¿El fin de la escuela o el de Mexicanos Primero?

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Unos años después, se proyecta en las pantallas de cine otra película que, curiosamente, vuele a presentar una “crisis” en el sistema, escuelas, aulas, etcétera.


En febrero de 2012 se estrenó en cine uno de los documentales más comentados en el ámbito educativo; su título, ya de por sí llamativo, generó polémica en propios y extraños. ¡De panzazo! una expresión generalmente usada como parte del lenguaje escolar y cultura mexicana, para describir cuando alguien aprueba un examen, materia o curso con la calificación mínima indispensable (generalmente 6 en una escala de 1 a 10) y sin un verdadero dominio o comprensión profunda de los conocimientos.

La trama de este documental se enfocó en mostrar una “radiografía crítica” sobre la crisis de la educación básica en nuestro país, tomando como referencia entrevistas, datos estadísticos, testimonios directos y material grabado por las y los alumnos con cámara en mano en las escuelas y aulas; podría decirse que abordó cuatro ejes temáticos: 1. El punto de vista de los actores escolares al interior de los planteles, los cuales mostraban apatía, desinterés o falta de conocimientos (tanto de docentes como de alumnos), atrapados en dinámicas de simulación y clases monótonas; 2. El peso de la familia y de la sociedad “evidenciando” cómo la pobreza, marginación y falta de tiempo y oportunidades de los padres complicaban el acompañamiento familiar; 3. El sistema sindical y político, señalando directamente las fallas estructurales del Sistema Educativo, el poder del SNTE y la opacidad en el manejo del presupuesto destinado a la educación y la complacencia de la SEP ante ello; 4. El llamado a la acción de la ciudadanía impulsando una narrativa de que la “calidad educativa” no mejoraría únicamente por decreto, sino con la participación activa y vigilancia de la sociedad organizada.

A título personal, pienso que tal documental fue un proyecto en cuyo diseño y/o planeación se le destinaron varios meses, sobre todo si consideramos los hechos que le siguieron: el fin del sexenio de Calderón, la campaña electoral de 2012, la llegada de Peña Nieto a la presidencia en diciembre de ese mismo año, la implementación de varias reformas estructurales (entre ellas la educativa), el encarcelamiento de la profesora Gordillo y la evaluación punitiva del magisterio. Mostrar aquellas dolencias de las instituciones del gobierno, SEP, SNTE, pero, además, de docentes, alumnos, padres de familia y sociedad en general, consolidaron de cierta forma “otro” proyecto político conocido como “El Pacto Por México”, en el que el mismo Mario Delgado, actual titular de la SEP, participó con ahínco para la puesta de lo que se conoció como la “mal llamada reforma educativa”.

La denostación en este documental de las y los trabajadores de la educación, particularmente, de las y los maestros, fue mayúscula. Muchas personas vieron, tal vez por primera vez, aquella parte del sistema que no era tan pública que digamos, pero que tras bambalinas corría como murmullo que se lo lleva el viento. Muchos padres de familia cuestionaron el actuar de las y los docentes en las aulas y escuelas sin considerar que, en el ámbito educativo, inciden infinidad de factores para la generación de aprendizajes, como, por ejemplo, la participación activa de estos.

Recuerdo, no una, sino varias veces, haber escuchado a algunos de estos padres expresar que si su hijo no iba bien en las materias era por culpa de la maestra, tomando como referencia lo que recién habían observado en una sala de cine sin cuestionarse cuál era o había sido el papel de estos en ese proceso. Se entiende tal cuestión, porque, como sabemos, no solo en México sino en el mundo, los medios de comunicación juegan un papel importante en esa que podríamos llamar “mala educación” del colectivo social. En fin. La generalización fue un hecho y se castigó a justos por pecadores con ello.

No, por ese entonces ningún medio de comunicación o de esos “académicos” afines a tal visión, cuestionaron cuánto dinero se había metido en los bolsillos Mexicanos Primero; solo uno o dos de dichos medios apuntó que, con este film, se recaudaron 46 millones y medio de pesos. Recursos que, según se dijo después, se destinaron a financiar proyectos, investigaciones y campañas de incidencia social, nada más y nada menos que de esa misma organización: Mexicanos Primero, supuestamente enfocados en la promoción de políticas públicas para mejorar “la calidad y transparencia” en el sistema educativo nacional. En fin.

Unos años después, se proyecta en las pantallas de cine otra película que, curiosamente, vuele a presentar una “crisis” en el sistema, escuelas, aulas, etcétera. Su productor, ligado directamente a Mexicanos Primero, fue director general de esta organización antes de desempeñarse como “servidor público” como secretario de educación de Sinaloa en el gobierno del priista Quirino Ordaz Copel, y bueno, se sabe que Mejía apoyó abiertamente la reforma educativa de 2013, y lo sigue haciendo, tan es así que en este film intitulado “El fin de la educación” recién estrenado, aparece el sargento Nuño, encargado de esa reforma punitiva que tanto agravió al magisterio mexicano.

La trama de esta película no se diferencia mucho de la anterior (De Panzazo); al parecer, la creatividad e ingenio no surgió de esa escuela que dicen que es la mejor para que la sociedad progrese. Muestra, entre otras cosas: 1. La ilusión de la movilidad social y el empleo, exponiendo la promesa histórica de que estudiar garantiza una vida mejor, como si lo que sucede en el mercado y en el mundo entero no influyera para tal hecho (nefasto es que se haya empleado el concepto “código postal” para presentar la dura realidad del destino de las personas); 2. El impacto de la violencia y el entorno que se vive en el país que afectan directamente a las familias, como si en el 2012 con Calderón no hubiera existido dicha violencia, precisamente, fue en este sexenio, que se declaró esa “guerra contra el narcotráfico”; 3. La obsesión por el cumplimiento burocrático que atosiga al sistema, cuando en realidad tal “educación burocrática” se agudizó con eso que ellos llaman “calidad educativa”; 4. El llamado (de nueva cuenta) a las familias y comunidades para que se involucren activamente en el día a día de las escuelas; 5. El papel de la tecnología en la educación y el riesgo de usarlas cuando ellos mismos son los que pertenecen e impulsan a grandes empresas sobre este tema (¿doble discurso?).

Toda esta temática – coincidiendo con una colega – ocurriendo en una escuela/aula estereotipada, con un mensaje más que claro: en la escuela todos deben de aprender lo mismo, de la misma forma, en el mismo tiempo y en el mismo lugar, como si no existiera otra posibilidad pedagógica para la generación de aprendizajes. Vaya, si usted observa la película, verá la colocación de los muebles dentro de ese salón para confirmar tal hecho. ¿Educación tradicional o magistral en pleno siglo XXI? ¡Qué cosas!

Con seguridad alguien se preguntará si, con el argumento que planteó, no es válida la crítica que se le haga al sistema venga de donde venga; desde luego que es válida, solo que invitaría a que se pensara desde dónde se hace esa dicha “crítica” y cuál es su propósito; por ejemplo, en esta película se recurrió a la misma estrategia comunicativa que la anterior, solo que aquí, quién intentó – digo que intentó porque ni eso pudo – ser el protagonista de la misma fue su productor, un “activista de la educación” con ínfulas de querer salvar al mundo… bueno, no al mundo, sino a nuestro país de la catástrofe educativa ahí expuesta. ¡Por favor!

Queda hasta aquí esta breve opinión al respecto. Desde luego, cada quién, después de ver este film (si es que desea verlo, aunque no lo recomiendo) tendrá su propia opinión; si usted asiste al cine, estimado lector, ojalá pudiera tener presente en mente lo que hace un momento comentaba: la crítica es válida, sin embargo, es importante no olvidar desde dónde se hace y para qué se hace.

¡Ah, y por cierto! Esperemos conocer al término de su proyección el destino de los recursos que se obtuvieron con esta producción, porque no creo que se esté haciendo un negocio con la educación… ¿o sí?

Al tiempo.