Educación: Entre la Docencia y los Medios de Comunicación


I

Con el anuncio hecho hoy en Palacio Nacional, el país tendrá educación al alcance de un botón. El gobierno del presidente López Obrador optó nuevamente por el pragmatismo, pues en vez de llamar a las y los docentes del país a iniciar una cruzada cívica nacional por la educación a distancia, prefirió buscar a los magnates de los medios de comunicación: Grupo Televisa (Azcárraga Jean), Grupo Azteca (Salinas Pliego), Grupo Imagen (Vázquez Aldir) y Grupo Milenio (González), para llevar a cabo un programa educativo a través de la TV abierta y la Radio tanto pública como privada.

El mensaje implícito es: “Docentes, háganse a un lado, porque el Estado, en alianza con las grandes corporaciones de la comunicación, echará mano de la TV y la radio (e internet) para iniciar clases a como dé lugar… Y al costo que sea…”

¿Por qué el Estado mexicano o, mejor dicho, el gobierno federal no volteó primero a ver al magisterio, para acordar con éste y buscar alternativas educativas ante la actual coyuntura de crisis sanitaria, económica y social? ¿Por qué no hacer una gran alianza con los más de millón 200 mil maestras y maestros que hay en el país y que cargan sobre sus hombros los procesos específicos del sistema educativo nacional? ¿En verdad no había otras opciones, con un poco más de creatividad, para que la educación pública a distancia se llevara a cabo por otras vías?

II

Uno de los debates con mayor presencia, tiempo y trabajo académico, a nivel mundial, que se ha desarrollado en la educación durante los últimos meses en el contexto de la pandemia del Covid-19, es el de la pertinencia, o no, de la enseñanza y los aprendizajes mediados por las nuevas tecnologías de la comunicación, la información y el conocimiento. En ese análisis colectivo, se han producido diversas ideas y alternativas, y se han fijado posiciones, con sus respectivos argumentos, a favor y en contra de la sustitución de la figura del docente durante los procesos educativos. El debate no ha concluido y las propuestas fluyen hoy en día.

Una sociedad sin escuelas físicas, sino virtuales, requiere ciertamente de innovaciones y alternativas viables; pensar socialmente en ello es la tendencia mundial, pero ¿es posible sustituir la figura del maestro y la maestra a través de una pantalla o una bocina? ¿Acaso no sería más conveniente que las naciones invirtieran en el desarrollo de programas robustos para actualizar a las y los docentes, a efecto de trabajar y armonizar con las nuevas tecnologías, y dotarlos de los medios locales y de los recursos más creativos para que realizaran su labor educativa, pedagógica y didáctica? ¿Cuál es el sentido de marginar las experiencias docentes?

No hay duda sobre las capacidades tecnológicas que se tienen en las diferentes naciones, y en México, para no detener los procesos de enseñanza y aprendizaje (debido a la condición de una sociedad sin escuelas físicas) dada la magnitud de la crisis sanitaria, económica y social que enfrentamos. Sin embargo, no por ello la voz de las profesoras y los profesores habrá de ser ignorada. En el caso de nuestro país, con el anuncio que se dio a conocer durante la conferencia mañanera del día de hoy, lamentablemente, el magisterio nacional fue anulado una vez más. El gobierno perdió la oportunidad de “reconciliarse” socialmente con el gremio educativo nacional. Espero que no sea demasiado tarde para rectificar.

¿Con qué cara el presidente de la República y el secretario de Educación pueden hablar de la “revaloración” del magisterio mexicano si esta vez no fue invitado a las mesas de negociación previas al inicio del ciclo escolar? ¿Con qué argumentos se puede defender la idea de una “educación pública”, cuando el jefe del ejecutivo se sienta a negociar el inicio, en este contexto delicado, con los magnates de la comunicación (medios electrónicos convencionales)?

III

Queda pendiente, pues, el diálogo con el magisterio mexicano. El tema de la educación no se resuelve solamente con la “transmisión de información”, sino que es un complejo que incluye procesos de aprendizaje de socialización de valores y actitudes; de largos procesos de desarrollo integral de las personas; de la búsqueda de los equilibrios adecuados y pertinentes en la salud física y psicoafectiva o emocional de todos los actores educativos; de programas de actividades físicas artísticas y tecnológicas. ¿Quién más podría hacer esa labor a distancia, sin poner en riesgo a la ciudadanía en época de pandemia? La respuesta es inmediata: Las maestras y los maestros, con el acompañamiento de asesores técnicos y directivos escolares, y con la participación comprometida de las familias.

¿Cuál es el afán del presidente López Obrador y de su secretario del ramo al establecer acuerdos y compromisos de carácter educativo, como línea de política pública, con los empresarios y sin el magisterio? ¿Por qué poner en manos de las grandes corporaciones televisivas y de radio en el país el arranque del ciclo escolar 2020-2021 con estas formas de actuación política tan verticalistas y pragmáticas?

Desafortunadas decisiones, porque la apuesta por una “educación de las pantallas y las bocinas” también tiene y tendrá sus costos en las brechas de desigualdad y de inequidad sociales y educativas (carencias tecnológicas materiales y educativas), que se profundizarán durante este y los siguientes ciclos escolares. ¿Cómo se podrá garantizar el derecho pleno a la educación para las niñas, los niños, los jóvenes y los adultos mexicanos en estas condiciones?


Publicado en SDPnoticias


Juan Carlos Miranda Arroyo
Profesor titular de T.C. en UPN (Qro., México)

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