El arte de leer

La lectura debe ser una adicción y si queremos afianzarla en nosotros y nuestros estudiantes, debemos ir a ella por placer y necesidad...
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Juan Domingo Argüelles, lector asiduo, poeta, ensayista, crítico literario, editor, promotor incansable de la lectura como ejercicio libre al que sólo se llega por interés, emulación y contagio, y agudo crítico de la lectura por obligación, ha escrito, en su texto: Estás leyendo… ¿y no lees? Un libro contra la obligación de leer, que la alfabetización no nos garantiza el gusto por los libros. Por ello, si en otro tiempo se pensó que era importante que las personas que no sabían leer aprendieran a hacerlo, hoy debemos reflexionar porqué la gente que sabe leer no quiere

Desde la perspectiva de nuestro autor, el problema nace de una disyuntiva: mirar la lectura como un ejercicio placentero o verla como algo obligatorio, indispensable para estudiar y aprender; sendero este último que ha desembocado en el dolor, el hastío, el abandono y la repulsa. 

Juan Domingo opta por ver la lectura como gozo y deleite, y no como sufrimiento, aburrición y enfado. Por tanto, la escuela debe ingeniárselas hoy más que nunca para educar en el placer; y los docentes, más que imponer lecturas, deben compartir la experiencia derivada de esta actividad. Experiencia que no sólo es racional ni cognitiva sino volitiva, emotiva, intuitiva y preponderantemente afectiva. Para Juan Domingo la lectura es “un profundo placer, un vicio maravilloso, un deleite singular”; por ello, forzarla es una contradicción, porque “el arte de leer, como el arte de amar, no admite la imposición”.

De esta forma, frente a los “ogros filantrópicos” de la lectura quienes, pese a reconocer la simulación de los programas de lectura en México se cobijan en la hipocresía, la mentira y el engaño, el autor sugiere compartir nuestros gustos respecto a la lectura de un modo gentil, brindando la propia experiencia derivada de los libros, las dudas e inquietudes, los juicios e impresiones causadas en nosotros. 

La lectura debe ser una adicción y si queremos afianzarla en nosotros y nuestros estudiantes, debemos ir a ella por placer y necesidad, porque todo vicio nace ligando ambos aspectos. Así, la obligatoriedad escolar de la lectura ha despreciado esa parte lúdica y gozosa del acto de leer porque “a la escuela no le interesa adentrarnos en el placer o en el gusto de algo, sino domesticarnos en la disciplina, el rigor y la obligación”. Pero la lectura, piensa, debe atender la identificación personal e íntima de quien lee y privilegiar la satisfacción antes que la utilidad práctica. 

No se lee entonces para ser más importante, ni más inteligente, ni siquiera para ser mejor. “Leer no nos hace mejores pero sí distintos”. Y es que, más allá de ser una herramienta de comunicación, un medio de expresión o adquisición de conocimientos, la lectura es una actividad placentera que nos ayuda en la elaboración de nuestra intimidad y en la construcción y reconstrucción de nosotros mismos. 

La lectura, dice el autor, es un acto de libertad cuyo porvenir no está en la obligación sino en el placer. De esta forma, si entendemos que la lectura es un gozo que place y complace, un gusto que se contagia, un vicio y no un castigo, un feliz ejercicio que realiza quien no evade la realidad sino quien aprende a leerla de otra forma, a crearla y recrearla de mil maneras, entenderemos que el único camino viable para que la lectura tenga futuro, consiste en vivirla y hacerla vivir como algo agradable, como una tarea feliz y gozosa que hoy adquiere nuevas formas y enfrenta nuevos desafíos pero que, esencialmente, implica una alegría cuando no se lee “a huevo” ni nos la impone nadie. 

“Los que quieran sufrir con los libros, muy su cuento. Los que sólo leen para estudiar, muy su disciplina. Los que sólo leen para pasar un examen y sacar la carrera, muy su pragmatismo. Los que sólo leen para presumir que leen, muy su vanidad. Los que sólo leen para atormentar al mundo con su cháchara erudita, muy su cuete”. Pero la lectura, dirá Juan Domingo, es un bien personal, íntimo y entrañable; y los libros, si bien nunca valdrán más que la vida, debemos reconocer que, a muchos, nos ayudan a vivir. 

Estás leyendo… ¿y no lees? Un libro contra la obligación de leer,

Juan Domingo Argüelles, 

Ediciones B,

México, 2011.

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