El COMIE y el normalismo mexicano. Un acierto.

Uno de los eventos más importantes en materia educativa en mi México querido es, sin duda, el Congreso Nacional de Investigación Educativa (CNIE) que promueve el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE). Tan es así, que varios cientos de maestros y maestras asistimos a su XIV Congreso pero también, investigadores, académicos, estudiantes y reconocidos especialistas que hicieron y han hecho, importantes aportaciones al medio educativo a partir de sus indagaciones, mismas que en varios espacios fueron expuestas con el propósito de generar el análisis, reflexión y conocimiento sobre el tema que nos ocupa.

Este es, repito, uno de los espacios más importantes que existen en el país, donde la pluralidad, la divergencia de opiniones, la convergencia de otras tantas más, se hicieron latentes y, espero, sigan con el mismo rumbo y dirección.

El tema que en esta ocasión permeó las actividades de dicho congreso fueron los “Aportes y desafíos de la investigación educativa para la transformación y la justicia social”. Asunto harto relevante que, dadas las políticas sexenales que se han emprendido durante el gobierno peñista y que han influido en toma de decisiones al interior del ámbito educativo, específicamente, en los maestros; fue pertinente a más no poder. La discusión, los diálogos, las conversaciones, las conferencias, las ponencias, en fin, todas las exposiciones giraron en torno a las grandes problemáticas que nos preocupan y ocupan en el medio en el que nos encontramos insertos.

En este sentido, llamó mi atención que en pleno evento inaugural, se haya presentado el Subsecretario de Educación Básica, Javier Treviño, en representación del Secretario de Educación, Aurelio Nuño; es más, a muchos nos causó extrañeza, la ligereza y simpleza con la que se dirigió a la todavía presidenta del COMIE, Rosa María Torres, asegurando que tal asociación, participó activamente en la formulación del “nuevo” modelo educativo. En fin, bien se dice que el fin justifica los medios y, para el caso, a tal Subsecretario se le olvidó que el escenario estaba lleno de investigadores y académicos, y mucho de ellos, tienen la enorme capacidad de diferenciar un discurso demagógico y populachero de uno eminentemente académico.

Así las cosas, un tema que de manera personal fue de mi agrado y que se abordó en diferentes mesas de diálogo, se relacionó con el análisis sobre la formación inicial de docentes, de las escuelas normales y de los normalistas. Como usted sabe, en este y otros espacios, he fijado una postura sobre la educación normal que se ofrece en nuestro país, así como también, sobre el sentido abandono en el que la habían tenido las autoridades de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Graciela Cordero, destacada investigadora mexicana, ofreció un panorama interesante que, en futuras entregas, les daré a conocer, dada la relevancia del tema. No obstante Bertha Fortul, Alberto Arnaut, Manuel Gil, Hugo Casanova, Roberto Rodríguez, Imanol Ordorika, Alma Maldonado, entre otros, hicieron lo propio y fijaron sus posturas al respecto. Situación que, repito, personalmente me llenó de satisfacción y orgullo, porque si algo le hace falta a este país, es precisamente eso, un debate profundo sobre el normalismo mexicano.

¿Por qué no considerar la realización de un foro nacional en el que se discutan los obstáculos, retos y compromisos que enfrenta el normalismo mexicano y sus actores? Ésta, ha sido una pregunta que en reiteradas ocasiones he formulado con la intención de que la SEP a través de la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (DGESPE), logré eliminar la serie de prejuicios, mitos, leyendas y demás cuestiones que permean al normalismo en México. Créame, las voces que escuché durante los cinco días que duró el congreso, fueron voces que cuentan con el respaldo académico que su misma trayectoria les ha otorgado, y no me refiero precisamente a los investigadores mencionados, sino a esos docentes normalistas que en las distintas mesas de trabajo expusieron los resultados de sus investigaciones. ¿Por qué no considerar los datos, evidencias, registros, hallazgos y demás elementos que han emanado de la indagación de los procesos de formación docente para la conformación del Plan de Estudios que se está preparando para la educación normal?, ¿por qué desdeñar el trabajo que algunos cuerpos académicos vienen realizando en esa materia y no se toman en cuenta para darle rumbo y sentido a los planes y programas de estudio de las licenciaturas en educación preescolar, primaria, secundaria, física, etc., que se están formulando?, ¿por qué no abrirse a la crítica fundamentada y a las necesidades que las escuelas normales enfrentan dado el abandono al que habían estado sometidas en todos estos años?

Preguntas y respuestas que, con seguridad, hallarán sentido en la toma de decisiones políticas que desde el centro se desprenden; sin embargo, si de unos años para acá se viene hablando de poner la escuela al centro, ¿por qué no poner al centro a los normalistas con la intención de fortalecer sus aprendizajes y, por ende, el desarrollo de su práctica docente?

En todos estos años en que he tenido la maravillosa oportunidad de convivir con mis amigos normalistas, créame, a nadie, repito, a nadie le he escuchado decir que no desean que se fortalezcan sus aprendizajes. De la infraestructura mejor ni hablamos, el hecho aquí y en el que quiero poner especial atención, es en el fortalecimiento de su capacidad académica y de sus aprendizajes.

Si, ya sé, con seguridad alguien me dirá que existe un programa de fortalecimiento para la educación normal (PACTEN); sin embargo preguntaría, ¿sabe usted cuál es el destino final de los recursos que tal o cual escuela normal obtiene por haber participado en dicho programa a través de la elaboración de un proyecto?

Sin duda, éste es un tema que tiene muchas aristas; por lo tanto, requiere de su atención y no de palabras como las que semanas atrás expresó el Subsecretario Jara al referirse que en el medio normalista hay algunas “escuelas bonitas”.

Más allá del discurso y faramalla, se requiere pensar y repensar el normalismo mexicano a partir de sus actores y protagonistas. Es lamentable que la propia SEP no tomé cartas en el asunto y vaya, es de reconocerse el esfuerzo que en esta materia emprendió el COMIE y sus miembros.

Las ponencias, los diálogos y demás cuestiones sobre este tema quedarán ahí, para las autoridades de la SEP, no obstante quiero pensar que éstas no serán tomadas en cuenta en la elaboración de la nueva curricula normalista, así como lo fue, el que destacados investigadores mexicanos, no fueron considerados – o al menos citados – en el proyecto electorero… perdón, el modelo educativo del que tanto se ufana Nuño y compañía.

 

 
 

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