El reclamo popular y un presunto hartazgo.

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La situación de inseguridad, corrupción e impunidad que hoy vivimos en muchos lugares de nuestra hermosa republica mexicana nos debería hacer reflexionar sobre lo que deseamos que suceda con nuestra sociedad, con nuestra familia.

Porque es evidente que las cosas no están bien, no solo se trata de delincuencia organizada (y todas las desgracias que ese flagelo provoca); sino de todos los vicios y degradaciones sociales alrededor de la educación, la política, la justicia, la salud, el deporte, la cultura y un sin número de cosas más. Las condiciones de vida en general se ven amenazadas por la incertidumbre y la zozobra.

No han bastado los intentos de remiendo del gobierno federal frente a lo complicado de la situación, y si bien es cierto que el Presidente en turno no ha sido el causante directo de las dificultades si ha sido quien ha tolerado y alcahueteado los malos comportamientos comenzando por su propia casa.

Muy lamentable y ofensivo que en medio de la desgracia de cientos de miles la opulencia de nuestros representantes ante el mundo no tenga medida.

No es nada personal proclamar una rabieta ríspida y odiosa ante nuestros presidentes municipales, diputados, senadores, gobernadores y Ejecutivo Federal porque han sido ellos mismos quienes han prometido al pueblo todo lo contrario a lo que hoy se vive.

Y el reclamo es genuino y preciso después del hartazgo social en que estamos envuelto desde hace mucho tiempo ya.
Los cargos de representación popular son motivo de pleitos a muerte, son asuntos en los que se pierde la vergüenza y los candidatos guardan la cara de perro en busca del ansiado voto.

Son empleos que arrancan al individuo del medio miserable en que vive y lo cubren con un manto real adornado con diamantes y perlas. Entonces lo justo es que también velen por los intereses de la patria, y no solo acumulen tesoros en bancos del extranjero.

El sistema republicano de gobierno y su moribunda democracia enfrentan su estrepitosa caída. Ya hubo nacimiento, esplendor y ahora solo queda en nuestras manos ayudarle con una posible eutanasia nacional.

Baldemar Montejo Martínez

Baldemar Montejo Martínez

Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.