El Covid-19 y sus efectos en la educación


Lamentablemente los efectos del Covid-19 a nivel global, son una realidad que no se puede soslayar. Diferentes ámbitos están afectados por este virus. La salud, la economía, la sociedad, las relaciones internacionales y por supuesto, la educación. En este texto se abordará algunos de los primeros efectos que el Covid-19 presenta en el ámbito de la educación:

1) La interrupción presencial de los educandos y educandas. Lo primero que hay, es un cierre de recintos escolares públicos y privados, en sus distintos niveles escolares, que van desde educación inicial hasta posgrado. Una forma de responder ante tal emergencia, por parte de nuestras autoridades federales y estatales, fue plantear como alternativa la educación a distancia y en línea. Esto se implementó para todos los niveles y modalidades del sistema educativo nacional. En el caso de educación básica, las autoridades competentes les pidieron a los docentes que realizaran un plan de trabajo para los alumnos y alumnas. Las instituciones se organizaron para llevar a cabo el plan, de distinta forma y de acuerdo a sus posibilidades, a través de: a) el uso de diversas redes sociales para comunicar las actividades, b) anotando en las aulas un calendario de las actividades a realizar, c) proporcionando material impreso en el que se indica las actividades a desarrollar y, otras tantas, d) utilizando un blog o una plataforma para señalar las actividades a realizar. Ante este escenario, ¿Qué se advierte? Qué contenidos se seleccionaron y cómo se iban a poner en contacto los alumnos y alumnas con dicho conocimiento. No es lo mismo tener que realizar como actividades un repaso con conocimientos relativamente familiarizados, como la realización de una serie de multiplicaciones o el resumen de un tema, a realizar una comparación de datos (gráficas de acuerdo al nivel del alumno y alumna) en relación al Covid-19, o una reflexión sobre los argumentos y opiniones que se dan en relación a la salud y a la economía. Se desarrollan disímiles habilidades cognitivas tanto en una tarea como en otra, que requieren ciertas habilidades y herramientas, en las que muchas veces, el acompañamiento del docente es fundamental. La cuestión aquí, es que ante la premura de cumplir con las actividades que se les tenían que encomendar a los alumnos y alumnas, quizá, muchos docentes, no pudieron realizar una pertinente selección de las actividades, menos una reflexión sobre su posible seguimiento. Ante tal situación, probablemente, las actividades se vuelvan un plan administrativo para el docente y una actividad meramente operativa para el alumno, quizá sin mucho sentido, tampoco se sabe con precisión. Tan solo en las redes sociales se lee con mucha euforia a docentes que tienen que enviar a sus autoridades la evidencias (fotos, básicamente) de que los alumnos y alumnas están trabajando. Es decir, el seguimiento de las actividades tienen como referente importante, la entrega oportuna de las actividades, pero no se habla del seguimiento pedagógico, quizá porque no se tengan las herramientas necesarias para poderlo captar, sin embargo, eso lo tuvieron que haber pensado las autoridades educativas. Pareciese que jugamos a la escuelita. Una vez más lo pedagógico se subordina a lo administrativo.

2) La dinámica familiar cambia, en ocasiones sin las condiciones necesarias. El hecho de que las niñas y niños se encuentren en el hogar las 24 horas del día, los siete días de la semana, indudablemente, cambia la dinámica familiar de forma considerable. Ahora, si se le suma, que los niños y niñas tienen actividades académicas diarias a realizar, pues las situaciones, se ven más complejas. En este tenor habría que advertir algunas cuestiones. Primero, el capital cultural de la familia jugará un papel importante en el apoyo que se le pueda brindar al menor o la menor con respecto a la realización de las tareas. Hay muchos hogares que no cuentan con libros, más que los libros de texto, si es que los tienen, de internet ni hablar. Ante un escenario así, las desigualdades educativas se hacen más notables. Segundo, es un hecho que en México hay muchas personas que no saben leer ni escribir o que el nivel de estudios de los padres es la primaria. Esta situación hace pensar, que quizá el acompañamiento que puedan tener las niñas y niños en casa, no será el más propicio para potencializar el acompañamiento en el aprendizaje. Tercero, ¿Los padres podrán acompañar a sus hijos e hijas en las actividades académicas? Hay duda, por varias cuestiones. Por una parte, hay mamás y papás que estarán trabajando desde casa, lo cual dificultará que las actividades se puedan realizar en tiempo y forma. Otros padres y madres, tendrán que tener una organización muy sistemática de los tiempos para poder cumplir con las actividades que se tienen que realizar, ello no es menor, pues las actividades domésticas incrementan al estar todo el día en casa los hijos e hijas. Por último, no menor, el desgaste emocional que viven los padres al realizar las actividades académicas con los hijos e hijas, jugará un papel relevante, pues es un hecho que hay momentos donde los niños y niñas se les dificultará un aprendizaje, lo cual toca de manera importante la tolerancia y paciencia de los padres, más si se le suma, el encierro al que están sujetos todos los que conviven y se acompañan en la actividad académica. Todo lo anterior, aclaro, no es una realidad de todos los hogares, sin embargo, puede ilustrar el de muchos.

3) Entre lo académico y lo económico. Ante un escenario como el que se vive a nivel internacional, la crisis económica es innegable. Sabemos que en México muchas personas tienen un trabajo informal, y que en época de crisis, la situación se presenta más difícil. En ese tenor, el acompañamiento en las actividades escolares que puedan hacer los padres, es casi nulo. Y hay que sumarle que muchos niños y niñas apoyan a sus padres en dichos trabajos. Ante esta disyuntiva, lo académico se subordina a la supervivencia, no hay opción o son muy pocas para los más pobres. Este tipo de crisis afecta con más intensidad a los más pobres, los cuales se ven limitados a poder atender a la educación, renuncian al derecho a la educación porque no se les ha cumplido con el derecho a la alimentación. La educación es una ilusión más que una realidad a la que puedan aspirar. Se espera un regreso a clases difícil, quizá sin algunos alumnos y alumnas que puedan regresar.

El Conavid-19 nos permite reflexionar, una vez más, sobre cuestiones que no reciben la atención que merecen, necesitamos una política educativa que mire lo pedagógico como principal y necesario, que se preocupe por lo educativo en términos reales y no de simulación, una política educativa que apueste por los pobres, necesitamos reflexionar sobre la dinámica de los hogares y necesitamos de forma urgente, una política monetaria y fiscal, que permita construir un escenario más digno para los que más lo necesitan, de lo contrario, las brechas de las desigualdades educativas se ampliaran todavía más. Ojalá que las siguientes acciones escolares que se propongan por nuestras autoridades educativas, sean más intencionadas pedagógicamente y dejen a un lado lo administrativo. Se tiene que pensar que México tiene contextos diferenciados culturalmente y económicamente, quizá las acciones pudieran ser diferentes.


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Juan Rubén Compañ García
Doctor en Pedagogía por la UNAM. Interesado en temas política, educación y sociedad.

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