El trabajo más difícil en México.


Ser buen maestro, un maestro que verdaderamente hace una diferencia es difícil en cualquier lugar. ¡En México, es todavía más difícil!

Muchos de nosotros tuvimos maestros que nos marcaron profundamente en nuestras vidas. ¿Qué tenían en común?  Entre muchas cosas: conocían muy bien su materia, motivaban a sus alumnos, despertaban el gusto por aprender y  se dedican en tiempo y alma a su vocación… ¡Vaya tarea!

Pero esa tarea la cumple cualquier maestro de excelencia en el mundo. En México hay que ir más lejos…

En México, los maestros tienen además que batallar con problemas familiares, nutricionales y sociales que limitan a sus estudiantes; tienen que lidiar con la falta de infraestructura, en donde no hay aulas bien equipadas, laboratorios e inclusive baños y aún así hacen su trabajo. Por eso, los buenos maestros mexicanos son todavía más grandes que los buenos maestros finlandeses, coreanos o canadienses.

Usando una comparación de comida, los maestros de otros países tienen la mesa puesta, los nuestros tienen que ordeñar, matar a la gallina, desplumar, cocinar y luego poner la mesa.

Ante estos retos, destacar, no conformarse, romper el molde, ser ejemplo es fundamental, y lo es porque con buenos maestros y directores podemos mejorar la calidad de la educación que merecen nuestros hijos. Y sólo si logramos esa calidad educativa podemos aspirar al desarrollo de los mexicanos y de México.

Por eso, pensemos en todos los maestros que hacen una diferencia extraordinaria en la vida de nuestros hijos. Como papás no hay que dejarlos solos. Apoyemos y valoremos la gran labor que hacen no solo con nuestros hijos, sino con cada generación de mexicanos.

Publicado en:  mexicanosprimero.org


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