Esteban Moctezuma, dos años después

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Hace dos años, el 1 de agosto de 2018, escribí una carta al Lic. Esteban Moctezuma Barragán, quien había sido anunciado en ese momento como el futuro titular de la SEP, durante los meses en que AMLO realizaba los preparativos para la integración de su gobierno, como presidente electo. El original de la carta a la que hago referencia fue publicada gentilmente por SDP Noticias (1). A continuación reproduzco algunos fragmentos de esa misiva, que considero relevantes en la actual coyuntura, dos años después.

C. Lic. Esteban Moctezuma Barragán:

A través de los medios informativos, hemos sabido que usted ocupará el cargo de titular de la Secretaría de Educación Pública del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de la República para el período 2018-2024. Por tal motivo, le expreso algunas inquietudes, preguntas y sugerencias, con respeto y desde el aula, sobre la situación educativa mexicana en el momento actual, en mi condición de profesor de tiempo completo y ciudadano de a pie.

Los retos que enfrentará su gestión al frente de la Educación en México, son grandes y de enorme complejidad. Por ello, considero que en esta importante responsabilidad se requerirá no solamente de imaginación, voluntad y experiencia, sino también de talento político y oficio en el ejercicio del servicio público, y de un liderazgo ejemplar, desde el más alto nivel hasta los mandos medios y operativos de la SEP. Además, se requerirá de tolerancia, actitud de escucha y diálogo permanente, atento, conciliador con todos los actores que, directa e indirectamente, están involucrados en los asuntos de la Educación.

Pienso que, para construir una agenda educativa, a efecto de identificar las más sentidas necesidades educativas nacionales, es pertinente en primer lugar, conversar con el personal de base, es decir, con las maestras, los maestros, las y los directivos, personal de apoyo, asesores y asesoras técnicos, padres de familia y estudiantes de todos los niveles y modalidades educativos, para saber, desde abajo, cuál es el estado en que se encuentra la Educación, hoy, en nuestro país, no desde arriba; y, posteriormente, definir, desde ahí, el tipo y la profundidad del cambio educativo que requiere nuestra nación en las condiciones actuales…

Reorganizar el Sistema Educativo Nacional (SEN), no es una labor fácil debido a su excesivo burocratismo y centralismo. Como usted seguramente sabe, hoy las atribuciones y facultades que establece la Ley General de Educación, para lograr cambios progresistas en los planes y programas de estudio de la Educación Obligatoria (Básica y Media Superior), están limitadas a las decisiones que asume el Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Poco es el margen que da la ley a los gobiernos y a los congresos estatales, y menos aún a los ayuntamientos, a nivel municipal, sobre cuestiones curriculares y pedagógicas.

Lo mismo sucede con las facultades para llevar a cabo nuevos programas nacionales de formación inicial y continua para docentes, asesores técnicos y directivos. Por lo que urge modificar el marco legal hoy existente, previa discusión que se deberá llevar a cabo en los ámbitos del poder ejecutivo y los órganos del legislativo, a efecto de lograr una verdadera descentralización educativa. Una discusión amplia y democrática en la que participen, en igualdad de condiciones, el magisterio en general, no sólo con sus representaciones gremiales; los medios de comunicación; las universidades públicas y privadas; las instituciones formadoras de profesionales de la educación; las organizaciones de la sociedad civil; así como representantes empresariales; estudiantes, padres y madres de familia, entre otros. Ello con la finalidad de crear mecanismos legales y distribuir la toma de decisiones pedagógicas y administrativas en los niveles federal, estatal y municipal, para alcanzar así una democratización de las determinaciones y las acciones relacionadas con la Educación Obligatoria (Básica y Media Superior) y otros niveles educativos relevantes para el país, como es la educación inicial, la educación superior y el posgrado.

A reserva de su mejor opinión, considero que conviene a nuestro Sistema Educativo Nacional contar con mediaciones federales, estatales y municipales (los llamados tres órdenes de gobierno), puesto que una distribución de poderes de tal naturaleza abriría las puertas a una mayor participación de la sociedad en los asuntos educativos cruciales en cada región y localidad (¿Qué opina usted acerca del rezago educativo existente, que incluye no solo el analfabetismo, sino también la no conclusión de la Educación Primaria y la Secundaria en amplios sectores de la población?). Abrir los canales de análisis y decisión acerca de los contenidos y los métodos de la educación obligatoria en México, supone una más amplia participación de los ciudadanos en estos quehaceres, y ello se traduciría en beneficios para las prácticas democráticas y la extensión significativa, oportuna y pertinente de los aprendizajes escolares.

Pienso, Lic. Moctezuma, que una transformación de fondo de la educación pública en nuestro país, demanda de un cambio en la base misma de su organización, y eso debe pasar por el impulso de una modificación del modelo “centralista”, hoy ya decadente, que ha prevalecido en México desde 1921. En su lugar, deberá de operar un modelo planificado y consensuado, a partir de un criterio de descentralización efectiva de los órganos responsables en la toma de decisiones educativas, es decir, tanto en lo pedagógico como en lo administrativo… y que esto último acompañe a ese tipo de decisiones, y no al revés, como ha sucedido hasta ahora. En ese sentido espero, Lic. Moctezuma, que la descentralización no quede reducida sólo en un simple traslado de oficinas federales de una ciudad a otra.

Como lo he comentado en otros textos en este mismo medio, considero justo que se discuta la pertinencia de evaluar no sólo al profesional de la educación en servicio, en lo individual, sino evaluar de manera integral y completa el desempeño de los colectivos escolares (como lo han sugerido, en varios espacios, algunos académicos reconocidos como el Doctor Ángel Díaz Barriga, del IISUE-UNAM), de tal manera que con ello se tengan evaluaciones integrales (no sólo mediciones parciales), acerca de lo que realmente el centro educativo requiere, en un sentido educativo y pedagógico, para que sus estudiantes aprendan lo que de verdad requieren aprender, en el aquí y el ahora, y para su vida futura.

Sería un acierto que el nuevo gobierno creara un Instituto Nacional para la Profesionalización de Docentes, Asesores y Directivos de la Educación Obligatoria. Aun cuando sabemos que existen Escuelas Normales y otras instituciones importantes de educación superior (como la Universidad Pedagógica Nacional), encargadas de la formación inicial de docentes y profesionales de Educación Básica, es evidente que no existen instituciones nacionales dedicadas a la formación profesional y especializada de asesores y directivos de Educación Básica ni de docentes, asesores y directivos de Educación Media Superior. Por ello, la propuesta de crear una institución de este tipo, daría respuesta a esa inminente demanda social a favor de la profesionalización de todas las figuras educativas.

Hasta el momento, los docentes, asesores técnicos y directivos escolares de la educación obligatoria, en su mayoría, no cuentan con una institución que les proporcione programas de formación profesional, sino que se tienen que preparar “sobre la marcha”, de manera improvisada, y con sus propios recursos materiales y financieros…

Dos años después

No se ha hecho un diálogo con las bases magisteriales como se esperaba, “para saber, desde abajo, cuál es el estado en que se encuentra la Educación, hoy…”. El estilo del secretario para dirigir los destinos de la educación nacional, por el contrario, se ha caracterizado por el distanciamiento, el alejamiento, la baja empatía con las y los docentes del país, situación que se agudizó a partir de la aparición de la epidemia-pandemia del Covid-19 (febrero, 2020).

Si bien se organizaron algunos foros de consulta, con el apoyo de la ANUIES (antes y después de la toma de posesión del gobierno de la “4T”), en distintos puntos del país para escuchar a las distintas voces, me quedo con la impresión de que no se realizó lo necesario para “…construir una agenda educativa consensuada, a efecto de identificar las más sentidas necesidades educativas nacionales, (lo cual demandaba) conversar con el personal de base, es decir, con las maestras, los maestros, las y los directivos en las escuelas, personal de apoyo, asesores y asesoras técnicos, padres de familia y estudiantes de todos los niveles y modalidades educativos…”.

Me parece que, después de dos años, la profundidad del cambio educativo que requiere nuestra nación en las condiciones actuales, ha sido leve, superficial, insuficiente. Situación que se ha visto agravada desde marzo pasado, debido a la pandemia. Lo que se ha visto, a lo largo de la gestión inicial de Moctezuma Barragán al frente de la SEP (2018-2020), ha sido un estilo de liderazgo moderado, no echado para adelante y con pocas iniciativas orientadas hacia el cambio. El titular de la SEP muestra en cada intervención ante los medios informativos o en las conferencias en Palacio Nacional, una especie de actitud en un modo “políticamente correcto”. Sin embargo, ello no necesariamente es garantía para impulsar cambios de fondo en los procesos y los productos que requiere la nación en materia educativa.

El marco constitucional y legal que fue aprobado en 2019 fue resultado de nuevos consensos políticos. Sin duda, hubo aspectos y fragmentos del texto Constitucional que fueron negociados y llevados a consenso con las diferentes fuerzas políticas y grupos parlamentarios de la actual coyuntura. Incluso hay algunos analistas, como el doctor Flores-Crespo, que han calificado a la iniciativa enviada al Congreso federal, en diciembre de 2018, como inadecuada, por lo cual se tuvieron que insertar algunos cambios importantes al contenido de la misma.

El “cambio verdadero” en la educación nacional, planteado en campaña por el entonces candidato López Obrador, no se ha alcanzado, y las perspectivas y condiciones para que éste se logre no parecen verse en el corto ni en el mediano plazo. Digo esto, sobre todo, porque hay varios hechos que colocan a la SEP de la era Moctezuma Barragán, en contradicciones, decisiones desafortunadas, falta de transparencia y problemas que no se han atendido adecuadamente. Las expectativas pesimistas tienen sustento.

Contradicciones entre los discursos críticos hacia el neoliberalismo y los hechos, al dar continuidad a las prácticas y los lenguajes “gerencialistas” en la educación pública. Decisiones desafortunadas como en los casos de los nombramientos del subsecretario de Educación Básica y del director general del CONAFE, quienes provienen de una tradición tecnoburocrática priísta. ¿Dónde queda la congruencia política del régimen que pretende realizar “transformaciones de fondo”? Eso parece ser más continuismo que cambio. También, se ha observado falta de transparencia al impulsar proyectos de la Fundación Azteca desde la posición de poder que posee el actual titular de la SEP. A ello se agregan problemas en el manejo burocrático y regresivo de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y de los Maestros (USICAMM); falta de pagos oportunos y en tiempo a profesores y profesoras que han laborado en el sector; incapacidad en el manejo de la emergencia educativa ante la crisis de salud pública, entre otros.

En fin, el balance entre el antes y después de la gestión pública de EMB al frente de la SEP, es un tema que se realiza y que continuará con todo rigor durante los siguientes meses previo al cumplimiento de los dos años de gobierno, puesto que en ello se encuentra depositado el presente y futuro de millones de niñas, niños, jóvenes y adultos en el país.

Fuente consultada:

(1) “Carta desde el aula a Esteban Moctezuma”, SDP Noticias, 1 de agosto, 2018.

jcmqro3@yahoo.com

@jcma23


Publicado en SDPnoticias

TEMÁTICAS: OPINIÓN