Entre batas o armaduras: Feliz día de la Educadora

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Siempre he creído que las batas que son un rasgo muy distintivo de estos y estas profesionales de la educación, son una especie de armadura que suelen emplear para proteger…


En México, cada 21 de abril se conmemora el Día de la Educadora; una fecha por demás significativa para todas y todos aquellos que ejercen su quehacer docente en poco más de 87 mil jardines de niños; espacios escolares donde se atiende alrededor de 4.8 millones de estudiantes, según datos del INEGI de 2021.

Dicha fecha, como se recordará, se estableció en honor al natalicio del pedagogo alemán Friedrich Fröbel acontecido el 21 de abril, pero de 1782. Su obra, por demás importante y necesaria en nuestros tiempos, establecía como principio para el aprendizaje el juego, por ejemplo, a través de la construcción de bloques geométricos y bloques de patrón de actividad, pero también mediante el canto, baile, entre otros, porque, según recuerdo, el niño haría más cosas jugando que no hacía si le eran impuestas de manera autoritaria. Que el niño se mantuviera activo (corporal y cognitivamente) era uno de los aspectos que caracterizaban su propuesta pedagógica.

A poco más de 240 años de su nacimiento, insisto, el legado de este pedagogo es fundamental en el proceso de enseñanza y de aprendizaje, sobre todo cuando observamos que, por ejemplo, las y los padres de familia resuelven temas relacionados con la educación de sus hijos a través de las pantallas de los celulares o tabletas.

A ciencia cierta no sé por qué, en qué momento o en razón de qué se estableció en la cultura mexicana esa idea de que a los jardines de niños las y los pequeños solo asisten a jugar y a cantar durante todo el día; también, desconozco el origen tan sedimentado en la sociedad de nuestro país de que las y los niños deban egresar de dichos jardines sabiendo leer, escribir y contar cuando, como bien sabemos, este es un proceso cognitivo que requiere de su tiempo y espacio; proceso en el que precisamente el juego, el canto, el baile, vaya, el movimiento como eje central para el desarrollo de la motricidad fina y gruesa, son de vital importancia, porque de ahí se derivan muchas de las actividades que requieren de la cognición, es decir, de la mente, como el escribir, leer, contar, etc.

Como tal vez pueda entenderse, a los jardines de niños no solo se va a jugar por jugar, porque dicho juego tiene un propósito formativo; formación que requiere de un amplio y basto conocimiento de pedagogía y didáctica, pero también, del desarrollo infantil, desenvolvimiento del pensamiento y lenguaje, entre otros.

Como parece obvio, quienes asumen esta responsabilidad, son los y las miles de educadoras esparcidas a largo y ancho de la República Mexicana. Hago énfasis en “los y las” porque, como se sabe, desde hace unos cuantos años la formación inicial en educación preescolar que se imparte en las escuelas normales ha recibido a hombres en estos espacios y, por lo tanto, han egresado de las mismas para desempeñarse en los jardines de niños públicos o privados del sistema educativo, es decir, esa idea de que la formación de educadoras era exclusivamente para mujeres ya es obsoleta, pero bueno, volviendo al tema que nos ocupa, quienes son los y las responsables directas de ese proceso formativo en las y los menores de edad, son estos y estas profesionales de la educación.

Sí, hay que decirlo con letras mayúsculas, son profesionales de la educación que son un pilar fundamental en la formación de niñas o niños o, ¿acaso no es de vital importancia su función cuando el menor “deja el hogar” para incorporarse al sistema escolarizado de enseñanza?, ¿acaso no es fundamental ese primer diagnóstico para comenzar a planear los procesos de desarrollo de las y los infantes en un tiempo, a veces, bastante corto?, ¿acaso no es relevante el acompañamiento en ese proceso de descubrimiento de un mundo un tanto diferente de aquel que viven en casa las y los niños, con sus padres?, ¿acaso no es importantísimo el fomento de los valores y buenas acciones a través de los cuentos, leyendas, canciones, bailes, etcétera?, ¿acaso estas y mil cosas más que realizan los y las educadoras en el día a día son fundamentales en el proceso educativo de las y los chicos? La respuesta a todas estas interrogantes es incuestionable: Sí, todas las acciones que conlleva su ejercicio docente son de transcendencia en el desarrollo del ser humano y de las sociedades.

Desafortunadamente, hay que decirlo, dicha educación preescolar no siempre se ha visto así, con esa importancia a la que me refiero en el párrafo anterior; ejemplo de ello fue lo tardío en que se volvió obligatoria tras reformarse el artículo 3º de la Constitución en 2002, es decir, lleva 24 años teniendo esa obligatoriedad y, créanme, el estado mexicano y los diferentes gobiernos tienen o han dejado una enorme deuda con este nivel educativo, esto, independientemente de las reformas que la han sacudido desde 1970 a la fecha: 1. En 1970 se introdujeron las unidades básicas por grados y el enfoque en el desarrollo integral del niño. 2. En 1992 se impulsó el enfoque constructivista y se modernizaron los materiales educativos. 3. En 2004 se implementó el primer programa de estudio de educación preescolar a nivel nacional con un enfoque basado en competencias. 4. En 2011 se reestructuraron los programas para asegurar la continuidad entre preescolar, primaria y secundaria. 5. En 2017 el nuevo modelo educativo se centró en la libertad curricular y el aprendizaje socioemocional. 6. En 2022, la nueva escuela mexicana impulsa la comunidad, la inclusión y la autonomía profesional.

Siempre he creído que las batas que son un rasgo muy distintivo de estos y estas profesionales de la educación, son una especie de armadura que suelen emplear para proteger, cuidar o enseñar a las y los niños, y de la que pueden obtener un sinfín de herramientas e instrumentos para cumplir con esta función, porque en ellas se pueden encontrar desde un lápiz o sacapuntas hasta una pequeña bandita sanitaria (curita) que atienda una pequeña herida. Desde luego, yo recuerdo con mucho aprecio a quien, en ese entonces, con esa pequeña armadura en el cuerpo me enseñó la maravilla de los cuentos, las leyendas, las historias de amor y de miedo, siempre, pero siempre portando su bata con mucho aprecio y cariño. Educadora descubrí años más tarde que así le llamaban y que a eso se dedicaba.

Ojalá este próximo 21 de abril, más allá de las palabras rimbombantes que puedan expresarse en los grandes discursos políticos, pensemos en esos grandes pendientes que se tienen en este nivel educativo, pero especialmente, que agradezcamos a estos hombres y mujeres, que ya sea con batas o armaduras (como yo las veo), realizan una labor encomiable en nuestro sistema educativo mexicano y con la niñez mexicana.

Feliz día educadoras y, desde luego, educadores de todo el país.

¡Feliz día!