El SNTE: del caudillismo al… ¿voto secreto?

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Con la caída de la profesora Gordillo muchos llegamos a pensar que esa figura de las presidencias “vitalicias” desaparecería por completo del mapa sindical…


En la historia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el “fenómeno” de los liderazgos prolongados – comúnmente identificados como “presidencias vitalicias” o cacicazgos sindicales – no surgió por decreto, sino que se consolidó a través de reformas estatuitarias y del control corporativo del Estado.

¿Cuándo comenzó este proceso? Veamos.

Aunque el corporativismo y el control férreo de la dirigencia magisterial venían operando desde décadas anteriores al 2004 con figuras como Jesús Robles Martínez a partir de 1949 y posteriormente con Carlos Jonguitud Barrios con su Vanguardia Revolucionaria a partir de 1972, la figura jurídica de la Presidencia Nacional del Comité Ejecutivo del SNTE se concretó en ese 2004, ya que al finalizar el periodo de Rafael Ochoa Guzmán como secretario general (2000-2004), se llevó a cabo un congreso nacional en el que se modificaron los estatutos para “crear” dicha “Presidencia del Comité Ejecutivo Nacional”. Con esta modificación, “La Maestra” Elba Esther Gordillo asumió el poder, pero compartiéndolo nominalmente con un secretario general ejecutivo (que en realidad era irrelevante en esa estructura), hecho que de alguna forma blindó su permanencia indefinida en la cúspide de esa organización hasta que fue detenida y encarcelada en 2013, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

La creación de esta dirigencia de carácter indefinido o “vitalicio” generó algunas reacciones y las más diversas interpretaciones en diversos sectores, pero también, en propios y extraños; por mi parte, me quedaría con las siguientes ideas.

En primer lugar, se sabe que desde la fundación del SNTE en 1943, el estado mexicano encontró en este un pilar, digamos, fundamental para una estabilidad política y el control electoral, es decir, a cambio de una “lealtad corporativa” del gremio y el corporativismo electoral en las urnas, los gobiernos en turno les otorgaron a los líderes sindicales: autonomía interna real, impunidad y el control absoluto de las plazas, presupuestos y escalafones.

Pienso que estas y otras cuestiones favorecieron el control interno y el corporativismo piramidal en este sindicato, de ahí que las dirigencias prolongadas se hayan sostenido mediante la creación de redes clientelares y corrientes internas (como la referida Vanguardia Revolucionaria o el gordillismo). Por obvias razones, dichas estructuras operaban bajo una lógica de premios y castigos, es decir, de lealtad y complicidad a cambio de ascensos, comisiones sindicales o cambios de adscripción, entre otros, pero también, de represión laboral, administrativa o sindical para quienes no congeniaban con estas ideas, los disidentes pues.

Hago un paréntesis para señalar un hecho que no debe o debiera pasar inadvertido, me refiero a la centralización de los recursos y la negociación bilateral que le brindó la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica en 1992 y la conocida descentralización educativa, pues, curiosamente, este acontecimiento propició que el SNTE centralizara aún más su fuerza política frente a los gobiernos estatales y federales; con esto se entiende que, quien controlaba la cúpula sindical controlaba la interlocución con la SEP, lo que le otorgaba un margen de maniobra financiero y político (estatal y federal) incalculable que facilitaba perpetuarse en el cargo. En fin.

Pienso que la modificación de los estatutos en 2004 no fue un accidente, como alguien osaba a afirmar por esos años; desde mi perspectiva, fue una vía legal interna que se empleó para legitimar el poder unipersonal (avalado por los gobiernos en turno), pues al crear un “puesto directivo” por encima del secretario general elegible, se blindó a esa figura “del líder” frente a los cambios sexenales o las demandas de democratización de las bases magisteriales. ¡Nada tonta “La Maestra!

Con la caída de la profesora Gordillo muchos llegamos a pensar que esa figura de las presidencias “vitalicias” desaparecería por completo del mapa sindical, pero, desafortunadamente esto no fue así, porque formalmente dicha figura no ha desaparecido de los estatutos, pero en su práctica institucional, su dinámica cambió radicalmente después de 2013.

Si se revisan con detenimiento los estatutos vigentes de esta organización sindical, se observará que la figura de la presidencia nacional (así como los requisitos para ocuparla) sigue contemplada nominalmente en la estructura orgánica del Comité Ejecutivo Nacional, sin embargo, el diseño del poder interno se modificó tras el periodo de Juan Díaz de la Torre y la posterior llegada de Alfonso Cepeda Salas.

Como se recordará, fue el mismo Díaz de la Torre el que, imagino con aires de pureza, tras la detención de su mentora, renunció a la presidencia por su corte unipersonal y vitalicio, para operar bajo el cargo de presidente del consejo general sindical, y más adelante consolidando su supuesto liderazgo desde la secretaria general, buscando con ello distanciarse de esa imagen, la de la presidencia vitalicia.

Llegado a este momento, alguien podría pensar, que el actual dirigente sindical siguió los pasos de su antecesor y, con el ánimo democratizador con el que inició el gobierno de López Obrador y sus consecuentes reformas para la democratización sindical, solo estaría en el cargo lo que sus mismos estatutos le mandatan, es decir, 4 años, pues qué cree, se equivoca rotunda y plenamente, porque este cacique lleva en el cargo, nada más y nada menos que 8 años, violentando a todas luces sus propias normativas y lo que la misma Ley Federal del Trabajo y la Ley Reglamentaria del Apartado B del artículo 123º constitucional establece. ¿Un pillo o truhan en toda la extensión de la palabra?

¿Dónde quedó la promesa del expresidente de democratizar la vida sindical de México?, ¿dónde queda la edificación del segundo piso de la cuarta transformación cuando desde palacio nacional se sigue apapachando a este tipo de rufianes?

Democracias, elecciones, voto secreto… ¿si cómo no? Y, desafortunadamente, van por más años al frente de esa organización sindical modificando los plazos para la emisión de convocatorias para la renovación sindical.

¡Sinvergüenzas!