De la reunión técnica a la comunidad que aprende: una experiencia formativa en la Zona 02 de Secundarias Técnicas

Avatar de Hilario Vélez Merino

Una experiencia de formación situada que muestra cómo la supervisión, el liderazgo compartido y el trabajo colegiado pueden fortalecer a la escuela como comunidad de aprendizaje.


En la Zona Escolar 02 de Secundarias Técnicas, integrada por ocho planteles distribuidos en Mérida, Progreso y Chicxulub Pueblo, el ciclo escolar 2025-2026 fue más que una etapa administrativa: fue un tiempo de búsqueda, ajuste y aprendizaje compartido. La zona atiende a 2,705 estudiantes y cuenta con 267 docentes frente a grupo, en contextos escolares diversos que exigen respuestas diferenciadas y una mirada común de mejora. En ese escenario, la transición del Consejo Técnico Escolar hacia la Comunidad de Aprendizaje se convirtió en una tarea real, concreta y urgente.

No se trató solo de cambiar nombres o reorganizar sesiones. El desafío fue más profundo: transformar reuniones que durante mucho tiempo estuvieron centradas en asuntos operativos en espacios donde el profesorado pudiera pensar su práctica, confrontar evidencias, reconocer avances y asumir compromisos con sentido pedagógico. Desde esa convicción, el equipo pedagógico de zona asumió la formación como acompañamiento, no como imposición; como diálogo, no como trámite.

La experiencia comenzó a tomar forma con un principio sencillo, pero decisivo: si la escuela quiere mejorar, primero debe verse a sí misma con honestidad. De ahí surgió el uso del Instrumento de Observación y Caracterización del CTE como Comunidad de Aprendizaje, el IOCA-CTE, que permitió observar seis dimensiones clave del trabajo colegiado: identidad y confianza, diálogo y reflexión, colaboración, autonomía profesional, formación situada y liderazgo directivo. Gracias a este recurso, la zona pudo dejar atrás las impresiones aisladas y construir una lectura más objetiva de sus procesos.

El diagnóstico inicial mostró con claridad tanto las posibilidades como las tensiones del camino. En muchos planteles, el Consejo Técnico Escolar seguía operando con una lógica más administrativa que formativa: la conducción recaía casi por completo en la dirección, había poco tiempo para el análisis pedagógico y los acuerdos no siempre contaban con responsables o fechas de seguimiento. A ello se sumó un hallazgo preocupante: ningún plantel reportó evidencias de seguimiento trimestral ni evaluación final de su Programa de Mejora Continua. La planificación existía, pero aún no lograba consolidarse como un instrumento vivo de transformación.

Frente a ese panorama, la zona apostó por una formación situada y progresiva. En febrero de 2026 se desarrollaron los Talleres Intensivos “Ser y hacer en Comunidades de Aprendizaje”, con jornadas diferenciadas para directivos y docentes. La intención fue clara: que cada actor comprendiera su papel en la construcción de una escuela más colegiada, más reflexiva y responsable de sí misma. Los materiales de trabajo, las guías de análisis y los trayectos de avance ayudaron a que la formación no se quedara en el discurso, sino que se tradujera en acciones concretas.

Después vinieron las sesiones del Consejo Técnico de Zona, que dieron continuidad al proceso. La cuarta sesión puso en el centro el trabajo colaborativo como condición indispensable de las comunidades de aprendizaje; la quinta profundizó en el papel del directivo como líder pedagógico; y la sexta, titulada “De la Cordialidad a la Corresponsabilidad”, dejó una enseñanza decisiva: no basta con convivir bien, hay que aprender a corresponsabilizarse mejor. La cordialidad abre la puerta; la corresponsabilidad sostiene el cambio.

Esa idea resume buena parte de lo vivido en la zona. En varias escuelas se observó que el clima de respeto y confianza ya existe, pero todavía hace falta convertirlo en colaboración real. Es decir, pasar de la buena disposición al trabajo compartido, de la conversación general a la reflexión con propósito, y del acuerdo verbal al seguimiento verificable. En esa transición se encuentra uno de los mayores aprendizajes de la experiencia: la comunidad de aprendizaje no se decreta, se construye con prácticas concretas, repetidas y sostenidas.

Los resultados del proceso muestran avances relevantes. En la fase intensiva de agosto de 2026, el promedio general de la zona se ubicó en nivel “En proceso”, con fortalezas en liderazgo directivo e identidad y confianza, y con áreas prioritarias en colaboración, diálogo y reflexión, y formación situada. De las escuelas observadas, una alcanzó nivel consolidado, cuatro se ubicaron en proceso y dos permanecieron en nivel básico. Más que una fotografía estática, estos datos revelan un movimiento real: la zona ya no se mira como un conjunto disperso de planteles, sino como un sistema que aprende a reconocerse a sí mismo.

Uno de los aprendizajes más valiosos fue comprender que la colaboración necesita estructura. No basta con pedir trabajo colegiado; hay que generar mecanismos para hacerlo posible: tableros de acuerdos, seguimiento visible a compromisos, espacios para compartir prácticas exitosas y momentos específicos para analizar evidencias de aprendizaje. Cuando estas condiciones existen, el CTE deja de ser una reunión rutinaria y comienza a funcionar como un verdadero espacio de formación profesional.

Algo semejante ocurre con el liderazgo directivo. La experiencia de la Zona 02 confirmó que el liderazgo sigue siendo importante, pero ya no puede descansar en una sola persona. El reto está en distribuir la conducción, activar la participación de otros actores y reconocer que una comunidad de aprendizaje madura cuando más voces tienen posibilidad de orientar el trabajo común. En ese sentido, el liderazgo deja de ser control para convertirse en articulación.

También quedó claro que la formación situada cobra sentido cuando cierra el ciclo entre diagnóstico, estrategia, evidencia, reflexión y análisis. Algunas escuelas lograron avanzar precisamente porque pudieron documentar lo que hacen, observar su impacto y ajustar sus decisiones con base en datos. Esa capacidad de mirarse críticamente es una de las señales más claras de madurez pedagógica.

La experiencia de la Zona 02 muestra, en suma, que una comunidad de aprendizaje no nace por decreto ni se construye con buenos deseos. Nace cuando una zona escolar se atreve a preguntarse con seriedad qué ocurre en sus planteles, cómo se toman las decisiones, quién conduce, quién participa y qué cambia realmente en el aula. Nace cuando la supervisión acompaña, cuando el CTE dialoga, cuando el profesorado se asume como colectivo y cuando los documentos dejan de ser un fin en sí mismos para convertirse en herramientas de transformación.

La formación de supervisores y directivos escolares debe entenderse como una estrategia clave para fortalecer el liderazgo pedagógico distribuido, el acompañamiento formativo y la construcción de comunidades de aprendizaje. La literatura especializada coincide en que el desarrollo de estas comunidades requiere liderazgo compartido, diálogo reflexivo, trabajo colaborativo y formación situada, es decir, procesos de aprendizaje anclados en los problemas reales de cada contexto escolar. Desde esta perspectiva, el supervisor cumple una función de articulación entre la política educativa y la práctica escolar, mientras que los directivos de cada plantel asumen la responsabilidad de conducir, acompañar y sostener el trabajo colegiado desde una visión pedagógica y corresponsable. Dado que los contextos escolares son heterogéneos, los avances entre zonas y escuelas también serán diferenciados; por ello, la mejora educativa exige estrategias formativas situadas, gradualidad en el acompañamiento y reconocimiento de las condiciones particulares de cada comunidad escolar.

Lo vivido durante este ciclo deja una certeza valiosa: la escuela mejora cuando aprende a pensarse en común. Y aunque el camino aún presenta desafíos, la Zona 02 ha demostrado que es posible pasar de la reunión técnica a la comunidad que aprende, de la cordialidad a la corresponsabilidad, y del cumplimiento formal a la formación con sentido.

Referencias

  • Ministerio de Educación de Colombia. (2025). Avanza positivamente formación situada y acompañamiento a docentes y directivos docentes del país. https://www.mineducacion.gov.co/portal/salaprensa/Noticias/385271:Avanza-positivamente-formacion-situada-y-acompanamiento-a-doce
  • Zona Escolar 02 de Secundarias Técnicas. (2026a, junio). Informe final anual de actividades: Ciclo escolar 2025-2026.
  • Zona Escolar 02 de Secundarias Técnicas. (2026b, agosto). Informe de análisis y estrategias de mejora: Consolidación del Consejo Técnico Escolar como Comunidad de Aprendizaje.
  • Zona Escolar 02 de Secundarias Técnicas. (2026c, agosto). Programa de mejora continua: Ciclo escolar 2026-2027.
  • Zona Escolar 02 de Secundarias Técnicas. (2026d, julio). Matriz FODA-CAME aplicada a la gestión educativa.
  • Hernández Amorós, M. J. (2019). El liderazgo en las comunidades de aprendizaje. Universidad de Alicante.
  • López, D., & otros. (2025). Liderazgo directivo y acompañamiento pedagógico desde la perspectiva de docentes de instituciones educativas peruanas.
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  • Guevara Márquez Videla. (s. f.). La supervisión educativa: una mirada sobre los nuevos desafíos.
  • Krichesky, G., & Murillo, F. J. (s. f.). Comunidades profesionales de aprendizaje: una propuesta para la mejora escolar.
  • Fullan, M. (s. f.). Liderar en una cultura de cambio.
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