El proceso electoral del SNTE

Un periodista usualmente (o inusualmente) muy bien informado de lo que pasa en el SNTE escribió hace unos muy pocos días lo siguiente: “La renovación del SNTE está en curso. La dirigencia nacional de ese gremio magisterial, encabezada por Alfonso Cepeda, tiene el visto bueno para arrancar con la elección de una veintena de comités seccionales. Y nada más. La elección de un nuevo comité ejecutivo nacional no está prevista para el 2020. Y menos, el retorno de la expresidenta vitalicia de la organización, Elba Esther Gordillo Morales, a los cargos sindicales” (Alberto Aguirre, El Economista, 15 de enero 2020).

Sigamos a Alberto Aguirre segmentando sus afirmaciones. Veamos el párrafo que habla del “visto bueno para arrancar con la elección de una veintena de comités seccionales. Y nada más”. Efectivamente el 12 de enero la dirigencia nacional del SNTE hizo público el reglamento para renovar comités seccionales. Grupos opositores al del mando nacional del SNTE señalan al dirigente nacional de hacer el reglamento por su cuenta a contrapelo de las indicaciones presidenciales. No es correcto. Cuando Aguirre habla de que el SNTE “tiene el visto bueno” habla con razón. El maestro Cepeda Salas no tendría herramientas para contrariar la decisión presidencial publicando (sólo) un “reglamento seccional” sin hacer uno nacional. Si lo hace así es porque tiene el correspondiente “visto bueno”. Tiene razón Aguirre. No hay más que añadir.

En otro renglón dice Aguirre: “La elección de un nuevo comité ejecutivo nacional no está prevista para el 2020”. Es correcto. Sigo a Aguirre planteando sólo hechos. Los hechos son que el CEN del SNTE “tiene el visto bueno” para hacer sólo elecciones seccionales. Lo planteo a contrario sensu: si hubiese la decisión más importante (la decisión política del más alto nivel de obligar a elecciones magisteriales nacionales) el CEN del SNTE habría redactado un “reglamento de elecciones nacionales”. ¿No hay reglamento de elecciones nacionales? Entonces es simple: no habrá elecciones nacionales con el visto bueno de todas las autoridades federales que vigilan el proceso. ¿No es obvio? Yo quiero que mañana el Cruz Azul le gane al América. Protección Civil ha cancelado el partido por lluvias intensas. Esto es un hecho. Mi deseo de que triunfe el Cruz Azul queda en eso: en deseo, porque no habrá partido. Regresemos: no habrá elecciones magisteriales nacionales en 2020, todo lo demás es deseo. Acierta Alberto Aguirre.

Otro párrafo de Aguirre dice que no está previsto “el retorno de la expresidenta vitalicia de la organización a los cargos sindicales”. Al respecto, declaraciones atribuidas al secretario de Educación Moctezuma Barragán (Eje Central, 23 de enero 2020) apuntan en ése sentido. Son opiniones del secretario dadas “en un encuentro privado celebrado en el último tercio del año pasado”, 2019. En esas atribuidas afirmaciones dice Eje Central que le preguntan al secretario si el Ejecutivo vería bien que Elba Esther Gordillo dirigiera de nuevo el sindicato, a lo que atajó: “El gobierno no vería bien ni mal que alguien legítimamente participe, concurse y ahora sería realmente. Yo no veo las condiciones políticas para que regresase”. No se necesita más respuesta. Acierta Aguirre.

¿Qué es lo que no ve el secretario para que la maestra Gordillo vuelva al poder? No ve “condiciones políticas”. Centra el secretario atinadamente la definición donde debe estar: lo político se define en lo político. ¿En qué parte del camino se perdieron las “condiciones políticas” que tenía la maestra y que ahora ya no tiene? Es difícil saberlo pero es posible que las “condiciones políticas” se perdieron cuando en abril de 2019, en Puebla, la maestra calificó de “reformita” y de “la misma gata pero revolcada” a la reforma educativa impulsada por el presidente. Parece ser ése el punto de quiebre.

No es correcto afirmar que de manera indudable la nueva legislación laboral obliga a nuevas elecciones nacionales. La nueva legislación aplica, como toda ley, hacia adelante, no es retroactiva. No es correcto tampoco afirmar que primero se debe elegir a la representación nacional y luego a las secciones. En ninguna parte la ley dice eso. Contando con que la ley no lo obliga, el presidente difícilmente se pondría en la tesitura de correr el riesgo de que llegue a la dirigencia nacional del SNTE alguien, una persona, un grupo, que tenga la íntima convicción de no estar de acuerdo con la nueva reforma educativa, la de la 4T, además de que ese grupo o persona tiene a su disposición un nuevo partido político. El riesgo de acumulación de poder en un solo par de manos no quiere correrlo el actual gobierno. Si a eso se añade el reciente golpeteo tuitero diario hacia el titular de la SEP, la relación política se complicará mucho más.

A pesar de ello la maestra, guerrera como es, no ceja en su campaña para orillar a elecciones nacionales, aunque la campaña sea estéril. El 29 de noviembre de 2019 creó su cuenta de Twitter @elbaesther_g que cuenta hoy con poco más de 10 mil seguidores. Asociado a su cuenta de Twitter el 16 de enero de 2020 creó el dominio elbaesthergordillo.com.mx desde Scottsdale, Arizona, según arroja una búsqueda básica bajo el protocolo Whois. El dominio va por dos años y vencerá el 16 de enero de 2022, salvo renovación en godaddy.com. Además de esto la maestra mandó felicitaciones de fin de año en video del 18 de diciembre de 2019  y deseos al magisterio de un feliz regreso a clases en tuit del 8 de enero de 2020. El 24 de enero, en otro tuit, felicitó a la comunidad educativa con motivo del día internacional de la educación.

La dirigencia nacional de SNTE no ha tenido problemas de legalidad con su elección nacional de febrero de 2018 salvo adelantar unos plazos que aquí señalamos y que nadie impugnó: elegir en febrero de 2018 en vez de hacerlo en octubre de 2018, fin del sexenio sindical que comenzó en octubre de 2012. El problema del SNTE, hoy superado, era (era) el de la relación política con el nuevo régimen dada la que tuvieron con el antiguo. Sus dirigentes nacionales han logrado superar el obstáculo en algo por aciertos suyos y un mucho por desaciertos de la parte contraria; y con las mismas armas que habría usado cualquier otro grupo. La campaña estéril puede continuar pero debe notarse que no hay “reglamento nacional” de elecciones sino sólo un “reglamento seccional”. Obligar a elecciones nacionales pasa por modificar estatutos o crear un hoy inexistente “reglamento nacional” y ambas rutas deben pasar por una aduana que suena imposible: vencer una decisión presidencial ya tomada, la decisión de que el SNTE nacional se queda en firme hasta febrero del 2024.

¿Está cumpliendo su palabra el presidente de que habrá voto universal, directo y secreto en las elecciones del SNTE y de que estaba listo para sentarse a ver con satisfacción el proceso? La respuesta es que sí, absolutamente sí. En otro apunte diremos por qué.

Twitter @WenceslaoXalapa

 

 
 

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