nuestros alumnos. Sobre todo en estos tiempos en los que el robo y uso inadecuado de imágenes, son moneda corriente.

Los anteriores argumentos se les han hecho saber a los supervisores. Pero su posición es inamovible. Ante tal cerrazón, se ha planteado la opción de enviar fotos únicamente del trabajo escolar, o bien, de los rostros tapados, pixelados o cubiertos con algún emoji. Pero no. Ellos mantienen su exigencia de ver las fotos de los niños trabajando (aunque una fotografía per se no sea una prueba 100% fiable del trabajo escolar).

El error es el punto de partida de la creación, afirmó George Steiner en 2016. Se podría crear mucho por la educación si se corrigieran los errores en la relación que existe entre docentes y supervisores. Pero no. Prefienen sostenerse como un instrumento de presión, en vez de asesorar, recomendar o porqué no, alumbrar el oscuro camino hacia donde se dirige la educación en México.


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Paul Medrano
Profesor de educación primaria, escritor y periodista.

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