El que para adelante no mira, atrás se queda: La educación en el 2019.

Tal como dice el refrán, así lo dispusieron nuestros sabios y ellos son los que nos ayudan a comprender que quizá la vida no sería tan complicada cuando escuchamos al sentido “común” que como dicen hoy, parece ser el menos “común” de todos.

El futuro, desde la prospectiva es siempre cambiante, aún con las limitantes del proceso interpretativo del tiempo. Ante el cambio, la tradición militar augura la prevención como acción estratégico-táctica necesaria. México vive un proceso coyuntural en su configuración político-educativa nacional. Previo a la 4ta transformación, -como se nombró el eslogan ideológico-político-, hubo tres previas, la Independencia, Reforma, Revolución son los tres momentos descritos por el Mandatario de México, cada uno de estos momentos si bien mantiene barbarie por la violencia sucedida, tiene profundas marcas en el quehacer educativo. Pero por supuesto, las preocupaciones han sido otras, no menos importantes, pero si más urgentes de acuerdo a su época. Estas son la el derecho a la educación, alfabetización, la cobertura, equidad e infraestructura.

Hoy nuestras necesidades son otras, por lo cual es necesaria la pregunta ¿Cuáles son los fines de la educación en México en el marco de la 4ta Transformación? Me parece que esta es la pregunta que todos nos hacemos ante las coordenadas que nos aparecen y que dibujan no uno, sino varios escenarios: futurables, futuribles y aquellos otros que aparecen como alternativos, pero igual nos encajonan en esta bifurcación.

Luego entonces ¿Qué es lo futurable en la 4ta transformación de la educación en México? La educación de excelencia asalta como posible respuesta, una educación que por lo tanto supere las expectativas que hasta ahora ha venido mostrando, es aquello -nos aparece- como un futuro deseable. La educación de “excelencia” apetece a los filósofos, poetas, empresarios, políticos, especialmente en el banquete del discurso y de las reflexiones metafísicas, sin embargo, la realidad concreta nos mostrará otros caminos, algunos de ellos un tanto más amargos.

Hablar de excelencia entonces sería también hablar de una administración que comprendiera que los cambios del modelo educativo no deben tener tantos cambios en un solo periodo, considerando los tiempos en los que tarda la implementación. Así mismo, esto conllevaría a identificar que la estructura educativa esta anquilosada, lo que lleva a tener procesos lentos que promueven una frustración en sus agentes, sean estos administrativos, docentes o directivos.

Hablar de excelencia tendría que ver con el ascesis constante de encontrar nuevas formas de promover el aprendizaje, la educación no solo es el docente y la estructura curricular, sino aquellas formas que garanticen un proceso de incursión de una praxis docente de diversas metodologías, con diversas herramientas todas ellas para un aprendizaje que impulse con sentido “humanista” una formación plural, democrática, equitativa, inclusiva y con las competencias que se exigen en el marco de las demandas de un mercado laboral competitivo con visión de inmediato, corto, mediano y largo plazo.

En suma, hablar de excelencia implica dos vías igualmente necesarias; por un lado, la cualitativa centrada en aspectos creativos, divergente, disruptivo para el logro de los objetivos de un ciudadano del mundo. Pero también lleva consigo el aspecto cuantitativo, un proceso innovador que incluya no solo lo nuevo en todo lo que corresponde a la educación, sino un acción latente, constante, perenne, aquella que aluda a una ruta de mejora proyectada, por lo tanto es una ruta que plantee no solo el qué, también el cómo.

Con estos elementos de los futuros deseables, pensamos ahora en los futuros posibles, ¿Qué es lo futurible sobre la educación en México? Vemos que las intenciones del nuevo titular de la educación pública en México son en torno la lógica de estímulos para el proceso de formación de la carrera magisterial, una política que sin duda es retomada de las recomendaciones emitidas en su momento por Schiller en 1979 cuando era titular del Fondo Monetario Internacional aludiendo a la necesidad de formar al magisterio al puro estilo del condicionamiento operante.

Estas lógicas de estímulos, son una especie de tributo necesario para recuperar la confianza en el magisterio. Esto si se me permite, es una acción que aparece a luz después de la lucha, pues es importante recordar al proverbio italiano “Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja”, así pareciera ser que el nuevo gobierno entiende que es necesario acabar con las miradas celosas y acercarse con otros ojos, después de todo ´el mandatario es quien debe hacer los encargos´, según se expresa la delimitación conocida de su significado.

Amigo y hermano mientras haya dinero en la mano. Así en el escenario político los amigos son de mentira y los enemigos de verdad, por lo que lo posible es la repartición y equilibrio de los grupos de poder. Sin duda alguna, se está iniciando un cambio, por supuesto no es lo mismo rápido que a prisa. Ni mucho menos ipso facto, o a la carrera; por un lado se muestra virtud, por el otro desorden, destiempo y malas decisiones. El cambio aparece y debe ser con mesura, con detalle, pues lo contrario podría parecer un juego grosero.

Lo que podemos evidenciar es que vienen ambos caminos (futurable-futurible), no es posible “voltear la tortilla” como dijera algunos investigadores, la tortilla esta igual desde cada perspectiva que pueda verse. La educación no es lo último que viene, sino lo que ahora acontece, ¿Qué necesita México de su educación? Por supuesto, no es sólo una educación, sino varias, pues nuestra realidad hace que los contextos necesiten respuestas heterogéneas: Equidad, Cobertura, Excelencia, Humanismo, palabras que conjugadas parecen recordarnos los grandes preceptos de lo que pretendemos en el inicio de un nuevo año, la carta a los reyes magos, las metas del año, o simplemente, los sueños de quien los crea despierto, atento a los cambios y a la reforma, ese que está despierto es el docente, que llegará con los estudiantes niños, adolescentes, jóvenes y adultos y donde su papel será el de actuar, no ahora, sino “¡ya!”.

El que para adelante no mira, atrás se queda, pero no es la mirada del futuro, es la mirada activa del “ya”, del “ahora”, del “mañana” y de lo que viene en este año. Estemos atentos, que no es mismo que alerta; atender es accionar y comprender, es conocer-hacer, es moverse.

Al gobierno, pienso con mis respectivas limitantes y oscuridades deberá de atender y convencer de un proyecto largo, un proyecto con cimientos, un proyecto real y activo, conviene entonces pensar en la continuidad del proyecto de transformación. Pues un solo sexenio no basta para reparar los fallos y estira-afloja ocasionados en las administraciones previas, el modelo educativo deberá prever la formación para la incertidumbre, para la creatividad, las artes y por tanto para la innovación. Seguir haciendo más de lo mismo, es un mal que perdura cuando se mezclan fines con medios. La moraleja entonces de este nuevo año, no solo es aclarar el rumbo, la finalidad, sino desmitificar los topos uranos de la educación y actuar sobre el presente concreto pues, como dijo Confucio: “Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes”.

 

 
 

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